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Ewa Pajor (Pęgów, Polonia; 29 años) empezó a disparar contra una portería improvisada en la pared de un granero en su aldea de 70 habitantes. “Cuando era pequeña, siempre jugaba para marcar goles. Como lo hacíamos todos los días, todo el rato, siempre me gustó”, recuerda al sol de la Ciudad Deportiva del Barça. Nadie tuvo que convencerla de ser delantera. Los goles la arrastraron, llevándola de aquel granero a ser una de las atacantes más determinantes del mundo.



Esa mañana Maruja Vilches se vistió con esmero. Se quitó sus mejores pendientes, desnudó sus dedos de sortijas. Se lavó la cara, eliminando todo rastro de maquillaje. Se calzó las sandalias, se enfundó en la túnica y se puso el antifaz. Tuvo que hacerlo al resguardo de miradas, pues iba a procesionar de incógnito. Llegó a la iglesia con el tiempo justo, un nazareno anónimo y presuroso por las calles de Sevilla. Era 1985.

Precious cierra los ojos y aprieta los puños mientras la aguja de la jeringuilla penetra en su muslo derecho e introduce lentamente un líquido amarillo verdoso. La misma operación se repite en el muslo izquierdo. “¡Ya estás protegida para seis meses!”, celebra la enfermera. Esa mañana soleada de marzo, en este pequeño centro de salud de Lobamba, un área rural de Esuatini, esta trabajadora sexual de 32 años acaba de convertirse en una de las primeras personas del mundo en recibir el lenacapavir, un fármaco que, administrado dos veces al año, ofrece una protección cercana al 100% frente al VIH.




Lo más insoportable de un sector de la jerarquía de la Iglesia católica española es su intento de transferir a las víctimas la culpa por los delitos de pederastia que han asolado la historia de la institución. El último caso es el del antiguo obispo de la diócesis de Tenerife, quien aseguró haber sido “provocado” por adolescentes, chicos y chicas de 13 y 14 años, a cometer abusos sexuales. Cuando algunas de esas víctimas denunciaron a su vez la actitud del obispo, la jerarquía, en lugar de actuar contra él y proceder a denunciarle a su vez ante la Fiscalía, se limitó a trasladarle a otra diócesis, tal y como puede hacer, de acuerdo con la legislación actual.

En toda Europa y más allá, la democracia se percibe frágil. Las instituciones siguen en pie. Se celebran elecciones. Los tribunales funcionan. Sin embargo, algo más profundo se está erosionando.
Todavía no ha cumplido 15 años y Harper Beckham, la hija menor de David y Victoria Beckham, ya tiene definido su primer gran proyecto en el mundo profesional. Tal y como recoge la prensa internacional, la familia Beckham estaría preparando el lanzamiento de una marca de belleza bajo el nombre de su hija pequeña. Se llamará HIKU by Harper, estará inspirada en la cosmética coreana y orientada a la generación Alpha, el grupo de edad de los nacidos entre 2010 y 2020 al que pertenece la propia Harper. Según se hicieron eco hace unos meses tabloides como The Sun, la compañía H7B Limited (creada en 2024 para desarrollar proyectos bajo el nombre-marca de Harper Seven Beckham) realizó dos solicitudes de registro de marca para HIKU by Harper el pasado octubre. Si bien la familia no se ha pronunciado al respecto, lo cierto es que Victoria Beckham lleva largo tiempo dando pistas del interés de su hija por el mundo de la belleza. “Ir a Space NK [cadena británica especializada en productos de belleza] es su actividad favorita después del colegio. Si le va bien en un examen, la llevo al que está cerca; es su lugar favorito. Está obsesionada”, reveló en una entrevista a The Times en 2023. Además, desde hace un tiempo, Harper se deja ver de vez en cuando en las redes sociales de su madre realizando tutoriales y usando productos de Victoria Beckham Beauty, la firma cosmética que la excantante fundó en 2019. La enseña estaría valorada ahora mismo cerca de los 700 millones de dólares, tal y como publicó Forbes en enero de este año, citando fuentes de la agencia Reuters. Quizá los Beckham busquen replicar el éxito del sello cosmético de Victoria con el proyecto de Harper, para muchos la futura heredera de la marca Beckham, y hacer de ella la Kylie Jenner o Hailey Bieber de la generación Alpha. Ellas son mujeres emprendedoras en el ámbito de la cosmética que han contado con la mejor carta de presentación posible, su apellido y los infinitos contactos que les proporciona su privilegiada posición. Y es que, la lista de celebridades que ha buscado hacerse sitio en el mercado beauty con una marca propia es muy extensa, y si bien muchas firmas han languidecido y han terminado por cerrar olvidadas por el público (la última, la de Gwen Stefani), otras tantas han permitido engrosar las ya de por sí abultadas cuentas bancarias de sus fundadoras. Rare Beauty, la marca de Selena Gomez tiene un valor estimado de 2.700 millones de dólares. Hailey Bieber vendió su marca Rhode por más de 1.000 millones de dólares a la compañía ELF Beauty en mayo de 2025 y Kylie Cosmetics, de Kylie Jenner, permitió a la empresaria embolsarse más de 600 millones de dólares cuando vendió el 51% de la compañía a Coty en 2019. Pero hay una gran diferencia: en el caso de Gomez, tenía 28 años cuando lanzó la compañía, Bieber tenía 25 y Kylie 18 cuando sus labiales revolucionaron el mercado. Harper Beckham es mucho más joven y se dirige a un público mucho menor y en un contexto diferente.

La tarda del 26 de maig de 1936, a tocar del nucli urbà de Viladrau, s’oficia el funeral del noucentisme. Eugeni d’Ors no hi és ni se l’espera, i Josep Carner i Jaume Bofill i Mates/Guerau de Liost tampoc no hi són, però de fet eren protagonistes. El poeta i polític Bofill i Mates havia mort feia tres anys, i l’acte impulsat per la Generalitat republicana, amb el conseller de cultura Ventura Gassol present, era un homenatge a qui havia convertit el poble del Montseny en un pulmó cultural. Enmig del bosc s’havia enjardinat una zona entorn de la font de l’Oreneta. El disseny era de Joan Mirambell, i hi havia dues esteles de Joan Rebull cobertes amb una senyera. En una, versos de Guerau dedicats a la font; en l’altra, un dístic de Carner en memòria del seu amic. S’hi congregaren escriptors que havien donat profunditat lírica al projecte d’institucionalització nacional més sòlid de la Catalunya contemporània. S’inaugurava aquell espai, s’acabava una època. Al cap d’un mes i mig comença la guerra. Durant la sessió es va repartir un opuscle en què s’explicava qui havia imaginat l’homenatge: un poeta, traductor i crític que es guanyava la vida a la impremta de la qual era copropietari. Marià Manent. Hi era i no es va fer notar, com si fos una ombra. Als 37 anys, a punt de tenir el tercer dels seus quatre fills, el catòlic i petitburgès Manent vivia amb la seva dona en un pis al carrer Craywinckel a Sant Gervasi. Era un edifici d’aspecte modernista on residia el seu amic Jaume Bofill i Ferro, crític i traductor que havia descobert Viladrau a Manent. Aquest altre Bofill —parent de Bofill i Mates— era propietari d’un casal enclotat a les Paitides, un dels vessants més fèrtils de la cara nord del massís. Havia servit per conservar-hi plantes medicinals. És Ca l’Herbolari.
El dato se ha convertido en oro en la era de la transformación digital. Su potencial en forma de beneficios es enorme para la economía, los negocios y la sociedad. Y puede ser mucho mayor si se comparte a través de ecosistemas diseñados en un entorno de soberanía, confianza y seguridad. La Unión Europea ha apostado por ello y ha situado el desarrollo de espacios de datos como una de las prioridades estratégicas para reforzar su soberanía digital y competitividad en la economía global.
“En un restaurante me llegaron a explicar que lo que estaba comiendo eran unas hierbas casi milagrosas que habían sobrevivido a un incendio ocurrido hacía algún tiempo”, relata un gastrónomo para ilustrar una realidad cada vez más frecuente: el exceso de explicaciones en torno a lo que contiene un plato. Durante años, la alta cocina ha cultivado una liturgia propia: espacios únicos, iluminación cuidada, vajillas de diseño que realzan cada pase y, como prólogo a cada bocado, un discurso detallado sobre el origen del producto, la técnica empleada o la idea que inspiró al cocinero. Ese relato, concebido para enriquecer lo que llega a la mesa, empieza ahora a generar resistencia entre un número creciente de comensales.
La reciente eliminatoria entre el Real Madrid y el Manchester City de la Champions League se recordará por ser la tercera eliminación consecutiva del equipo mancuniano a manos de los madridistas, por los tres goles de Federico Valverde en el partido de ida y por una camisa. Concretamente, un modelo de cuadros de la marca sueca Our Legacy, elaborado en franela y perteneciente a la temporada otoño/invierno de 2024, que vistió Josep Guardiola, entrenador del City, en el segundo partido de la eliminatoria. Una elección inusual para un evento deportivo de máxima repercusión que provocó una cantidad de comentarios y artículos desproporcionada para tratarse de una camisa. Unas reacciones que además se dividieron en dos bandos opuestos: mientras el sector futbolístico tradicional se tomó con sorna la vestimenta de Guardiola, llegando a vincular su presunta falta de seriedad con una actitud de pasotismo, los círculos del menswear dentro y fuera de España aplaudían el atrevimiento de Guardiola. “¡Ayuda, me estoy obsesionando! ¿Ha contratado Pep Guardiola a un estilista?”, se preguntaba la edición británica de GQ.