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¿Por qué hacerlo con sencillez, cuando una es la número uno del mundo? Porque sencillamente, ella es así: única y genuina, a la vez poderosa y necesaria. Ningún aterrizaje retumbó más en Indian Wells que el de Aryna Sabalenka, quien hace dos semanas irrumpió en las instalaciones luciendo orgullosa y feliz el dedo anular. Antes, la bielorrusa —citada este domingo (19.00, Tennis Channel) con la kazaja Elena Rybakina en la final del torneo— había publicado un vídeo en sus redes sociales en el que su novio, Georgios Frangulis, le proponía arrodillado matrimonio. Una escena cubierta de pétalos de rosa blanca y envuelta en flores. En el fondo, muy acorde a Sabalenka, a la que nunca le gusta pasar de puntillas por ningún lado, sea donde sea.
El nombre de Sabalenka figura entre los de las candidatas a ganar el premio Laureus a Mejor Deportista femenina del Año, que se concederá el 20 de abril en la gala que tendrá lugar en el Palacio de Cibeles (Madrid). Otra muestra del relieve que ha ido adquiriendo la tenista, cada vez más reconocida.
Cerró el curso pasado en lo más alto del ranking, por segunda vez en su carrera, aunque tiene una cuenta pendiente con las grandes finales: ha perdido la mitad (cuatro de ocho) de las que ha disputado hasta ahora. También cedió en los desenlaces maestros de 2022 y 2025.
En todo caso, en su currículo constan 22 títulos individuales; entre ellos, dos del Open de Australia y otros dos del US Open. Engarzó por primera vez el número uno en septiembre de 2023 y, después de dos meses defendiéndolo, lo perdió en favor de Swiatek y lo recuperaría en octubre de 2024.
En total son 80 semanas al mando del circuito de la WTA, lo que la sitúa en el undécimo peldaño histórico. Tiene contratos con firmas como Nike, Emirates o Gucci, y en 2025 le arrebató a Serena el récord de ganancias en un año: 13 millones de euros, por los 11,3 de la leyenda estadounidense.
Nadie recuerda unas elecciones municipales en Francia tan significativas. O, al menos, simbólicas por el contexto político y lo que pueden explicar sobre el futuro. Las últimas se celebraron en plena pandemia, dos vueltas interrumpidas durante tres meses por el confinamiento, en un periodo donde el macronismo seguía relativamente en forma. Esta vez, los comicios en casi todos los municipios de Francia se celebran en plena descomposición del mandato del presidente de la República y en un clima donde distintos fenómenos políticos, ideológicos y de posibles alianzas se pondrán a prueba en muchos de los 36.000 municipios que votarán este domingo y el próximo 22 de marzo.

Ellas, plata olímpica. Ellos, oro mundial. Dos pelotazos recientes de la selección española han fortalecido el auge de un deporte con raíces tiernas pero que no para de crecer. El baloncesto 3x3 se multiplica alimentado por esas dos medallas inesperadas, el segundo puesto en el podio de los Juegos de París 2024 de Sandra Ygueravide, Vega Gimeno, Juana Camilión y Gracia Alonso, y el primero en el campeonato del mundo de 2025 de Carlos Martínez, Diego de Blas, Guim Expósito e Iván Aurrecoechea. Los dos cuartetos han disputado este fin de semana en Bangkok la Champions Cup, una especie de Mundialito que reúne a los campeones mundiales y de cada continente y a las mejores selecciones del ranking de la FIBA (los hombres han sido subcampeones tras perder la final contra Estados Unidos).
Andaba yo preparando un libro que me exigía reunirme con periodistas talluditos para que me contasen historias, y amenacé con llamarle “un día de estos” para sonsacárselas. “Llámame cuando quieras —me dijo—, pero como tardes mucho, igual me llamas después de muerto”. Era paradójico que alguien tan supersticioso, tan coqueto y que se enfadaba tanto si le llamaban viejo bromease con ese desparpajo sobre la muerte.

La belleza resalta a las personas, pero también puede opacarlas. Para Olatz Schnabel, su arrebatadora belleza nunca fue un problema. “Al revés, lucir bien me ha abierto muchas puertas”, reconoce en conversación con EL PAÍS. “Conozco a mujeres increíblemente guapas que son muy inseguras. De alguna manera, no son capaces de verse bellas. A mí me pasó. De muy joven, no me acababa de ver guapa. Ahora, cuando veo una foto mía de esa época, pienso: ‘Pero si era la bomba. ¿Cómo no me daba cuenta?”, explica sentada en el salón de su casa, un gran ático con vistas al Palacio Real en Madrid. Mientras habla, su perro, Tuno, le lame vorazmente sus zapatos aterciopelados de Manolo Blahnik.
Cada año por estas fechas escuchamos que los Oscars han perdido relevancia, que no importan a nadie, que son un espectáculo fatuo de una industria decadente mirándose al ombligo. Frases hechas que se ven desmontadas cuando cualquier comentario de un nominado se convierte en titular que da la vuelta al mundo. ¿Por qué estamos debatiendo ahora mismo la relevancia del ballet y la ópera? Durante una charla para universitarios organizada por la CNN y Variety el pasado 21 de febrero, en la que compartía micro con el actor Matthew McConaughey, Thimotée Chalamet —en plena promoción de Marty Supreme, por la que está nominado a mejor actor— afirmó que no le gustaría trabajar en el ballet y la ópera porque son artes que hay que mantener con vida “aunque ya no le importen a nadie”.

El president Salvador Illa se enfrenta esta semana, si no hay un cambio de guion copernicano, a la misma situación que vivió el expresident Pere Aragonès en 2024: afrontar un debate a la totalidad de los presupuestos sin los votos necesarios. El republicano no superó entonces la prueba y tras la sesión fallida anticipó las elecciones. La gran incógnita es cómo llegará el Govern el viernes a la celebración del debate en el Parlament: si habrá alcanzado un pacto de última hora con ERC, que reclama avances en la cesión del IRPF, y, si no es el caso y las cuentas decaen, si Illa emulará o no a su antecesor adelantando los comicios. El Govern bordea el precipicio y el fantasma electoral vuelve a revolotear Cataluña por más que Illa, como Aragonès, siempre ha insistido en que la legislatura debe durar cuatro años.

A menudo, cuando uno pasea por un barrio colmado de casas históricas y señoriales, se pregunta quién vivirá ahí. Cómo serán sus rutinas, qué vida desempeñarán detrás de esos hermosos ventanales, qué sonido les despertará por las mañanas. En la serie Disclaimer, disponible en Apple TV, el cineasta Alfonso Cuarón convierte la distinguida vivienda por la que transita su protagonista Catherine, interpretada por Cate Blanchett, en un personaje más de la ficción. A medida que avanza la trama, también se desvelan más detalles del asfalto que la rodea; de la coqueta librería en la que descubre el libro del escándalo a la hilera de fachadas de colores que decoran su agonía. Un día a día fuera de lo común que se rodó en las inmediaciones de Westbourne Grove, la arteria comercial que atraviesa Notting Hill, al oeste de Londres.
De un fondo negro emerge la belleza, una ráfaga arcoíris de flores de todos los tamaños. Las hay pequeñas y de pocos pétalos, así como floripondios que se elevan sobre las demás. La pintura Bodegón con alcachofas, flores y recipientes de vidrio fue creada por Juan van der Hamen (1596-1631) en 1627, y durante todos estos siglos ha aportado su alegría a los muros en los que se ha colgado el lienzo —ahora en el Museo del Prado—. Se trata de otro jardín eterno, si es que hay algo que pueda gozar de esa categoría superba, compuesto por una buena cantidad de especies vegetales.
Jens Stoltenberg (Oslo, 66 años) es el político noruego más importante de su generación. El actual ministro de Economía acaba de salir de un comité para debatir los Presupuestos Generales. Su partido, el Partido Laborista de Noruega, ganó las elecciones de septiembre, pero gobierna en coalición con el bloque rojo, los partidos de izquierda. Toca negociar. Desde su despacho, en un imponente edificio de interior austero, en el centro de la capital, observa las obras de reconstrucción de la cercana oficina del Primer Ministro. El inmueble quedó muy dañado por el atentado terrorista de 2011, que acabó con la vida de 77 personas, la mayoría jóvenes que estaban en un campamento de las juventudes laboristas, en la isla de Utoya. Entonces, Stoltenberg era el jefe del Gobierno. El atentado le afectó profundamente. Cada verano vuelve a Utoya a rendir homenaje a las víctimas.