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Mucha gente, tal vez demasiada, acostumbra a usar las redes sociales como vía de escape a su ira, así que probablemente haya pocos termómetros más eficaces para medir el éxito de una gala de los Oscar que encontrarse una recepción tan positiva en plataformas como X, antes Twitter, como la de este año. En un reparto de galardones nunca se podrá poner a todo el mundo de acuerdo, pero la 98ª edición de los premios de la Academia, al menos, divirtió y emocionó como en sus mejores tiempos, lejos de las polémicas que habían ensombrecido la ceremonia en años recientes.
Un informe presentado la pasada semana ante Naciones Unidas por un grupo internacional de expertos lanzó una advertencia que América Latina no debería ignorar. Según sus conclusiones, existen “motivos razonables” para creer que en El Salvador se han cometido crímenes de lesa humanidad en el marco del régimen de excepción instaurado por Nayib Bukele en 2022 para combatir a las pandillas.
Cuando se nos va un amigo escritor, resulta más difícil despedirse del amigo que del escritor. Y despedirse es necesario, porque conviene no encerrarse en el duelo, aunque resulte complicado entender las costumbres más hirientes de la vida. Son ya muchas las pérdidas. Miro los libros de Alfredo Bryce Echenique en la biblioteca, los ordeno, vuelvo a sentir la infancia conmovedora de un niño solitario en Lima, la exageración sentimental de un peruano en París, las historias de amor que mezclan la risa con las mudanzas y las llamadas de teléfono con un permiso para vivir. Las carcajadas no cierran nunca los ojos, pero los naufragios consiguen darle pena a la tristeza.
De camino a casa. Es domingo 8 de marzo. Día de la Mujer. Salgo dos horas tarde de trabajar y estoy agotada. Ya es de noche, y no me agrada caminar por la calle. Decido llamar a un taxi. Me monto en el vehículo. El conductor, de unos 70 años, me saluda llamándome guapa y añade que si se lo pido “así”, entonces me llevará al destino que le indico. Lo ignoro. Le muestro mi desagrado con mi silencio y mi cara. Me pregunta por cuál de los caminos (hay dos) quiero ir. Le digo que no sé cuál es mejor. Que decida él. Me dice que me llevará por el que considera que es más corto. Comenta que en caso de que tenga alguna duda, podemos quedar para tomar algo y lo discutimos. Nuevamente, silencio. La palabra “guapa” se repite varias veces durante el trayecto. Yo solo quiero llegar a casa. Durante el viaje empiezo a pensar en la ironía de que un día como este y a pesar de que haya quien lo cuestione, una vez más, se reafirme la necesidad. “Vete a dormir y no te vayas de fiesta”. Y así concluye mi 8-M.

Un mechón de cabello, 10 uñas cortadas, una foto del rostro tomada cada seis meses, una prenda de ropa usada todo el día, fotografías de los dientes... Estos son algunos de los elementos que componen el llamado kit forense, una herramienta para documentar los rasgos biológicos personales. Se meten en una bolsa y se cierra con la esperanza de que nunca tenga que ser utilizado. Si se necesita, es para ayudar a encontrar a quien lo preparó porque ha desaparecido. La persona o su cadáver.
En una de las escenas más icónicas del cine español, de la película Amanece que no es poco (1989), alguien grita: “¡Alcalde, todos somos contingentes, pero tú eres necesario!”. Hace más de 30 años, en un pequeño despacho de la Universidad Politécnica de Cataluña, dos estudiantes de doctorado —uno apasionado de la biología, el otro de la física— comenzaron a intercambiar problemas para atraer al otro a su terreno. Uno de esos problemas decía que si la vida en la Tierra hubiera seguido su curso inicial, hoy no habría humanos, ni animales, ni plantas, ni cualquier forma de vida compleja; solo microbios. En ese problema no todo podía ser contingente; tenía que haber un paso necesario que, sin embargo, nadie había conseguido definir.


Menuda fiesta los 18 años. Al fin se puede votar, firmar un contrato, conducir un coche o reservar un tren. Hasta el Gobierno lo celebra: desde 2022 concede a cada cumpleañero 400 euros para gastar en obras, actividades y suscripciones del sector artístico. Aunque el denominado Bono Cultural Joven también viene con deberes: hay que solicitarlo y resolver la tramitación, una gestión no siempre al alcance de todos, como cuentan los datos desglosados a los que ha tenido acceso EL PAÍS a través de una petición al Ministerio de Cultura. Una vez concedido, además, toca decidir en qué emplearlo, y hacerlo según las reglas. El usuario que las infrinja tendrá que reintegrar los fondos. Y las empresas pueden afrontar una suspensión temporal, como ha sucedido estas últimas semanas con MediaMarkt, Discocil y Weezevent. O incluso peor, como la discoteca madrileña Jowke. En un vídeo que se ha viralizado en los últimos días, el dueño de este local mostraba cómo comprar una copa con el bono. Se ha convertido, así, en la primera empresa expulsada del programa.
Galicia, 1988. Un inspector de Educación escucha a un maestro rural maravillado por el talento matemático de una de sus alumnas. El profesor cree que hay que apoyar a aquella brillante niña de 10 años. Su interlocutor le pregunta dónde vive la cría. Tras saber que es vecina de Artes, una pequeña parroquia del municipio marinero de Ribeira (A Coruña), el funcionario dicta sentencia: “Con que sepa las cuatro reglas es suficiente”. La escolar se llamaba Rosa Crujeiras Casais y acaba de ser elegida rectora de la Universidad de Santiago (USC) porque su familia y el maestro ignoraron el veredicto.