Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
Teresa Serrano, que llegó en octubre pasado a la presidencia del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM), ha dimitido este lunes de su cargo. No quiere “seguir siendo un payaso” en “este circo”, como califica el contexto que viven los sindicatos médicos, que tienen en marcha una huelga desde febrero contra el Ministerio de Sanidad para reivindicar mejores condiciones laborales que se plasmen en un estatuto propio que les diferencie del resto de los sanitarios.
La Comunidad de Madrid organiza, junto a la Asociación de Colegios Mayores, un ciclo de conferencias dirigidas a jóvenes universitarios en las que participan víctimas del terrorismo de ETA “para dar a conocer la historia reciente de España”. El consejero de Presidencia, Justicia y Administración Local, Miguel Ángel García Martín, clausuró a última hora de este lunes la presentación del programa Tu historia, mi memoria, que se desarrollará en 13 colegios mayores de la región hasta el próximo mes de octubre. “El terrorismo es un asunto de plena actualidad, a pesar de los que se esfuerzan por bloquearlo, e incluso negarlo, con el único objetivo de seducir a aquellos que antes ponían bombas y ahora ponen su voto para condicionar la gobernabilidad de España”, señaló a los estudiantes el político.
De joven, Adolfo Aguilera tuvo un accidente de moto en Madrid, cerca de Manuel Becerra. Entonces tenía muchos amigos, pero no se atrevió a llamar a ninguno para que recogiese su moto. Tuvo que pagar a un taller. “Yo salí dos veces del armario. La primera cuando me acepté como hombre gay y la segunda como motero. Entre mi círculo de amistades no lo comentaba, era una afición fuera del mundo gay. Pensaba que iban a decir: ‘Mira al tonto ese, que va de machito”, recuerda. Ahora tiene 66 años y una Honda VFR1200 gracias a la que ha conocido a grandes amigos y, sobre todo, a su actual pareja.
“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta”. Así empieza una de las novelas más importantes de la literatura universal contemporánea que, escrita por el autor ruso Vladímir Nabokov, introducía al lector en la mente de Humbert, un pederasta que narra la historia sobre cómo se obsesiona con una menor de edad. Durante la novela, su voz responde a la de un narrador no fiable, es decir, uno que hace dudar al lector de la veracidad del relato.
La captura de Nicolás Maduro ha abierto en Venezuela, en apenas tres meses, una escena que durante años pareció imposible: la del cambio. No es todavía una transición fiable, pero sí el fin de una inercia que parecía inamovible. Y eso, en un país acostumbrado a la parálisis, ya es un avance. La liberación de presos políticos, ciertas aperturas en el espacio público y una tímida reactivación de la vida política sugieren que algo se ha movido en el corazón del sistema. Incluso dentro del chavismo se perciben reajustes, intentos de reorganización y señales de que el poder ya no descansa en un solo nombre. Conviene reconocer esos avances por puro realismo. Venezuela llevaba demasiado tiempo atrapada en una lógica de bloqueo total, donde cada gesto era imposible y cada expectativa se estrellaba contra un muro autoritario y represor. Hoy ese muro presenta grietas. La sociedad vuelve a asomarse a la calle, la oposición intenta recomponerse y la comunidad internacional ha vuelto a mirar al país como un escenario abierto y no como un caso perdido.
La idea de construir un ejército europeo lleva décadas sobrevolando la UE. Los crecientes conflictos geopolíticos de los últimos cuatro años y el abierto distanciamiento de Trump hacia Europa la han vuelto a poner sobre la mesa, pese a los obstáculos y a quienes la consideran falta de realismo.

“Un amigo que nos amenaza deja de ser amigo. Como los matones no responden más que a la fuerza, a partir de ahora estaré preparado para ser mucho más fuerte. Y el presidente debería estar preparado para eso”. Son palabras de Hugh Grant, en el papel del primer ministro británico, cuando tiene que enfrentarse al presidente de Estados Unidos en una famosa escena de la comedia romántica Love Actually. En la vida real, el primer ministro británico, Keir Starmer, ha intentado plantarle cara —tímidamente— al matón de la Casa Blanca por la última guerra estadounidense en Oriente Medio. A pesar de los impresionantes esfuerzos del Gobierno británico para adular a Donald Trump desde que fue elegido, la respuesta de este al pequeño intento de rebelarse de Starmer ha sido un torrente de desprecio. De modo que la película de la realidad no es Love Actually. Es Contempt Actually [“En realidad, desprecio”].
Me pasa aún que, antes que el algoritmo, es la radio la que me descubre música nueva o que yo no había escuchado antes. Quizá sea porque el algoritmo me trae canciones que cree que me van a gustar o que quiere que me acaben gustando y en la radio encuentro una mezcla más diversa. El caso es que fue por la radio por la que descubrí hace unos años a Dani Fernández, y empecé a querer saber de su música. Ahora él llena estadios enteros, pero no hace tanto se enfrentó a sus dudas cuando se decidió por una carrera en solitario, entre sus propios miedos: no hace tanto que tocaba en salas de 60 personas.
Una curiosa desviación gramatical se va extendiendo a gran velocidad por los medios informativos, la supresión de un artículo en las construcciones partitivas: “El 15% de españoles”, “la mayor parte de regiones”, “el resto de ciudades”… Es más fácil oír y leer eso en ellos que la fórmula tradicional que sigue usando la inmensa mayoría de los hablantes.

La escritora y comunicadora Bea Cepeda sintió lo que ella denomina como “el macarenazo” al filo del mediodía del Viernes Santo de 2023, mientras contemplaba a la Virgen de la Macarena de regreso a su basílica. Atea tras estudiar en un colegio de monjas de su Zamora natal, experimentó tal zarandeo emocional que el temblor de sus manos hasta se percibe en el vídeo que grabó: “Estaba llorando viva”. El descubrimiento hizo que la zamorana de 39 acabase mudándose a Sevilla y convirtiéndose en “adicta” a su Semana Santa: “No es que me haya vuelto católica porque sigo pensando lo mismo, pero he encontrado algo a lo que no sé ponerle palabras. Si es Dios, no tiene nada que ver con la religión que me enseñaron en el colegio, para mí es más religiosidad popular”.
