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En 1921, Álvaro de Albornoz escribe en El temperamento español: “A menudo, en el vasto cementerio nacional, que llenaron las epidemias y las pestes, ya desterradas de todo el globo por los progresos de la cultura, no hubo sobre tanto duelo, al borde de las fosas abiertas, sobre los montones de cadáveres, más piadoso responso que la mueca burlona de un pícaro”. Don Álvaro cae aquí en esa tendencia a la exageración que suele ser un notable obstáculo para nuestras buenas causas. Exageramos nuestros vicios y nuestras virtudes y con frecuencia lo hacemos a la vez. Con cuánta facilidad pasamos del “este país es una mierda” al “como en España, en ningún sitio”. Unamuno —exagerando— sostenía que el español medio no existe, porque “en España tenemos solo extremos”.
Nadie ha dejado de leer poesía y por supuesto nadie ha dejado de escribirla tampoco en el siglo XXI. A quienes siguen de cerca esta manía feliz les parece de hecho que el género está vivísimo y animado como pocas veces. Proliferan pequeñas editoriales más allá de Visor, Hiperión, Tusquets o la extinta DVD (con La Bella Varsovia, La Uña Rota, Cántico o Ultramarinos) y existe una miríada de premios que sirven para detectar voces y avisos, a veces hasta alcanzar el Premio Nacional de Joven Poesía Miguel Hernández, creado en 2010, y no mal indicador de valiosas novedades (la última premiada, de 2025, es una estupenda, vivaz e irónica Elisa Fernández Guzmán).


En el póquer, una mano de dobles parejas se aprecia por su valor equilibrado y su importancia estratégica. En el juego de la canción popular, la apuesta de dobles parejas que forman ocasionalmente Roberto Fonseca y Vincent Segal, y Refree y Maria Mazzotta da intensidad y emoción a una notable partida musical. No busquen en Nuit parisienne à la Havana al Fonseca percusivo que extrae de la cubanía toda su vibración y la lleva a esa zona liminal en la que se encuentra con otras manifestaciones rotundas de la negritud. Tampoco piensen en el cello de Segal como un instrumento de querencias africanas, en la línea de sus grabaciones con Ballaké Sissoko, por ejemplo. Fonseca y Segal dejan clara la intención de este álbum ya en el título: es una noche parisina en La Habana, no una velada habanera en París. Sí, en Soul Kiss el piano, arropado por el clasicismo del cello, construye una mezcla de danzón, bolero y tango, y una sutil atmósfera cubana se respira en la pieza que titula el álbum, enredada con acentos de un club de jazz y unas cuerdas nostálgicas.


El director y guionista zaragozano Nacho G. Velilla tenía 12 años cuando secuestraron a Quini. El 1 de marzo de 1981, Enrique de Castro González, Quini, era el pichichi de la Liga. Tras un partido en el Camp Nou, el delantero del F.C. Barcelona fue raptado a punta de pistola. Sus secuestradores pidieron 100 millones de pesetas (600.000 euros) a cambio de su liberación. “Fue una conmoción en toda España. Todo el mundo pensaba que había sido ETA o el GRAPO”, recuerda ahora Velilla. Pero no. A Quini lo secuestraron tres mecánicos en paro de Zaragoza que pensaron que así podrían obtener dinero rápido y fácil. Sin embargo, no resultó ni tan rápido como pensaban ni, mucho menos, tan fácil.




Con 326.000 seguidores en su cuenta de TikTok y 178.000 en su Instagram, Daniel López Ortega (Madrid, 36 años) es probablemente el docente de Educación Infantil más popular del momento en España gracias a su intensa —y llena de humor— actividad en redes sociales. Lo que comenzó en pandemia para acompañar a las familias cuando tenían que pasar tanto tiempo en casa con sus hijos pequeños se convirtió en lo que él mismo denomina una “comunidad muy sólida y participativa” que le ha ido dando pie a convertirse también en escritor de cuentos infantiles (¡(No) quiero ir al cole!; Molino, 2023) y libros para adultos sobre la educación infantil como Hasta el error es divertido (Plataforma Editorial, 2024).
De golpe, un hombre visiblemente nervioso interrumpe una conversación en un solar asfaltado a las afueras de Beirut. “¡Mira lo que nos ha pasado!”, dice señalando a la tienda de campaña de la que proviene. Con la barba y el pelo adecentados aunque con el rostro marcado por el agotamiento, narra en un intenso monólogo la sucesión de golpes que le han dejado junto a su familia al raso, sin acceso a un baño y reutilizando el agua de un cubo para mantenerse limpios. “Yo tenía una casa, un trabajo y una vida normal. ¿Qué he hecho yo para acabar en la calle?”, se pregunta angustiado, rodeado de centenares de familias en la misma situación.



La de este viernes empezó siendo una de las jornadas más críticas para el Gobierno de coalición esta legislatura, con el plante inédito de los ministros de Sumar antes del Consejo de Ministros que debía aprobar el decreto de medidas para paliar los efectos de la guerra en Oriente Próximo. Sumar reclamaba al PSOE desde mediados de octubre una prórroga de los contratos de alquiler que vencían entre finales de 2025 y este 2026, firmados hace cinco años con precios mucho más bajos que los de ahora. El órdago, esta vez, funcionó, y tras más de dos horas de negociaciones en una sala de La Moncloa entre el propio presidente, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta Yolanda Díaz, con la incorporación a las conversaciones más tarde de la número dos del Ejecutivo, María Jesús Montero, y del resto de ministros de Sumar, se acordó la aprobación de la congelación de los alquileres y fijar el tope a las actualizaciones en el 2%, blindando esa subida ante una posible escalada de la inflación. La victoria, reconocen en la formación, les refuerza ante los suyos en un momento muy difícil, cuando acusan el desgaste tras meses orillados en el Gobierno, buscan un nuevo liderazgo y transitan un ciclo electoral complejo.
La nueva serie de Star Trek está protagonizada por jóvenes. No hay demasiadas batallas espaciales ni planetas por descubrir. Hay, en cambio, romance adolescente e incomprensión vital. Justo 60 años después de su primer episodio, quizás este no sea el Star Trek de tus padres (ni de tus abuelos). Pero eso no hace a la decimotercera serie de su historia peor.