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Los vecinos de Hortaleza viven la floración de los almendros de la Huerta de Mena con alegría, por poder contemplar la explosión de color de los árboles rosáceos una vez más, pero con el desánimo de saber que podría ser la última primavera de la finca. La apariencia actual de los terrenos desaparecerá si el Ayuntamiento de Madrid termina de aprobar el plan especial que presentaron en 2021 las propietarias de los terrenos, la congregación religiosa de las Madres Adoratrices, y la promotora francesa Therus Investment SL, y que ya fue admitido a trámite el 3 de octubre de 2024. El proyecto contempla urbanizar la finca centenaria y otras tres parcelas adyacentes que son propiedad del Consistorio, una idea que choca con el deseo de la asociación Salvar Hortaleza de proteger un conjunto que abarca 36.000 metros cuadrados. La entidad, que presentó el año pasado una campaña de apoyos orientada a proteger la fisonomía de los terrenos que superó las 6.000 firmas, volverá a impulsar este jueves una asamblea ciudadana bajo el lema “Salvemos la Huerta de Mena” para escenificar su oposición al proyecto.

La inclasificable Carmen de Mairena murió el 22 de marzo de 2020, en plena pandemia. Tenía 86 años. Las restricciones por culpa de aquella primera ola de covid provocaron que al velatorio de la popular tonadillera solo pudieran acudir sus sobrinos, una hermana y el joven cupletista Adrián Amaya (nombre artístico de Adrià García Pau). El cuerpo de Mairena fue incinerado, solo pudo ser velado por media docena de personas durante 30 minutos. Estaba prohibido celebrar funerales. Las restricciones sanitarias impidieron que la poca farándula barcelonesa y los vecinos de medio Raval -o mejor, medio barrio Chino- pudieran despedirse de uno de sus iconos. Seis años más tarde, este domingo, el Ayuntamiento de Barcelona colocará una placa recordando a la popular Mairena. Se rinde, así, memoria a una de las artistas trans que abrió camino al resto del colectivo en España y que se convirtió, a menudo en contra de su voluntad, en un muñeco roto fruto de las burlas y de caricaturizaciones injustas.
Hay una breve filmografía sobre bibliotecas y librerías. Los cines Verdi, por ejemplo, en los festejos de su centenario han propuesto un ciclo de films basados en estos gabinetes. El recordado Frederick Wiseman, cuyos documentales son radiografías, hizo uno (Ex libris, 2017) sobre la biblioteca de Nueva York y su servicio público. Y hace poco Filmin ha estrenado The librarians (Kim A. Snyder, 2025), un espeluznante documental sobre la censura en las bibliotecas norteamericanas y la batalla de sus archiveras, acosadas y amenazadas por resguardar libros sobre el darwinismo o la libertad de orientación sexual

Va deixar dit Salvador Espriu que “hem viscut per salvar-vos els mots, per retornar-vos el nom de cada cosa”. Aquesta és la funció primera atribuïda als poetes. Encara que cap escriptor de cap gènere no pot ser aliè a això de mantenir el nom de cada cosa, és el poeta el vigilant de la flama viva del llenguatge. El poeta és el més exigent dels escriptors, i el lector de poesia, el més exigent dels lectors. En un temps d’inteŀligència artificial —un oxímoron—, de correccions automàtiques, de plantilles de composició que substitueixen la imaginació; en un temps de censura i d’autocensura, en què el newspeak que va anunciar Orwell es desplega en tots els àmbits; en un temps de pèrdua de llibertat en què s’imposa la conformitat i el silenci, recau en el poeta la responsabilitat del nen innocent que, en el conte d’Andersen, va exclamar que el rei anava nu, tot deixant en evidència els adults que per conveniència feien veure que no ho veien. A ell li correspon la funció de desemmascarar el llenguatge políticament correcte i moralment incorrecte. No tots els poetes ho aconsegueixen —perquè, com diu Kavafis, “és alta, molt alta, l’escala de la poesia”— però tots ho intenten; tots porten, en el centre del seu impuls creatiu, l’afany d’un lloc i d’un temps on el nom de cada cosa no hagi estat tergiversat. Les deu novetats d’aquesta temporada, llibres inèdits o reeditats, originals o traduïts, cadascú amb la seva estètica i en el seu temps, responen a aquesta exigència.










La tensión se vive de manera permanente en una de las posiciones de la Brigada 93 del ejército ucranio en los alrededores de Druzkivka, cerca de Kramatorsk (región oriental de Donetsk). Acecha la presencia constante de drones rusos en el cielo. Los soldados que ocupan una pequeña cavidad subterránea dominada por el fango apremian a ponerse a cubierto y a reducir al máximo la presencia en el exterior. Unas pantallas conectadas a una antena a ras de tierra sirven para localizar aparatos enemigos. Después, desde otras posiciones, tratarán de derribar las unidades encargadas de ello. Kostas, uniformado de 41 años, señala en una de esas pantallas las imágenes hackeadas de un avión no tripulado ruso. Pura guerra electrónica. La mayoría de estos militares vive bajo una permanente amenaza, pero no ha visto en toda la contienda a un soldado del Kremlin cara a cara.

Odome Angone (Gabón, 46 años) se define como madre, universitaria y africana. Tres etiquetas que “carga con mucho orgullo”. Desde hace más de 11 años, esta filóloga hispánica y doctorada por la Universidad Complutense es profesora de literatura hispanoafricana y afrodescendiente en la Universidad Cheikh Anta Diop de Dakar, desde donde reflexiona sobre quién produce el conocimiento que es aceptado.

La economista y docente argentina Mercedes D’Alessandro (Posadas, 48 años) es hija del movimiento Ni Una Menos. La ola feminista que surgió contra los feminicidios en 2015 en Buenos Aires y se expandió por gran parte de América Latina la animó a mirar sus trabajos sobre pobreza y desigualdad con otros ojos y nuevas preguntas. Una de ellas fue sobre un pilar invisible de la economía: el del trabajo doméstico y de cuidados no remunerados. “Eso que llaman amor es trabajo no pago” pasó de consigna en las calles a objeto de estudio en la Dirección de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía, que encabezó entre finales de 2019 y 2022. De cuantificarse, representaría casi el 16% del PIB argentino, el sector con mayor peso, por delante de la industria y el comercio. Su equipo también dio a conocer la magnitud de la brecha de género en este campo: las mujeres dedican un promedio de 6,4 horas al día, y los hombres, 3,4 horas. Y el coste de criar a un hijo en el país: cerca de medio millón de pesos por mes (casi 300 euros), entre bienes y cuidados.
Ricardo Castillo (Santiago de Chile, 1978) lleva 20 años viviendo en Suiza. El directivo estudió en Lyon y Ginebra, y ha trabajado para los gigantes bancarios del país helvético (UBS, y Credit Suisse, ya absorbido por el primero), además de para JP Morgan y RCF Capital. Desde el año pasado, es el jefe de inversiones de Mirabaud Wealth Management, una banca privada suiza fundada en 1819, que administra un patrimonio de sus clientes por un valor cercano a los 40.000 millones de euros.
Todo artista sabe que escoger el camino de la creación puede llevarte a morir pobre y en el anonimato, pero también es cierto que cuando talento, arte y dinero confluyen, la historia nos regala tesoros únicos. En Roma esa confluencia se dio con frecuencia, pero hubo momentos álgidos, como el siglo XVII, que vio nacer el barroco de la mano, entre otros, del extraordinario escultor Gian Lorenzo Bernini, quien debe su éxito no solo a su genio creativo, sino también al ego y al dinero del papa Urbano VIII.

Maestras, abogadas y escritoras, procedentes de una clase ilustrada en la mayor parte de los casos, pero no en todos, defensoras en carne propia del papel que las mujeres estaban llamadas a jugar en una España que trataba de tomar el paso al siglo XX y modernizarse. Algunos de los nombres de esas nueve pioneras, que fueron representantes políticas en los años treinta en las Cortes, han pasado a la historia, pero los de otras han quedado relegados; su historia, en cualquier caso, no ha perdido vigencia.