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El Mundial corona solo a un ganador económico: su organizador, la FIFA. Las ciudades sede buscan cómo empatar el marcador, pero suelen acabar superadas por unos compromisos de gasto principescos. Las metrópolis norteamericanas que acogen la edición de 2026 del torneo masculino disfrutan de repuntes modestos en hostelería, pero, más importante aún, han hecho inversiones más pequeñas y específicas en transporte, seguridad y renovación de estadios. Comparado con anteriores elefantes blancos, ofrece algunas lecciones de cara al futuro, aunque lo máximo a lo que se pueda aspirar sea un empate.
Christian Escribà (Barcelona, 65 años) es uno de los maestros pasteleros más famosos del mundo. En su caso, de casta le viene al galgo, ya que su padre, Antonio Escribà, ya era una leyenda del sector y uno de esos apellidos que pesa como una colección de pianos de cola. Ese ingente legado hubiera podido aplastar a un Christian que ya de muy joven decidió que quería hacer lo mismo que su progenitor. “Siempre tuve un plan B y era un plan B extremadamente sólido: conseguir que no fallara el plan A”, dice con una sonrisa, sentado en una mesa de su icónica tienda de la Gran Vía de Barcelona. Si Mark Twain decía que los dos días más importantes en la vida de una persona son los días en que nace y el día en el que descubre por qué, Escribà tiene claro cuándo recibió su respuesta a la segunda pregunta: “El día que le dije a mi padre que quería sacar adelante el negocio familiar que habían empezado los bisabuelos. Ya no había marcha atrás ni hacían falta dudas ni alternativas. Yo tenía 18 años y la decisión estaba tomada”.
España abre este martes contra Francia en Dallas (21.00, La1 y Dazn) las semifinales de mayor tonelaje de la historia de los Mundiales, que completan este miércoles Inglaterra y Argentina en Atlanta (21.00, La1 y Dazn). Es solo la tercera vez en la que los cuatro últimos equipos son cuatro campeones del mundo. Es la primera en la que se quedan los que encabezan el ranking de la FIFA, en la que se van a jugar el título las cuatro selecciones que comenzaron el torneo como favoritas. Se puede decir que era lo esperado. También, que se trata de algo único que augura dos partidos formidables, cuajados de estrellas y de cuentas pendientes. Dos noches grandes de fútbol en el último escalón antes de la final del domingo. La segunda de España; la tercera consecutiva del rival.


Francia se ha acostumbrado en los últimos tiempos a vivir la frontera. A un todo o nada infinito que se repetirá este martes 14 de julio, cuando se celebra la Fiesta Nacional con la música de fondo de una semifinal de Mundial contra España. Dos vecinos que se miran con recelo, acumulan una larga lista de agravios históricos y se jugarán en Arlington (EE UU) algo más que un pase a la final. Un colofón a la euforia nacional, en la que participará el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, o a la amargura de una posible derrota, aunque ocurra a 5.000 kilómetros de distancia.
En la foto oficial de la Berlinale de 1991, Victoria Abril (Madrid, 67 años) sostiene su Oso de Plata con una mano y eleva la otra como ejecutando un saludo torero, o a punto de atusarse el moño italiano (elija usted). Acaba de imponerse, por su trabajo en Amantes, en la categoría de mejor actriz sobre Vanessa Redgrave y la Jodie Foster de El silencio de los corderos. Tiene 31 años y es, posiblemente, la mejor actriz española de su generación. Además, tiene reciente el rodaje de su inminente éxito francés Une époque formidable y va a empezar el de Tacones lejanos, que se convertirá en el primer bombazo de taquilla de Almodóvar en el país vecino. Allí ya se mueve entre las grandes figuras, como prueban sus dos nominaciones al premio César. Y las ofertas de Hollywood tampoco tardarán en llegar. Por todo ello, cuesta imaginar una posición más prometedora para una actriz europea.
No le dio importancia. Cuando su hermano le dijo que había fuego en Los Gallardos, Waheed Mumtaz (Gujrat, Pakistán, 35 años) acababa de llegar a la nave en la que guarda a su rebaño de 720 cabras para ordeñarlas. La noticia no hizo que cambiara de plan. Su terreno está en la carretera que da acceso a Bédar, el pueblo que terminó por llevarse la peor parte del incendio, pero en ese momento lo separaban de las llamas más de siete kilómetros. Lo que Mumtaz no intuía entonces es que solo unas horas después se vería junto a su hermano luchando mano a mano contra lenguas de fuego y usando como única defensa una manguera sin presión y un cubo de agua.


La línea 11 de Metro nació hace más de tres décadas con una misión: convertirse en una gran línea semicircular capaz de conectar, por un lado, los barrios del norte de Madrid entre sí, y por otro, crear un corredor norte-sur sin obligar a pasar por el centro. Ahora, ese plan ha quedado definitivamente atrás. La Comunidad de Madrid presentó la semana pasada el trazado definitivo del tramo norte de la ampliación, una actuación dotada con 880,6 millones de euros que llevará la infraestructura hasta Valdebebas, el Hospital Isabel Zendal, la futura Ciudad de la Justicia, Ifema y el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. El Gobierno regional defiende que la nueva línea será “uno de los principales ejes vertebradores” de la red del suburbano. Expertos en movilidad y asociaciones vecinales, sin embargo, consideran que el cambio altera la lógica con la que fue concebido el proyecto y deja sin resolver algunas de las principales carencias de transporte público del norte de la capital.