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Una de las tareas primordiales de un periódico es organizar el caos, hacer que el torrente de noticias, acontecimientos, reportajes y opiniones se parezca a una casa en la que apetezca entrar a vivir en lugar de una obra con materiales desperdigados en un solar. EL PAÍS lo lleva haciendo desde el primer día e incluso desde meses antes de salir a la calle, con las pruebas y los números cero. Ese trabajo de construcción permanente tiene una traducción cotidiana: la primera página de la edición impresa y la portada de la página web, que, si bien cambia a lo largo del día, siempre ofrece una foto fija en el arranque de cada jornada, a las seis de la mañana.


Caroline Graham Hansen (Oslo, 31 años) sostiene el balón en el que está escrito el nombre de su ciudad. Es el esférico de la final de la Champions, en su Noruega natal, allí donde aprendió a regatear apartando la nieve de las calles. Para llegar a ella deberá superar con el Barça al Bayern de Múnich en el Camp Nou este domingo (16.30, Teledeporte y TV3) tras el empate 1-1 en la ida de las semifinales. Sería la sexta final consecutiva del equipo azulgrana (espera el Olympique Lyonnes, que eliminó al Arsenal). Su futuro en el club, con el contrato cerca de expirar, está por resolverse. “Todavía falta firmar”, ríe sobre su renovación. Llegó hace siete años y siempre se sintió como en casa. “Hay experiencias aquí que tienes que vivirlas para saber cuánta ilusión te hacen. Voy a intentar repetir esta emoción todas las veces que pueda: nunca sabes cuánto te queda de carrera”, explica. En el campo lo demuestra con su osadía. Fuera es introvertida, siempre alejada del foco. Pero sonríe, habla despacio y se adelanta a las repreguntas con interés genuino en la conversación. “Soy bastante diferente a cómo la gente me ve dentro del campo”, confiesa.


Es un músico popular en todo el sentido del término, pues es conocido y su música se hunde en aquello que nos suena familiar, que parece llegado con las primeras papillas. En consecuencia, hacerse mayor no puede sino favorecerlo; el tiempo otorga cátedra, las palabras suenan más sabias y las canciones se agigantan, pues el público ha tenido aún más tiempo para hacerlas suyas, vincularlas a su vida y convertirlas en catecismos de la vida de barrio. Tal que un Lazarillo de Tormes contemporáneo, sus canciones reflejan la pillería y el gracejo de quien necesita de ambas cosas para vivir, y sus frases, escritas con la poesía a veces tierna, a veces tunante, siempre con la chispa de la frase sencilla, van por la vida en zapatillas, tratándola con doméstica familiaridad. Kiko Veneno tiene 74 años, pero sus canciones no tienen edad. En una nueva gira pasó por Barcelona estrenando algunas nuevas que formarán parte de su próximo elepé, dejando clara su vitalidad, también su carácter y cantando esas grandes verdades de bolsillo que lo hacen único. Kiko Veneno es un reflejo de cómo éramos, la foto de unos tiempos que están capitulando, atropellada su humanidad por velocidades que no dejan ver.
La última vez que los Philadelphia 76ers habían derrotado a los Boston Celtics en unos playoffs, Julius Erving lideraba al grupo en 1982. 44 años después, los Sixers rompieron el maleficio capitaneados por un excelso Joel Embiid y volvieron a ganar a su bestia verde tras remontar lo nunca remontado a la franquicia más laureada de la NBA, un 3-1 en contra al mejor de siete encuentros. El choque definitivo, resuelto por 100-109 en el TD Garden, ensalzó de nuevo al pívot camerunés de 32 años, una sombra de sí mismo por culpa de las lesiones desde que fue coronado MVP de la liga estadounidense en 2023.
A Eros Ramazzoti se llega pronto. Mejor dos horas antes. Y con bocata envuelto en papel de plata porque sus seguidores no reciclaban en el siglo pasado. A Eros se llega, al Palau Sant Jordi de Barcelona, con la esperanza de que cantará las canciones de siempre, las de los 80 y 90, porque de las nuevas se sabe poco. Y el italiano, por suerte, no decepciona. Empieza puntual, a las 21 horas. Y enseguida te recuerda por qué Eros era imprescindible en tu walkman.
El Gran Premio de Miami dará comienzo a la una del mediodía en la ciudad de Florida (19.00, hora peninsular española), tres horas antes de su programación inicial, después de que todas las partes involucradas acordaran este sábado una medida extraordinaria para tratar de sortear el temporal que vaticina las previsiones meteorológicas. Los pronósticos anticipan fuertes lluvias, acompañadas de una tormenta eléctrica, para este domingo por la tarde, circunstancia que provocó que la Federación Internacional del Automóvil (FIA), los promotores locales de la prueba y FOM, el titular de los derechos comerciales del certamen, se reunieran después de la cronometrada y acordaran este cambio en la agenda del día, con tal de disponer de más margen de maniobra para encontrar una ventana en la que poder celebrar la carrera.