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Superestrella, el tema más exitoso del último disco de Aitana (Cuarto azul, publicado en mayo de 2025), no tiene videoclip. En lugar de eso, miles de usuarios de TikTok e Instagram se graban mientras bailan la canción y fingen cantarla como si hicieran playback (es lo que se conoce como lyp-sinc). Además, Aitana comparte algunos de estos videos en sus cuentas personales ayudando a que el tema se haga más viral y animando a que otros fans graben sus propias versiones con la esperanza de que la artista también repare en ellos. Como siempre en estos casos, ha habido de todo: abuelas que interpretan la canción, la propia Aitana haciendo su versión —es un giro más: la estrella se coloca en el lugar del seguidor— y muchas pandillas de adolescentes practicando la coreografía frente a las cámaras de sus teléfonos. Hasta aquí, todo lo que suele ocurrir con los éxitos recientes, para los que este tipo de viralidad es tan importante como la posición en las listas de ventas o las radiofórmulas.
A mitad de la segunda temporada de Jury Duty, a su protagonista, alucinado por los inesperados giros de los acontecimientos, solo se le ocurre decir que “la situación es tan sincera que nadie podría haberla escrito en una serie de televisión”. Es verdad que su diálogo no estaba guionizado, pero lo que Anthony Norman no sabía es que todo lo que le rodeaba sí estaba cuidadosamente planeado. Todos a su alrededor eran actores, e incluso sus decisiones personales estaban previstas. Él pensaba que era un empleado temporal de una empresa de salsa picante, pero estaba viviendo una ficción.
El Gobierno catalán retiró ayer su proyecto de Presupuestos ante la falta de apoyo parlamentario y para seguir negociando con Esquerra Republicana de Cataluña (ERC). Aprobar estas cuentas, aunque sea con un nuevo retraso, representa una prueba de fuego para un Ejecutivo que nació mediante un acuerdo de investidura de los socialistas con los Comuns y ERC que incluía, entre otras medidas, un nuevo sistema de financiación autonómica que recogiera las “singularidades” de Cataluña. El pacto se ha ido desarrollando sin grandes sobresaltos durante el último año y medio, pero su viabilidad está ahora en cuestión por la negativa de los republicanos a aprobar las cuentas de Illa si antes el Gobierno central no hace un gesto para que la Agencia Tributaria de Cataluña pueda recaudar la totalidad del IRPF.
Cada nueva crisis internacional pone de manifiesto la dificultad que tiene la Unión Europea para acordar una posición única en su política exterior. La actual, desatada por la guerra entre Israel y Estados Unidos e Irán, no es una excepción. Es legítimo preguntarse si la guerra hubiera sido más ampliamente cuestionada de haber estado Europa dominada por gobiernos de izquierda, pero no conocemos con certeza la respuesta. Tampoco puedo afirmar que Suecia sea representativa del conjunto de países del norte de Europa, pero voy a iniciar esta reflexión utilizando el caso para ilustrar la diversidad de imaginarios políticos y culturales que opera dentro de las fronteras de la Unión.

Afirman muchas jóvenes que prefieren no tener relaciones afectivo sexuales con hombres porque lejos de mejorar su vida la empobrecen y trastornan. Dicen que en las relaciones heterosexuales las agitan tensiones angustiosas e irresueltas entre traspasar las banderas rojas que les alertan de la educación patriarcal de su pareja, o intentar reeducarla. De decidir esto último el conflicto externo con el hombre se multiplica y se desplaza al interior de la joven, que se pregunta: ¿No estaré actuando como las mujeres tradicionales?, ¿no estaré perdonando sus intemperancias como mi madre hacía con mi padre? Una duda que las atormenta. Y no pueden permitírselo, no quieren permitírselo. “Los quiero ya educados”, afirman, reafirmándose. Pero se enamoran, desean, se vinculan, levantan banderas rojas, las cambian por la blanca de la paz, retornan al conflicto; muchas desisten. Interpretarlo solo como un triunfo más del individualismo, o como la retirada hacia un narcisismo que huye del conflicto, efecto del anhelo de no fricción que promueven las redes, apostando por relaciones funcionales de usar y tirar si el otro no se acomoda a nuestras expectativas, supondría no tomar en cuenta otros aspectos determinantes.
A los periodistas nos encanta hablar de periodismo en público y de otros periodistas en privado, pero no tanto del negocio que nos sostiene. Y eso que pocas cosas ayudan más a contextualizar la información que entender las condiciones materiales en las que se produce. El sector de los medios lleva años preocupado por su sostenibilidad, y las últimas noticias han agravado la ansiedad. Esta semana, han cerrado el grupo digital Noxvo, editor de cabeceras emblemáticas como eCartelera y Fórmula TV, y la versión en línea de la revista Pronto, que ha anunciado que se centrará en su edición en papel. Recientemente, otros medios han reestructurado equipos, realizado discretos despidos en puestos enfocados al tráfico o rescindido contratos con las empresas externas que les proporcionaban servicios de posicionamiento y redactaban “contenidos” rápidos y baratos. Estas son decisiones insólitas: los verticales especializados suelen ser resilientes gracias a su precariedad, hasta ahora eran las versiones analógicas de los medios las que cerraban (no las digitales), y si algo se ha priorizado últimamente han sido los grandes volúmenes de lectores ocasionales originados en buscadores.
Las declaraciones del Rey diciendo que en la conquista de América se produjeron abusos son de sentido común. También es razonable señalar, como hizo, que no podemos aspirar al conocimiento desde un “excesivo presentismo moral, sino con un análisis objetivo y riguroso”. En un proceso tan complejo, prolongado y lleno de contradicciones, violencia, alianzas, rupturas y desigualdades es evidente que se produjeron abusos.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, está vivo. O eso parece, a pesar de los rumores. Todo comenzó la semana pasada con un vídeo en el que alguno creyó ver dedos de más, uno de los errores clásicos de la inteligencia artificial (IA), lo que dio pie a pensar que Netanyahu había muerto o había resultado herido durante un ataque iraní. El primer ministro publicó otros vídeos con el objetivo de desmentir dichos rumores, pero consiguió justo lo contrario: avivarlos. El más comentado fue uno del pasado domingo en una cafetería: varios detalles (la espuma del café, el bolsillo de la chaqueta) se interpretaron como indicios de que estábamos ante imágenes falsas.
El diplomático y político originario de la isla caribeña de Granada Simon Stiell (57 años) es desde agosto de 2022 el secretario ejecutivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el acuerdo que ha regido en los últimos 34 años los esfuerzos de todos los países del mundo por ponerle coto al calentamiento global. Concede esta entrevista por videoconferencia desde Bruselas, el corazón de una Unión Europea que esta semana debate cómo hacerle frente a los efectos de la guerra de EE UU e Israel contra Irán. Y la forma en la que los Veintisiete responden a la crisis energética vinculada a este conflicto está en el centro de la reunión del Consejo Europeo que se celebra estos jueves y viernes. Stiell aboga por que Europa, en vez de retroceder, acelere todavía más su transición para dejar atrás los combustibles fósiles, principales responsables del cambio climático.