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Cuando hace unas semanas el secretario de Estado, Marco Rubio, declaró que más que libertad o democracia, el problema fundamental de Cuba era su economía, Andy Gómez, el ex director del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami, no dio crédito a lo que estaba oyendo. “Me dije: no, no puedo creer que este hombre haya dicho esto”. Hace más de diez años, Gómez fue reclutado, junto a otros académicos y diplomáticos, por la Brookings Institution, un destacado think tank con sede en Washington que entonces ayudó a moldear la propuesta de una política entre Estados Unidos y Cuba. El engagement, o la política de acercamiento, del expresidente Barack Obama, que fue altamente criticada tanto por Donald Trump como por Rubio, apostó por una apertura económica en la isla. Por eso ahora a Gómez le resultaba inconcebible pensar que la administración republicana, la misma que puso freno al acercamiento con La Habana, estuviese hablando en esos términos. ¿Estaba el Gobierno de Trump, contra todo pronóstico, retomando parte del modelo Obama?

La presencia de la líder opositora y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, en la toma de posesión del presidente de Chile, José Antonio Kast, ha terminado de perfilar una estrategia internacional de alianzas con la derecha y la extrema derecha global. Machado, que ha sido aclamada como una heroína por la diáspora venezolana en Santiago de Chile esta semana, ha recibido las llaves de la ciudad y se ha convertido en protagonista permanente de noticias.

El petróleo ya no se ve, pero está presente. Los peces nadan en el mar, pero ya no se pescan. El agua no está manchada, pero deja una extraña espuma color café con cada coletazo. Mientras la rutina parece seguir su curso en el municipio de Pajapan, al sur de Veracruz, la amenaza invisible del derrame de petróleo -que comenzó hace casi dos semanas y ha alcanzado a 230 kilómetros de la costa del golfo de México- permea cada minuto del día de sus habitantes. Jaibas sin pescar y camarones sin vender dibujan la nueva realidad de decenas de familias que, ante la polución de la laguna del Ostión, luchan por sobrevivir una emergencia que los ha dejado sin su principal sustento. “Está crítico porque yo, desde el día que entró la contaminación, no he trabajado ningún día”, asegura Vicente Vargas, un pescador de 49 años que lleva 14 años en este oficio.


Leproso. Qué brutalidad de palabra. Primero porque secuestra despectivamente a la persona bajo el nombre de una enfermedad, como si todo en ese individuo estuviera borrado por su padecimiento (no decimos canceroso, por ejemplo), y después porque se trata de una dolencia mítica, de un mal que se ha confundido durante siglos con el Mal como si tuviera algo demoniaco, de modo que las pobres víctimas del bacilo de Hansen (ese es el nombre técnico) no solo soportaban una dolencia atroz (dolorosa, deformante, mutiladora) y que fue incurable hasta 1981, sino que, por añadidura, sufrían un maltrato social espeluznante: han sido apaleados, perseguidos, expulsados del mundo, encerrados para siempre. Leproso. Un término traspasado por el sufrimiento.
—Las mujeres en la Iglesia jugamos con la jerarquía al escondite inglés.
La cuenta de Donald Trump en la red social Truth no es solo una plataforma para sus anuncios o una ventana a su estado de ánimo; también funciona como un medidor volátil de su paciencia y de su incomodidad con ciertos temas. El de la guerra de Irán ha estado relativamente ausente de sus mensajes. Desde el inicio, hace dos semanas y un día, de la ofensiva conjunta con Israel, Trump ha escrito sobre todo de otros temas: entrevistas de hace semanas a rivales políticos, el Mundial de Fútbol o el gran enemigo en casa: el congresista republicano Thomas Massie.
Parecía como si la hubieran abducido. Y esas cosas en Hornachos no pasan. En este pueblo pacense de jornaleros y carboneros de 3.400 vecinos, en la ladera de una sierra que lleva su nombre, cuya tierra sembrada de olivos y vid ni siquiera atrae mano de obra migrante, lo más raro que había pasado ese año había sido cuando se perdió Juan, que fue encontrado al día siguiente desorientado en el campo. Un municipio donde las vecinas cuidan de las hijas de los otros, donde la gente se conoce por el apodo y sabe cuándo el familiar de otro ha tenido que ir al hospital. Un lugar donde una mujer de 59 años como Francisca Cadenas no podía desaparecer sin que nadie se lo explicara en un tramo de 50 metros, en 15 minutos. En una calle sin salida, solo a través de un callejón por donde no pasan los coches. Porque esas cosas no pasaban en municipios como este. Hasta que se perdió Francis el 9 de mayo de 2017. Y de repente, Hornachos se miró a sí mismo por primera vez con sospecha: “Ha tenido que ser uno de nosotros”. El juez decretó este sábado prisión provisional para dos vecinos por asesinato.
Yo también estoy enganchada a La vida secreta de las esposas mormonas. El reality de Hulu que ha destronado en visionados a las Kardashian, y que estrenó su cuarta temporada en Disney+ en España este jueves, es uno de mis refugios disociativos predilectos desde que se estrenó su primera temporada en 2024. Si soy yonqui de la vida de este grupo de madres influencers es porque combina dos de mis vicios favoritos: trata sobre la cultura mormona y se narra bajo los parámetros de la telerrealidad estadounidense —sí, también hay imperialismo en este formato: lo bordan—. Como esto no va de mis filias particulares, sino de un artefacto cultural en concreto, analicemos cómo esta serie documental sobre unas madres que supuestamente solo hacían coreografías desde casas tan aspiracionales como deprimentes se ha convertido en un fenómeno global imparable y por qué, por encima de todo, es la narración postelevisiva que mejor capta el horror gótico de nuestros tiempos.
Decía el escritor y columnista José Luis Alvite que las citas son la envoltura social de lo que no es más que un instinto. Su frase no ha perdido vigencia, pero en los últimos años se le ha añadido una nueva capa al viejo arte del cortejo; una tecnológica, lúdica y capitalista que convierte el proceso de conocer a alguien en algo emocionante y adictivo. Hasta que deja de serlo. Las apps de citas han cambiado nuestra forma de relacionarnos. El primer estudio sobre percepción social del amor, que acaba de difundir el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), señala que el 82% de los españoles conoce las aplicaciones para ligar y que un 25% se ha abierto un perfil en ellas. El estudio Cómo las parejas se conocen y permanecen juntas, de la Universidad de Stanford, mostraba cifras aún más contundentes: más del 60% de las parejas actuales se conocen en línea, lo que marca un cambio radical respecto al pasado. Esto tiene un efecto eminentemente positivo: hoy en día es más fácil conocer a alguien y no se necesita la intermediación de amigos o salir a una discoteca para hacerlo. Pero este cambio tiene efectos colaterales y riesgos cada vez más evidentes.

Dos semanas después de su estallido, la guerra en Irán ha entrado en una fase en la que, de forma paralela a la respuesta militar, la estrategia de Teherán pasa por declarar la guerra a la economía global. Los misiles y drones iraníes han atacado instalaciones de gas y petróleo en Qatar, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, y han bloqueado el estrecho de Ormuz, lo que ha disparado el precio del crudo, ha provocado una sacudida en las Bolsas y tiene el potencial de desatar una crisis económica global con graves consecuencias también para los promotores del conflicto. Este sábado, Estados Unidos bombardeó instalaciones militares en la isla de Jarg, la principal terminal petrolera de Irán.