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El enfrentamiento ya tenía suficiente carga política: dos vecinos históricos, enfrentados en la efeméride de la toma de la Bastilla, por un acceso a una final mundialista con la que Francia concatenaría tres finales seguidas y España alcanzaría la segunda de su historia. Y, por si fuera poco, el expresidente popular Mariano Rajoy decidió el sábado enturbiar aún más la previa del partido con una columna publicada en El Debate titulada “Hoy llegó el desquite”. La pieza contenía declaraciones consideradas por Francia como “racistas” y “estúpidas”, según el Ejecutivo de Sébastien Lecornu. “Tiene, además, una plantilla de altísimo nivel. Eso sí, sin franceses”, escribió entonces el expresidente.
Ya no es casualidad: en las grandes citas, Mikel Oyarzabal. En Berlín, cuando España derrotó a Inglaterra para llevar la cuarta Eurocopa a las vitrinas de Las Rozas, el delantero de la Real Sociedad, ese tipo serio que compaginó el campo con las aulas —se graduó en ADE—, apareció para firmar la victoria. Ayer, contra Francia, volvió a dejar su huella. Nada menos que para mandar a España a la final del Mundial.
Un banco, algún taca taca, y la palabra. Todos los días, y a la misma hora, un grupo de siete mujeres de entre 63 y 94 años se reúne para tertuliar en el mismo lugar: cuatro en el banco, una en la silla de ruedas y las otras dos apoyadas en su taca taca. Como un Café Gijón, pero en la plaza Santa Maria de la Cabeza de Madrid: “Venimos aquí porque esto son dos pastillas menos al día”. Este martes, como no podía ser de otra manera, la semifinal del Mundial entre Francia y España se ha comido parte de la charla. Las más jóvenes, Begoña y Rosalinda, ambas por debajo de los 70, están entusiasmadas: “Ganamos seguro si saca a Borja Iglesias y a Mikel Merino desde el inicio”, dice Begoña. “Que no, que a Merino hay que guardarlo para el final”, responde su amiga. Las más mayores observan como quien no quiere la cosa. “Mira, yo he tenido un marido que desayunaba, comía, cenaba con el fútbol. Si había partido, las mujeres a preparar los bocatas. Estaba agonizando y a encender la televisión para el fútbol. Muerto el perro, se acabó la rabia”, explica una de las mujeres, abulense de 90 años.
Como la historia de España está llena de terribles paradojas, uno de los jugadores más talentosos y únicos de la historia de la selección, Míchel, fue señalado en Italia 90 por no saltar en la barrera de la falta que Dragan Stojkovic ejecutó para Yugoslavia echando a España en octavos de final.

Y sí, España volvió a una final de la Copa del Mundo 16 años después. La de Dallas, ante Francia, fue una actuación coral del equipo, como todas las de esta edición de la Copa del Mundo, pero con mucho más colmillo. El combinado dirigido por Luis de la Fuente no depende de una individualidad, aunque sí se sostiene por dos figuras clave: Rodri Hernández y Aymeric Laporte. El centrocampista del Manchester City y el central del Athletic Club sujetaron al equipo cuando alguna debilidad asomaba e iluminaron el camino de España hasta la segunda final de su historia. Rodri es el termómetro de esta selección. Batuta en mano, pone el tiempo y frena y acelera el juego cuando él lo demanda. Y Laporte parece haberse sacudido una temporada irregular con su club y está al nivel imperial de la Eurocopa 2024.