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Hace 50 años desapareció Eduardo Moreno Bergaretxe (Pertur). Medio siglo después, sigo pensando que fue una de las pocas personas dentro de ETA que entendió antes que nadie que la violencia nos llevaba a un abismo moral y humano del que tarde o temprano tendríamos que salir.
En el baloncesto, antes de sofisticarse, había una jugada que consistía en barrer la zona de ataque para que el más dotado se lanzara en solitario a la canasta. Era algo así como el servicio colectivo para la jugada individual. Pues en la política también se practica algo similar. Los que rodean a Alberto Núñez Feijóo han decidido que ha llegado la hora de que se juegue a solas la canasta definitiva. Esta impaciencia por hacerse con el Gobierno de la nación, cuando se disfruta de la gran mayoría de gobiernos autonómicos, provoca una perversa sensación de debilidad en el líder de la oposición. Lo chocante ha sido que en un momento en que la crisis por el precio de la vivienda se ha alzado como el gran problema de los españoles, especialmente los jóvenes, la dialéctica le haya empujado hacia postular los derechos registrales del concebido no nacido. Y por si faltaba ironía al asunto, resulta que coincide con la crítica algo errática contra la regularización de inmigrantes, una medida demandada por los empresarios, que son quienes piden cubrir sus necesidades de mano de obra.
Era un sábado de julio caluroso. 39º en Córdoba, 10º en León. Vientos moderados y mar en calma. Para la mayoría, el 18 de julio de 1936 empezó como un sábado cualquiera de verano: un día laborable, de limpieza general, de mercado, de cine, de juegos, de verbenas, de citas y bailes arrebatados. Mi abuela Pilar, maestra en la parroquia viguesa de Alcabre, había quedado con sus amigas para ir a las fiestas de Bouzas. Mi abuelo Arturo, maestro en un pueblo de Lugo, había salido de excursión por el monte. A ella los guardias la mandaron de vuelta a casa, sin fiesta ni baile, “por lo que estaba pasando”. Él bajó del monte, supo que lo buscaban y tuvo que huir sin despedidas. Mi abuela Maruja era muy niña, pero tenía una escena grabada. Su padre la llevaba de la mano mientras le pedía que no contase a nadie lo de aquel hombre asustado que huía ni que sabían dónde se escondía. Con seis años supo guardar el secreto tan bien como luego contar historias. Las suyas y las del abuelo Roberto.
Las calles adoquinadas del barrio viejo de Girona no están hechas para tacones. Su uso requiere el equilibrio de un funambulista, a riesgo de acabar de bruces, y con las rodillas peladas como un niño. Son zapatos capaces de elevar a quien los lleva y castigarla al mismo tiempo. Una forma de empoderamiento sufrido, que, como tantas otras cosas divertidas, funciona mejor como fantasía que como realidad.
Era solo el típico selfie de Nochevieja que se comparte en redes sociales, pero pronto, la imagen tomó un rumbo oscuro y su autora, Ruchi Kokcha, vio cómo versiones de esa fotografía en las que aparecía desnuda gracias a la IA corrían como la pólvora en internet en su país, India, sin que ella lo hubiera permitido ni pudiera hacer nada para frenarlo.
“No se considera oportuno impulsar un convenio en los términos planteados”. Con esa frase responde el Gobierno de Cataluña a la oferta de Madrid para que todas las regiones apuesten por la “corresponsabilidad financiera” y eviten así a sus ciudadanos el nuevo requisito de estar empadronados en la región capital para acceder a su tarjeta de transportes. El Gobierno de Salvador Illa (PSC) considera que extender esa condición por toda España “fragmentaría más” el acceso al sistema y no resolvería “ninguno” de sus problemas. Además, Galicia reclama reciprocidad en la medida. Es decir, que Madrid cofinancie el uso que hacen los estudiantes madrileños del sistema de transportes gallego. Sí han mostrado interés por rubricar esos acuerdos de cofinanciación Ceuta, Canarias, Comunidad Valenciana, Cantabria, Castilla y León o Extremadura, según un portavoz gubernamental madrileño. Castilla-La Mancha ya tiene un acuerdo similar. El nuevo requisito entró en vigor en junio y afecta a 200.000 personas.

El centro de Barcelona empieza a vestirse ya de los colores del arcoíris para celebrar el Orgullo esta semana. También lo ha hecho Casa Cupra Raval desde su vistoso edificio del paseo de Gràcia. La tienda insignia de la histórica automovilística ha dejado de llamarse, aunque sea de forma temporal, Casa Seat y ha adoptado el nombre de su última apuesta, el primer vehículo 100% eléctrico diseñado, desarrollado y fabricado íntegramente en Europa. La buena noticia del lanzamiento de ese coche, que se hizo por todo lo alto con un mini concierto de Nathy Peluso en el centro de la capital catalana, no obvia la otra realidad menos agradable: que la marca Seat, que el año pasado cumplió tres cuartos de siglo, va quedándose rezagada.

Una familia extremeña ha denunciado públicamente la situación educativa que viven sus dos hijos gemelos, de nueve años, diagnosticados con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) en el CEIP Jiménez Andrade, de Puebla de Obando, en la provincia de Badajoz. Aseguran que el colegio donde estudian no ha aplicado las adaptaciones previstas por la normativa para este tipo de alumnado. Tras más de un año de reclamaciones, los padres lamentan que no han recibido una respuesta efectiva por parte de la Junta de Extremadura (PP), pese a haber presentado informes médicos, documentación psicopedagógica y una solicitud formal de intervención ante la Inspección Educativa.

¿Quién atiende hoy llamadas de origen desconocido? Carlos del Amor estaba en el baño cuando recibió una que no contestó, pero inmediatamente pensó en sus hijos en el colegio y la devolvió. “Soy Ernest Urtasun”, sonó al otro lado del teléfono. “¡Coño, ministro! ¿qué ha pasado?”, le preguntó. “Que te han dado el Premio Nacional de Periodismo Cultural por unanimidad del jurado”. Así es como este periodista nacido en Murcia en 1974 se enteró del galardón por su trabajo en TVE, donde suele rematar los telediarios con reportajes siempre sorprendentes que acercan la cultura a las personas con un sello muy particular.


La biblioteca de Sabina Urraca (San Sebastián, 1984) está fragmentada. Una parte en casa y otra en su estudio, aún en desarrollo. “¿Cómo se divide una biblioteca en dos? La verdad es que tomo decisiones bastante arbitrarias", afirma la escritora y editora. Entre los libros que decoran las estanterías de su salón hay un ejemplar de Heidi que le perteneció a su madre, pero también una bandera cosida por una amiga, o una urraca de papel que le regalaron unas lectoras. “Me gusta la idea de una biblioteca atestada y caótica”, asegura.