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Graves y aburridas comprobaciones en temporada de promoción cultural: a menudo, quien tiene más espacio en los medios deambula de uno a otro quejándose de otros medios; más fina tiene la piel ante la crítica o la indiferencia; peor lleva cualquier adversativa a su obra o su persona, y eso cuando ellos no creen que es lo mismo, la obra y la persona (“¿atacas mi película o mi libro? Eso es que no me aguantas a mí porque la obra es buena, el resto son prejuicios”). Quien construye su discurso y su personaje sin hacer daño a nadie, y no valora ni enjuicia el papel de quien lo entrevista, es rápidamente caricaturizado o convertido en una suerte de histrión para jueguecitos crueles de esos medios a los que él acude educadamente cuando le llaman. Otra cosa: quien más se prodiga en decir la mayor tontería sin demostración alguna, quien suelta la mayor bravuconada o trola o payasada inane, acto seguido se queja de que ahora ya no se puede decir nada en ninguna parte y a ninguna hora; más probabilidades de que esto ocurra cuanta más audiencia tenga el medio al que es invitado. Cada 10 años aparece un debate recurrente que con el tiempo tiene más pertinencia: por qué no hay crítica negativa. Pero cuando hay una crítica mala, pongamos en este periódico, se debate la legitimidad del crítico, cuando no directamente —pasó hace años— una carta de más de 100 firmas contra Boyero por sus coberturas y reseñas. El círculo vicioso es interesante y tiene que ver con una toxicidad creciente: la relación de dependencia, menor en el caso del protagonista gracias a sus redes sociales y por tanto más agresiva (“ya que habla con nosotros, exprimámoslo a clics”) por parte de muchos medios. Esto se traduce generalmente en terror: del entrevistado por el titular, del entrevistador por el extracto elegido en redes, del medio por la indiferencia de la audiencia, del agente por el despido. En fin, tómenselo con calma: todos seremos cancelados, o lo fuimos, o lo estamos siendo, qué más da.
Álvaro Cunqueiro se casó con la hija de un abogado de Mondoñedo en diciembre de 1940. Antes de la boda, escribió a su amigo Manuel Halcón, su superior en Falange en Madrid, para que le liberara el pasaporte, que estaba retenido en la Dirección General de Seguridad. El escritor gallego enunció así el favor y la urgente necesidad del documento: “Sin pasaporte no puedo ir a Portugal. Si no voy a Portugal no podré llevar a mi novia a Coímbra. Si no la llevo a Coímbra no podré hacerle el amor bajo los almendros”.
Según los datos de la última encuesta sobre el uso de drogas, el 23% del alumnado de educación secundaria en Cataluña tiene un riesgo elevado de presentar un uso compulsivo de internet. Son casi uno de cada cuatro. La encuesta, presentada a finales de marzo, no tuvo mucho eco. ¿Qué hubiese pasado si el titular fuera que uno de cada cuatro estudiantes de secundaria es adicto a la heroína? Seguramente se hubiese abierto un debate nacional, con expertos y tertulianos tratando la cuestión mañana, tarde y noche y todos los partidos políticos posicionándose sobre la cuestión, con gesto compungido y declaraciones solemnes.
El PP anunció el lunes que creará en el Senado una comisión de investigación sobre RTVE por la “corrupción directiva, financiera y patrimonial” de la corporación, que, según los proponentes, ha puesto la televisión pública “al servicio” de Pedro Sánchez. Esta será la séptima comisión de investigación que impulsa en la Cámara alta en menos de tres años de legislatura. El PP puede proponerlas con toda la legitimidad de la mayoría absoluta que le han dado los ciudadanos. Nada que objetar, si su intención real fuese arrojar luz sobre asuntos de interés público. Pero no lo es.
Hay indicios y declaraciones de que Washington planea una operación terrestre en Irán. Incluso si se excluye la invasión y se limita a acciones puntuales, analistas políticos y militares advierten del yerro. No es el primero. Desde el principio, la guerra de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica ha acumulado un error tras otro.
La imagen de buen mozo que tiene Canadá en el imaginario global se ve en la selva amazónica como si Darth Vader, del lado oscuro de la fuerza de la saga Star Wars, tuviera el título de superhéroe. En este momento, indígenas de diferentes pueblos del Xingú, un afluente del río Amazonas que a veces parece un mar, llevan más de un mes acampados en la oficina de la agencia indigenista brasileña del municipio amazónico de Altamira. Luchan para impedir que la empresa canadiense Belo Sun siga adelante con su proyecto de abrir lo que anuncia como la mayor mina de oro a cielo abierto de Brasil. Si la minera logra vencer la resistencia, construirá (y después abandonará) una presa de 35 millones de metros cúbicos de residuos tóxicos como el cianuro, tres veces el volumen de la presa de la minera Vale, que al romperse en 2019 provocó la muerte de 272 personas.
La noche madrileña ha perdido en pocos meses dos de sus grandes símbolos. Teatro Barceló, la antigua sala Pachá, y Fortuny, el palacete de Almagro reconvertido durante años en santuario de la élite social y empresarial, han acabado, aunque con trayectorias distintas, con una misma imagen final: espacios de la ‘jet-set’ madrileña desahuciados. “Se vende el emblemático Teatro Barceló”. “Se subasta la sala más exclusiva de Madrid: Fortuny”. Dos titulares que, separados, podrían no tener nada que ver. Pero guardan relación. Y mucha. Para empezar, ambas han recibido órdenes de lanzamiento. Y para continuar, ambas han recibido recientemente sanciones por parte del Ayuntamiento de la capital por sus licencias de actividad. Barceló, por aforo, tuvo que cerrar un año y ahora anuncia la venta del edificio; Fortuny entró en una subasta que ganó el Grupo Paraguas, pero en enero el Consistorio dictó una orden de clausura y precinto del jardín de la sala. En una ciudad donde el ocio se reinventa cada día, estos dos viejos símbolos se apagan entre polémicas por impagos y denuncias.

Un error del Gobierno andaluz (PP) ha provocado que miles de alumnos de educación secundaria carezcan durante cuatro años de tres libros de texto para la asignatura Atención Educativa, alternativa a Religión. Desde hace dos cursos y hasta 2028 los alumnos del millar de institutos andaluces no pueden disponer de los libros de la editorial Proyecto Educa porque la Consejería de Desarrollo Educativo y Formación Profesional no los incluyó a tiempo en su plataforma para los centros educativos. Era el único material para esta asignatura, que carece de otro texto alternativo. “Fue un fallo garrafal. Hemos perdido una ocasión tremenda porque no teníamos competencia, perdemos prestigio en centros y visualización de marca”, resume el editor murciano Antonio Pascual Rodríguez, que exige a la Junta 404.714 euros como compensación por los costes de producción de los libros y el lucro cesante.


Tras dos décadas de intentos frustrados, la ampliación del Parlament de Cataluña parece ver la luz al final del túnel. La capacidad del retocado palacio del siglo XVIII está al límite desde hace bastantes años pero cualquier proyecto de ensanche siempre topaba con las limitaciones de usos del parque de la Ciutadella y los terrenos del Zoo de Barcelona. El Ayuntamiento de la capital catalana, la Generalitat y el propio Parlament firmaron ayer un acuerdo para que el nuevo edificio ocupe las antiguas caballerizas de la Guardia Urbana, a 300 metros de donde está el hemiciclo, y así el legislativo ganará 13.000 metros cuadrados adicionales. Un plan que sin embargo tardará al menos una década en hacerse realidad.
Como en una de esas películas experimentales que en los años setenta abusaban de la técnica de la pantalla partida, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, y la líder opositora y premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, hablaron la semana pasada en Estados Unidos con unas pocas horas de diferencia. La primera lo hizo en Miami, en un foro de inversión auspiciado por el fondo soberano de Arabia Saudí. La segunda, en Houston, en una influyente conferencia mundial sobre la industria energética.