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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dado sobradas muestras de utilizar la temeraria técnica apostadora del doble o nada como estrategia negociadora en el ámbito político y militar. Sin embargo, el mandatario parece no caer en la cuenta de que lo que puede ser válido en una mesa de juego resulta completamente inaceptable tanto en el campo de las relaciones internacionales como en el campo de batalla. Y menos aún entre países aliados a los que ni se puede ni se debe amenazar. Pero eso precisamente es lo que Trump ha hecho con la OTAN, la organización que ha protegido Europa occidental desde el final de la II Guerra Mundial. Y la respuesta europea no ha podido ser más pertinente y rotunda.
¿Es la tríada formada por Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, Kaja Kallas, jefa de la diplomacia europea, y Mark Rutte, secretario general de la Alianza Atlántica, el peor liderazgo en Bruselas en décadas? Es muy posible que la respuesta sea afirmativa en el peor momento, con el mundo atrapado en una danza macabra, en un empacho de conflictos bélicos que se asemeja a una guerra civil global. Vimos sobradas muestras de esa baja calidad en las negociaciones comerciales con el trumpismo. En la política del apaciguamiento con Trump, que no ha funcionado y es una suerte de vasallaje feliz. Con la posición impresentable de Europa en relación al genocidio de Gaza. Solo el apoyo a Ucrania se salva. Pero el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, que ha puesto la geopolítica y la geoeconomía patas arriba, se lleva la palma.

La desclasificación de los documentos del 23-F nos ha vuelto a traer el debate en torno a la obsolescencia de la ley de secretos oficiales de 1968 y la necesidad perentoria de su reforma. No en vano, la divulgación de los papeles del golpe de Estado responde a un acto gubernativo discrecional, fruto de un cálculo de oportunidad política del Gobierno de Pedro Sánchez. Paradójicamente, el propio Ejecutivo, que aprobó el Proyecto de Ley de Información Clasificada en julio de 2025, ha propiciado que languidezca desde entonces en el Congreso de los Diputados mediante el consabido método de la sucesiva prórroga de enmiendas. El proyecto, que pretende sustituir la vigente ley preconstitucional, propone desclasificaciones automáticas en un máximo de 60 años (45 años para el “Alto Secreto” y “Secreto”, prorrogables 15 más de forma motivada), adaptando la regulación española a estándares europeos —países como Francia, Dinamarca o Suecia tienen plazos más extensos, incluso— y alineándola con la Constitución y la legislación de transparencia.
Este viernes, a la hora mediterránea de comer, ingresaremos en la primavera mientras el Parlament digiere el debate de las enmiendas a la totalidad de los presupuestos. El punto de inflexión servirá a muchos para espantar un invierno plomizo, de reminiscencias británicas, que parecía encallar el calendario con tanta lluvia. Una sensación de cerrazón permanente, como la vivida hasta la fecha con el serial de las cuentas públicas, todavía sin luz de desenlace. Según la orilla del río que se consulte, el desencuentro presupuestario se explica por los compromisos decrecientes o la insatisfacción impostada. Ciertamente, el salto a la primavera no garantiza presupuestos a Salvador Illa ni plena alegría a Oriol Junqueras, puede que sí traiga un poco más de sol y, con toda seguridad, activará la precampaña de les elecciones municipales de 2027. Sí, de momento, la única cuenta atrás oficial es la de los comicios locales. Y hay experimentos que requieren atención, como el que se cocina en Manresa.
No sé si existen indicios suficientes para abrir una causa contra Julio Iglesias por delitos de trata de personas y agresión sexual, entre otros. De lo que sí estoy seguro, con la seguridad que da la ley en la mano y la obligación de los jueces y fiscales de aplicarla, es que España sí tiene jurisdicción para preguntárselo.
“Recordar nos humaniza, la memoria es vida y no se puede obligar a las personas al olvido”. Apenas una semana después de la derogación de la ley de Memoria y Reconocimiento Democráticos de las Illes Balears vienen a mi mente estas palabras de Miquel Jerez, hoy senador, entonces diputado autonómico del Partido Popular. Las pronunció en el Parlament en 2016, el día que se aprobó por unanimidad la otra parte de la norma, la llamada ley de fosas. Una ley que, a propuesta del PP, había cambiado su nombre por el de Ley para la recuperación de personas desaparecidas durante la Guerra Civil y la dictadura en Baleares. Tras algunos desacuerdos, la tramitación de la ley sirvió para limar asperezas y alinear a gobierno y oposición. La ley se cerró con apoyo general y un ambiente emocionado y festivo. “Celebramos un acto de justicia que servirá para cerrar heridas que debían haberse cerrado hace tiempo”, defendió Xavier Pericay, portavoz de Ciudadanos en las islas. Gobernaba entonces Francina Armengol, al frente de un tripartito conformado por PSIB-PSOE, Més per Mallorca/Menorca y Podemos.
El tiempo compartido entre padres e hijos es limitado y, más aún, si se descuenta el que se pasa frente a las pantallas y el que se dedica a las tareas cotidianas. A medida que los niños superan la infancia y la adolescencia, esos momentos juntos se reducen cada vez más, según un estudio de la American Time Use Survey (ATUS). En la infancia, pasar tiempo con los progenitores no solo resulta fundamental para la buena crianza, sino que, además, los niños que realizan actividades junto con los padres hombres reciben una recompensa social adicional: son más populares que los que no lo hacen. En el caso de los padres hombres, la relación con los niños se construye menos a través del cuidado y más desde el juego y el ejercicio físico. Por ello, las aficiones comunes adquieren un peso singular en la relación entre ellos.

Antonio Conde Moreno (Burgos, 51 años) es jefe de servicio de Oncología Radioterápica del Hospital La Fe de Valencia y coordinador de la plataforma nacional de seguimiento del Plan de Implantación de la Protonterapia en el Sistema Nacional de Salud. Afirma que la protonterapia es el complemento que le faltaba a las técnicas existentes para tratar la enfermedad y que situará al sistema público español a la vanguardia europea de la lucha contra el cáncer, una enfermedad que cada vez se diagnostica antes y se cura con menos efectos secundarios. Optimista, pero prudente.

“No necesitamos su ayuda en defensa antidrones. Sabemos más de drones que nadie. Tenemos los mejores drones del mundo”. En un nuevo gesto de desprecio público hacia Kiev, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró el viernes en el canal Fox News que su país no requiere de colaboración para hacer frente a los aparatos no tripulados que emplea Irán en la guerra de Oriente Próximo para responder a los ataques de EE UU e Israel. El Estado judío, sin embargo, da señales de lo contrario y parece tener en el radar la tecnología desarrollada por Kiev. Al mismo tiempo. Kiev trata de inspirarse en el escudo antiaéreo israelí para crear el suyo propio.


La primera vuelta de las elecciones municipales celebrada este domingo en Francia evidencia el avance del partido de extrema derecha de Marine Le Pen, Reagrupamiento Nacional (RN), no solo a escala nacional sino también a nivel local, donde siempre le ha costado más llegar. En la primera votación la formación logró 23 alcaldías en municipios de más de 3.500 habitantes, pero lo llamativo es que por primera vez tiene opciones en ciudades grandes como Marsella, la segunda más importante del país, Niza o Toulon, las tres en la costa mediterránea.