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El silencio, la contemplación o las prácticas de atención plena han dejado de ser conceptos ajenos al mundo empresarial. La búsqueda de espacios de desconexión para reencontrarse con uno mismo y dar sentido al trabajo es una tendencia al alza entre directivos, emprendedores y profesionales como respuesta al desgaste. En este viaje interior ganan terreno los retiros espirituales: desde los de silencio, programas de budismo o sanación emocional hasta actividades cristianas. Todos ellos caminos de exploración para hallar, en el mundo hiperconectado, aquello que dé sentido a la carrera.
Retiro Zaqueo es un retiro pionero dirigido a empresarios autónomos y directivos. En apenas un año de vida, no da abasto para acoger solicitantes. Enseña a los gestores de talento a sacar lo mejor de las personas y situar a Dios en el centro de la gestión. Las empresas son consagradas y se convierten así en agentes de transformación. “En los últimos 15 días han sido consagradas más de 500 empresas”, apunta Patricia Serrano, y añade: “Se organizan comunidades donde los participantes se vuelcan en la búsqueda de soluciones para la empresa que necesita ayuda”.
La gigantesca crisis de las vacas locas causó hace tres décadas más de 200 muertes (cinco de ellas en España) y dejó en evidencia unos sistemas de seguridad alimentaria minados por la opacidad y los intereses de la industria, según denunció en 1997 el Parlamento Europeo. La apuesta de Bruselas para recuperar la confianza ciudadana y mejorar la gobernanza fue una agencia independiente —la EFSA, creada en 2002 y con sede en Parma (Italia)— creada para blindar la cesta de la compra con una vigilancia transparente basada en criterios científicos.
Smiljan Radić Clarke, arquitecto chileno, 60 años, estudio pequeño en Santiago, es el segundo chileno en ganar el Pritzker después de Alejandro Aravena en 2016. Aravena, por cierto, presidía este año el jurado, lo cual tiene su gracia interna porque da fe de esa especie de circuito cerrado que las instituciones de prestigio acaban formando con el tiempo, donde los premiados de ayer deciden los premiados de mañana y nadie parece notar que el mecanismo se ha vuelto algo endogámico. Pero antes de hablar del premio quiero hablar de la obra, porque la obra lo merece y porque de hecho es lo único en toda esta historia de lo que merece hablarse sin reservas.
Enzo Fernández es compañero de habitación de Julián Alvarez desde el Mundial de Qatar y estos días contaba que los dos se echaron una siesta de tres horas antes de la final de 2022. Nada menos. El centrocampista del Chelsea explicó que, semejante alarde, se debió a que tenían los horarios cambiados por el calor, aunque en realidad llevaban a orillas del Golfo Pérsico ya más de un mes. Esta vez, en Nueva York, no tendrá tiempo ni para una cabezada. La final es a las 15.00 hora local (21.00 en España; Dazn).
Durante años me resistí con uñas y dientes a leer Open, la autobiografía de Andre Agassi. No consiguió vencer mi resistencia el hecho de que no la había escrito el gran tenista estadounidense sino J. R. Moehringer, autor de algún libro memorable; ni siquiera que, al publicarse, Alessandro Baricco escribiera: “Es el mejor libro que he leído en la última década”. Alguna vez he dicho que me gusta tanto el tenis que no leo libros sobre tenis; es una bobada: mucho más me gusta la literatura y me he pasado la vida leyendo libros sobre literatura (algunos de los cuales son en sí mismos, por cierto, excelente literatura). Por lo demás, el tema de un libro es lo de menos; cualquier tema es bueno para la literatura: el tema del Quijote —un viejo se cree un caballero andante tras pasarse la vida leyendo libros sobre caballeros andantes—, el de La metamorfosis —un hombre se despierta una mañana convertido en un monstruoso insecto— o el de En busca del tiempo perdido —Marcel se convierte en escritor— son banales o irrelevantes; pero esas tres novelas son tres de los mejores libros jamás escritos. En literatura, la forma es el fondo.
Tiene la etiqueta de ciudad dormitorio de Madrid, pero los datos no respaldan una idea que, sin embargo, siguen asumiendo con resignación muchos vecinos de la propia ciudad de Guadalajara. Muchos de los cuales, además, responderán al visitante despistado que allí no hay nada que ver, pese al palacio del Infantado o el panteón de la condesa de la Vega del Pozo, así que le mandarán a conocer las maravillas de los pueblos de la provincia. Una provincia, por cierto, que el azar y las cosas de la política colocó en Castilla-La Mancha, aunque el sentimiento de pertenencia de los guadalajareños a esa comunidad tiende, en general, a cero. Pero entre todas esas cosas que no es, y bajo una especie de eterna crisis de identidad, emergen por fin las cosas que sí es. Por ejemplo, la cabeza visible del extremo oriental del Corredor del Henares, ese eje geográfico, económico y urbano que se ha convertido en uno de los principales polos logísticos e industriales de España. Sobre él gravita esta ciudad, no sobre la gran urbe de Madrid, y sobre él ha construido una próspera realidad que, pese a sus carencias, la colocó entre el grupo de ciudades con mejor calidad de España en un estudio de 2019 del BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas.
Científicos de varias áreas del conocimiento denuncian que los fondos destinados a los Proyectos de Generación de Conocimiento previstos para 2025 del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, que dirige Diana Morant, no les permiten desarrollar sus investigaciones. Este programa, dotado con 698 millones de euros, es el pan y la sal de la inmensa mayoría de grupos de investigación de España. El presupuesto de esta partida se ha mantenido prácticamente igual para cada beneficiario individual, mientras cada vez hay más solicitudes y con el efecto de la inflación, el resultado, dicen, es un recorte de fondos hasta extremos que pueden imposibilitar ciertos proyectos de investigación.
Si alguna vez al trinchar una pieza de pollo se le ocurre preguntarse por el tipo de vida que habrá tenido el ser que está a punto de deglutir, esa duda tiene un origen: Peter Singer. Hace ya más de medio siglo que el filósofo australiano abrió la puerta a nuestra consideración por los animales en Liberación animal (1975). Singer no ha dejado de señalar las atrocidades a las que sometemos a millones de animales y ha ido nutriendo de cuerpo teórico a los animalistas. Sin embargo, la cifra no deja de aumentar: unos 70.000 millones de animales terrestres nacen y mueren cada año en la ganadería industrial. A Singer le atormentan además otros asuntos: la emergencia climática que ignoramos con descaro —como abordó en Un solo mundo. La ética de la globalización (Paidós, 2003), Ética para el mundo real (Antoni Bosch, 2018)— o la miseria en la que vive buena parte de la población mundial —Salvar una vida: cómo terminar con la pobreza (Katz, 2009)—, lo que le ha llevado a fundar una alianza que otorga un sello a las empresas que donan parte de sus beneficios a buenas causas. Singer es, en definitiva, un referente en ética que se define como consecuencialista: cree que las acciones deben juzgarse por sus consecuencias. No sueña con utopías ni hace propuestas revolucionarias. Parte del sistema en el que vivimos, y aporta propuestas que mejoran vidas.
A Adama Thiam no le gusta madrugar. Sin embargo, cada día, a las seis y media de la mañana, llega a la estación de Thiaroye y espera que pase el tren. “Si vengo media hora más tarde hay tanta gente que me toca esperar y esperar”, dice con gesto de mal humor. Llega a su trabajo en una tienda de recuerdos para turistas del mercado Kermel una hora antes de que abran las puertas. “Así me da tiempo a desayunar”, remacha. El tren expreso regional de Dakar (TER) se inauguró en 2021 y enseguida se convirtió en un medio de transporte fundamental para la capital senegalesa pese a su carácter deficitario y a los enormes desafíos de gestión que presenta para un país ahogado por la deuda.
Alain de Botton (Zúrich, 56 años) cita a El País Semanal en una casa en obras. Da meticulosas instrucciones a los obreros con una sonrisa. Explica que su exmujer vive cuatro edificios más arriba. Ambas viviendas sobresalen entre las casas victorianas del barrio londinense de Camden. Cuenta que está terminando otra casa en Mallorca. Se enamoró de la isla hace 15 años. “Será extraño vivir allí. Nunca he pasado tiempo al lado de un árbol. Pero estoy preparado para el viaje”. En el recibidor hay jarrones con flores. Y, labrada en piedra, una cita de Séneca: “Para qué llorar por cosas de la vida si la vida entera exige lágrimas”. Me ve leyéndola y la interpreta: “Si tus expectativas son certeras no necesitarás llorar”.