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Un mes de julio en el que el sofá ya no puede más. Las agujetas son las reinas de la casa e incluso a algunos les afecta al cerebro. Demasiado deporte y demasiado calor. Que si el Mundial de Fútbol, que si el Tour, que si Wimbledon… menos mal que quedan mentes lúcidas y sensatas como ese juez Peinado, tan denostado por las hordas rojas y los sin camisa y, afortunadamente, defendido por esos caballeros impasibles el ademán que son la mayoría de los excelentísimos magistrados que, al parecer, comparten con el juez la posibilidad de que la esposa del Presidente del Gobierno y sus escoltan se fuguen del país.

Puede que, en un quinto piso sin aislamiento en Vallecas, un barrio popular al sur de Madrid, el termómetro supere los 30 grados. La ventana está abierta, pero no entra ni una brisa de aire fresco. El edificio de cemento sigue irradiando el calor acumulado durante el día. A kilómetros de allí, en barrios próximos a grandes zonas verdes como Aravaca o el entorno de Retiro, la noche es distinta. Los árboles del parque amortiguan el calor, las fachadas reflejan parte de la radiación y los vecinos duermen con relativa normalidad. La temperatura interior puede ser de hasta ocho grados menos. Allí, el verano sigue siendo incómodo, pero en el otro barrio se transforma en una amenaza. No es solo una sensación desagradable en el cuerpo.
La sangre que circula por las arterias lleva oxígeno, nutrientes y mucha información sobre nuestro estilo de vida. Ahí, en el caudal que avanza por esas tuberías e irriga el corazón, deja huella el sedentarismo, nuestra alimentación más o menos saludable y también, según un artículo reciente, la contaminación a la que estamos expuestos. Una investigación publicada este miércoles en la revista European Heart Journal ha detectado más microplásticos en la sangre de pacientes con infartos que en personas sanas o con una cardiopatía isquémica crónica. En fumadores y personas más expuestas a la contaminación del aire también se observó una mayor presencia de estos materiales microscópicos.
En lo más profundo de Boiro, en la falda que forma la península de Cabo de Cruz con vistas a la ría de Arousa, hay un leñero que no se parece a ningún otro en el pueblo. Tampoco en la comarca del Barbanza, ni casi seguro en la provincia de A Coruña. Es el centro de operaciones de Triángulo de Amor Bizarro, la banda gallega que, tras más de 20 años de historia, se ha erigido como una de las formaciones más interesantes y referenciales de la música independiente española. “Aquí se guardaba la leña, pero nosotros, poco a poco y a medida que nos lo podíamos permitir, fuimos remodelándolo hasta convertirlo en lo que es ahora”, explica Rodrigo Caamaño, guitarrista y cantante de Triángulo de Amor Bizarro. El músico señala orgulloso esta parte de la casa que comparte con Isa Cea, bajista y cantante del grupo. Bajo el techo del leñero, descansa una coqueta estancia que sirve de estudio de grabación y local de ensayo. Para entrar, es necesario abrir una puerta grande y ancha, hecha por uno de los artesanos de toda la vida de Boiro, el de las carpinterías Arca, ya jubilado. “Se parece a la de un barco. Cuando se lo propusimos, el carpintero nos dijo que nunca había hecho una puerta para un estudio de grabación. Improvisó y la hizo al estilo de las embarcaciones que se ven por aquí. Con este aire y esta madera así de gorda”, dice Caamaño mientras abarca el grosor con la mano. A lo que apunta con una sonrisa el baterista Rafael Mallo: “Cuando el carpintero trabajaba en ella, decía a los paisanos que le preguntaban: ‘Esta puerta es para la casa de los músicos’”.
Pregunta. Soy una persona con una discapacidad del 85% en riesgo de exclusión desde 2016. Estamos en alquiler y recibimos ayuda de los servicios sociales. He recibido una carta en la que me comunica el desahucio (estoy al corriente de pago y mi contrato según la carta termina en agosto). La propietaria rescinde el contrato. ¿Es esto legal?, ¿qué puedo hacer? Toni SM

En la vida hay situaciones que quisiéramos recordar para siempre. Momentos que nos gustaría mantener intactos o, como todos hemos dicho alguna vez, congelar en nuestra memoria ese olor, esas emociones, ese paisaje, ese sabor. Pero pocos recuerdos son tan resistentes como para aguantar el paso del tiempo, otros eventos, haber nacido en los setenta o el feed de Instagram. A no ser que los conviertas, precisamente, en un helado. Esta es la idea con la que Irene Iborra decidió, allá por 2021, abrir su heladería Mama Heladera: heladería de recuerdos.



Un helado, casi de lo que sea, se convierte en el postre estrella del verano. Este alimento, que normalmente está elaborado a base de leche, agua o zumo de fruta, alegra el paladar no solo de los más pequeños, sino de adultos que no se resisten a probarlos, especialmente durante la época estival.






Teníamos publicadas ensaladas de patata para todos los gustos, y tampoco faltan las ensaladas de legumbres, dos básicos veraniegos del comidistismo que se pueden adaptar a lo que tengas a mano o te apetezca para comer bien sin repetir plato. ¿Qué pasa si combinamos ambas cosas? Que tenemos un plato redondo, con el extra de proteína vegetal y fibra de las legumbres, que además quedan muy bien con la textura de una patata nueva cocida.
Hay restaurantes con ubicaciones privilegiadas. Y La Taverna del Mar es uno de ellos. A pie de la arena de la playa de Sant Pol, en el término municipal de Sant Feliu de Guíxols, y rodeado de las coloridas casetas de playa, que aún se mantienen como reliquia del pasado, el restaurante es una de las direcciones de referencia de la cocina marinera de la Costa Brava. Que nadie imagine un chiringuito, a pesar de que dispone de una terraza donde ofrece una propuesta informal: desde desayunos para quienes disfrutan de un baño en el Mediterráneo a primera hora de la mañana hasta mejillones, calamares o arroz del senyoret para el almuerzo. Lo que ocurre en la sala es otro cantar.
Dirección: Av. Sant Pol, S'Agaró, Girona
Teléfono: 972 82 16 69
Horario: de 13 a 15 h y de 20 a 22 h. Cerrado los miércoles.