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Frente al Elche quedó una imagen. Cinco chicos de la cantera, unos titulares y otros con minutos sueltos, desmontaron un prejuicio: el que dice que el Madrid no tiene cantera. Conviene matizar. Es cierto que llegar al primer equipo es dificilísimo. Pero también lo es que Europa está llena de futbolistas formados en Valdebebas. Soldados de infantería fiables y fuente de ingresos para el Madrid. Nunca defraudan a los clubes compradores porque aprendieron bien el oficio y son rendidores. Y algunos, como Gila (SS Lazio), Jacobo o Nico Paz (Como), ya con roce exigente en el primer nivel, preparados para ponerse la camiseta del Madrid con garantías.
Siete años de silencio rompieron su vida para siempre. Corría enero de 2015 cuando esta mujer de 28 años, cuyo nombre ha sido anonimizado en la documentación consultada por EL PAÍS, acudió al centro de salud Padre Benito Menni de Ciempozuelos (26.000 habitantes, Madrid) para una citología vaginal. Detectaron hongos. Lo que nadie le comunicó es que en el análisis también se observaron unas “células escamosas atípicas de significado incierto”. En julio de ese mismo año, un segundo análisis le puso nombre al miedo: la paciente padecía el virus del papiloma humano (VPH), con genotipos de alto riesgo. Nadie la llamó. Nadie le avisó de la posibilidad de que desarrollara cáncer. Tampoco le informaron de que debía realizarse pruebas complementarias, como una colposcopia. Siete años después, aquel silencio llenó su vida de ruido.
Gil Pratsobrerroca (Vic, 1997) està immers en una cursa de novetats contínues, que el sorprenen a cada passa promocional que fa després de l’èxit inesperat del seu debut literari, El joc del silenci (La Campana), que en sis mesos va per la desena edició. I encara li queda la gran festa publicitària de Sant Jordi, on es preveu que es passi el dia firmant i faci un pet comercial semblant al de Regina Rodríguez Sirvent, l’autora de Les calces al sol, que també va triomfar en aquesta editorial amb el mètode més vell de recomanacions: el boca-orella.
La tensión se vive de manera permanente en una de las posiciones de la Brigada 93 del ejército ucranio en los alrededores de Druzkivka, cerca de Kramatorsk (región oriental de Donetsk). Acecha la presencia constante de drones rusos en el cielo. Los soldados que ocupan una pequeña cavidad subterránea dominada por el fango apremian a ponerse a cubierto y a reducir al máximo la presencia en el exterior. Unas pantallas conectadas a una antena a ras de tierra sirven para localizar aparatos enemigos. Después, desde otras posiciones, tratarán de derribar las unidades encargadas de ello. Kostas, uniformado de 41 años, señala en una de esas pantallas las imágenes hackeadas de un avión no tripulado ruso. Pura guerra electrónica. La mayoría de estos militares vive bajo una permanente amenaza, pero no ha visto en toda la contienda a un soldado del Kremlin cara a cara.

Odome Angone (Gabón, 46 años) se define como madre, universitaria y africana. Tres etiquetas que “carga con mucho orgullo”. Desde hace más de 11 años, esta filóloga hispánica y doctorada por la Universidad Complutense es profesora de literatura hispanoafricana y afrodescendiente en la Universidad Cheikh Anta Diop de Dakar, desde donde reflexiona sobre quién produce el conocimiento que es aceptado.

Es día de mercado en Saint-Denis. Los colores, el perfume de la comida y el zumbido de las conversaciones, si uno cierra los ojos, le transportan a Bamako o Argel. En la segunda ciudad de Île-de-France, la región de París, convive la basílica donde reposan los restos de los reyes de Francia con los comercios y las mezquitas. También con las tiendas halal y las viejas avenidas con nombres de mitos del comunismo. Saint-Denis, con 150.000 habitantes, es también el 93, el código postal de Seine-Saint-Denis, la provincia más pobre de Francia y la que tiene más inmigrantes, un tercio de la población. Y a la vez, la más joven del país. Un cóctel perfecto para quien sepa descifrarlo en el laboratorio electoral.
La economista y docente argentina Mercedes D’Alessandro (Posadas, 48 años) es hija del movimiento Ni Una Menos. La ola feminista que surgió contra los feminicidios en 2015 en Buenos Aires y se expandió por gran parte de América Latina la animó a mirar sus trabajos sobre pobreza y desigualdad con otros ojos y nuevas preguntas. Una de ellas fue sobre un pilar invisible de la economía: el del trabajo doméstico y de cuidados no remunerados. “Eso que llaman amor es trabajo no pago” pasó de consigna en las calles a objeto de estudio en la Dirección de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía, que encabezó entre finales de 2019 y 2022. De cuantificarse, representaría casi el 16% del PIB argentino, el sector con mayor peso, por delante de la industria y el comercio. Su equipo también dio a conocer la magnitud de la brecha de género en este campo: las mujeres dedican un promedio de 6,4 horas al día, y los hombres, 3,4 horas. Y el coste de criar a un hijo en el país: cerca de medio millón de pesos por mes (casi 300 euros), entre bienes y cuidados.
Ricardo Castillo (Santiago de Chile, 1978) lleva 20 años viviendo en Suiza. El directivo estudió en Lyon y Ginebra, y ha trabajado para los gigantes bancarios del país helvético (UBS, y Credit Suisse, ya absorbido por el primero), además de para JP Morgan y RCF Capital. Desde el año pasado, es el jefe de inversiones de Mirabaud Wealth Management, una banca privada suiza fundada en 1819, que administra un patrimonio de sus clientes por un valor cercano a los 40.000 millones de euros.
Todo artista sabe que escoger el camino de la creación puede llevarte a morir pobre y en el anonimato, pero también es cierto que cuando talento, arte y dinero confluyen, la historia nos regala tesoros únicos. En Roma esa confluencia se dio con frecuencia, pero hubo momentos álgidos, como el siglo XVII, que vio nacer el barroco de la mano, entre otros, del extraordinario escultor Gian Lorenzo Bernini, quien debe su éxito no solo a su genio creativo, sino también al ego y al dinero del papa Urbano VIII.

Maestras, abogadas y escritoras, procedentes de una clase ilustrada en la mayor parte de los casos, pero no en todos, defensoras en carne propia del papel que las mujeres estaban llamadas a jugar en una España que trataba de tomar el paso al siglo XX y modernizarse. Algunos de los nombres de esas nueve pioneras, que fueron representantes políticas en los años treinta en las Cortes han pasado a la historia, pero los de otras han quedado relegados; su historia, en cualquier caso, no ha perdido vigencia.