Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
La intervención del mercado del alquiler para frenar el auge de los precios choca frontalmente con los intereses de muchos propietarios. Son, precisamente, aquellos con una mayor cartera de viviendas a su cargo quienes evidencian con vehemencia su rechazo ante medidas que pueden limitar los rendimientos de las rentas que perciben a final de mes. Sin embargo, definir fehacientemente el número de propietarios de pisos en alquiler resulta hoy imposible, en tanto que no existe un registro oficial en el que estos nombres aparezcan retratados, ni tampoco sus inmuebles. Aun así, un estudio elaborado por el Ministerio de Consumo, en colaboración con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), estima que, entre los arrendadores que no son personas jurídicas, sino particulares, son ligera mayoría aquellos que alquilan dos o más inmuebles: un 52,8%, por el 47,2% de quienes solo arriendan una vivienda. Si la división se realiza incorporando también a entidades públicas y privadas (como empresas o fondos) al total de caseros, el balance es todavía más favorable a lo que el texto caracteriza como multiarrendadores: 60,8%, frente al 39,2%.
Ser amigo o familiar de un escritor es peligroso: puede que tu vida acabe convertida en material literario.
Entre los temas más recurrentes de la abundante producción literaria de Donald Trump en su red social, Truth, destacan los ataques a la prensa. Raro es el día en el que el presidente de Estados Unidos no la toma con este medio o con aquel periodista. No siempre son esos dardos tan brutales, con todo, como el que lanzó este martes a Elliot Kaufman, un “IDIOTA”, escribió, del consejo editorial de The Wall Street Journal, medio propiedad de su amigo Rupert Murdoch, al que acusó (de nuevo, en mayúsculas), de “haber perdido el norte”. ¿El motivo? Publicar un artículo de opinión titulado Los iraníes toman a Trump por tonto. En él, Kaufman escribe: “En dos ocasiones [Trump] ha anunciado la apertura del estrecho de Ormuz y en dos ocasiones ha cedido la ventaja estratégica de Estados Unidos a cambio. Pese a todo, el estrecho permanece cerrado, mientras el régimen exige más”.

Era día de examen en el colegio masculino de Al Mugayer, una localidad de Cisjordania cada vez más rodeada de asentamientos judíos, cuando los alumnos adolescentes alertaron a los más pequeños: un grupo de colonos israelíes bajaba armado de una loma cercana para atacar el pueblo. Algunos se echaron al suelo, otros corrieron a sus casas y una parte se movilizó para “defender” Al Mugayer, el eufemismo de confrontarlos con piedras. No era algo infrecuente, pero el martes acabó de manera trágica. Uno de los colonos abrió fuego desde la distancia con un arma automática (un vídeo capta el momento, como si practicase el tiro al pato) y mató a dos personas. Aws Nasaan, de 14 años, en un punto a la entrada de la escuela marcado con dos ladrillos, un puñado de flores y sangre seca; y Yihad Abu Naim, uno de los adultos, de 32, que acudió a enfrentarse a los colonos. Varias grabaciones captan el caos y los gritos durante el tiroteo, con la gente poniéndose a cubierto y el sonido lejano de las balas. “Vi al colono: disparaba a todo lo que se movía”, resume uno de los testigos, Mohamad Abu Nayi.


Toda revolución política, grande o pequeña, disfruta en sus inicios de proyectar cierto aire de clandestinidad. El equipo de Zack Polanski (Salford, 43 años), el líder del Partido Verde de Inglaterra y Gales, cita a un reducido grupo de corresponsales extranjeros en la boca de un túnel de acceso a Stonebridge Park, el conocido como Snake Park por la enorme serpiente azul de mosaico que decora su zona infantil. Está en el barrio de Hackney, al noreste de Londres. Es una zona con fuerte tradición de izquierdas, base de movimientos okupas y antifascistas. Territorio del Partido Laborista. Como otras zonas de la metrópoli, hoy repoblada por jóvenes urbanos que en 2016 votaron masivamente (un 79%) en contra del Brexit.
La vida avanza a trompicones en medio de la guerra de Ucrania, como en todas las guerras. Cual protagonistas de un folletín de Corín Tellado, Marina y Andrii mantienen firme su amor en uno de los frentes más activos, el de Donetsk. Eso sí, juntos (en la retaguardia), pero no revueltos (en la trinchera). Comparten batallón en la Brigada 93, pero no están autorizados a trabajar en las mismas posiciones del campo de batalla donde su misión es localizar y derribar drones rusos. Cada uno se sumerge en un agujero diferente en turnos de seis días ―el periodo normal si la situación permite llevar a cabo las rotaciones―, pero, con una autorización especial del comandante, sí comparten vivienda en la ciudad de Kramatorsk durante las jornadas que transcurren más alejados de los rusos mientras han de afrontar otras obligaciones.
En los últimos años, la salud mental ha saltado del ámbito clínico a las conversaciones cotidianas y, sobre todo, a las redes sociales. TikTok, Instagram y YouTube se han convertido en una nueva fuente de “evaluación psicológica”, donde los diagnósticos se explican en vídeos de 30 segundos y la palabra neurodivergente aparece como etiqueta bajo miles de contenidos. El fenómeno tiene una cara positiva: la información llega a mucha gente que antes no tenía acceso a ella. Pero también una consecuencia preocupante: el autodiagnóstico indiscriminado y el uso inflacionario de etiquetas psicológicas que han perdido, en algunos casos, su verdadero significado.
— Enseñar a diferenciar rasgos de diagnósticos: ser sensible, intenso o introvertido no es una condición neurológica.
— Promover valoraciones profesionales completas: una evaluación bien hecha no solo nombra, sino que comprende numerosas historias, contextos y necesidades.
— Recuperar el valor del matiz: no todo lo que duele es un trastorno. No toda diferencia es neurodivergencia.
— Educar en gestión emocional y pensamiento crítico.
— El interés por la neurodiversidad es positivo. Comprendernos es necesario y nombrarnos puede ser útil, pero solo si las palabras mantienen su sentido y no se utilizan como atajos emocionales. La diversidad humana es real, rica y compleja. No cabe en diagnósticos reducidos a vídeos de un minuto.
Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que los directores creativos eran solo diseñadores. Profesionales sensibles con una extraña capacidad para traducir en indumentaria lo que ocurría a su alrededor —aquello de respirar el aire de su tiempo y exhalarlo en forma de ropa— sin que el ejecutivo de turno o el departamento de mercadotecnia coartaran sus acciones y decisiones. Desde la clausura de sus estudios y talleres, dictaban el canon que, al menos durante seis meses, iba a regir la moda con autoridad de oráculo. Hoy, ese oráculo gasta ojeras, acude a terapia, consulta el algoritmo como si no hubiera un mañana antes de elegir hasta un pantone y vive con la maleta hecha, no para buscar inspiración en algún lugar exótico, sino para cumplir con una agenda de trabajo demencial (o por si le dan puerta de repente, que también). Esclava de las cuentas de resultados más que nunca, rendida a la codicia galopante de unos pocos (pero poderosos) y devenida maquinaria de contenido que amenaza con devorar sus propios cimientos, la industria del vestir no solo está en crisis, sino que acusa, sobre todo, una metamorfosis traumática. Tanto que los desafíos que afrontan sus creadores ahora mismo, de los tótems que pilotan transatlánticos de lujo a los independientes que hacen encaje de bolillos para sobrevivir en un mercado dominado por grandes conglomerados, han dejado de ser estéticos para volverse existenciales.

Contar con la presencia de agentes de los Mossos d’Esquadra en los institutos como forma de disuasión ante conflictos o episodios de agresiones y como figura de mediación en casos de violencia. Este es el espíritu de la iniciativa, bautizada provisionalmente por los Mossos como Plan Integral para la Seguridad y el Bienestar en el entorno educativo (EDUSEG), impulsado por el Departamento de Educación y el cuerpo policial, que se pondrá en marcha este mes de forma experimental en 13 centros de secundaria catalanes. Según consta en el plan al que ha tenido acceso este diario, los agentes irán de paisano y sin arma, su presencia será estable —no es una visita puntual para realizar una charla, sino que contarán con un espacio en el centro—, y se coordinarán con las direcciones para desarrollar programas de prevención.

El exdiputado popular y abogado Jorge Trías, pieza clave para que salieran a la luz los llamados papeles de Bárcenas (esa “libretita” que tanto traía de cabeza a María Dolores de Cospedal), solía recordar una frase que le dijo Mariano Rajoy para resumir su visión sobre la política. “Mira, Jorge”, le espetó el entonces presidente del PP: “La política es como un junco, cuando viene el ciclón hay que inclinarse, y cuando pasa, vuelves otra vez a tu lugar habitual”. Una metáfora que Rajoy, jefe del Gobierno durante la operación de espionaje activada en 2013 en el seno del Ministerio del Interior contra Luis Bárcenas, vuelve a practicar desde que comenzase el juicio sobre el caso Kitchen a principios de abril. Después de que su partido lo exhibiese hasta el mes pasado, cuando se sumó a la campaña de las elecciones de Castilla y León, el antiguo líder conservador se ha inclinado ahora para dejar pasar la tormenta que supone la vista oral. Sin embargo, este jueves tendrá que asomar la cabeza: está citado a declarar como testigo.
Además de a Mariano Rajoy, el tribunal prevé interrogar este jueves a otros cinco testigos: a María Dolores de Cospedal, ex secretaria general del PP y exministra de Defensa; a Juan Ignacio Zoido, ministro del Interior de 2016 a 2018 (tras Jorge Fernández Díaz); a José Luis Ortiz, quien fuera jefe de gabinete de Cospedal; y a Ignacio Ulloa y José Antonio Nieto, que fueron secretarios de Estado de Seguridad (el primero, antes de Francisco Martínez, también acusado; y Nieto, después).