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El capital ha encontrado una nueva oportunidad de negocio en el alquiler flexible y temporal en España, un segmento en el que ya ha invertido más de 3.500 millones de euros desde 2020, según los datos de CBRE. Y tiene cuerda para más: “Hay un elevado interés inversor, con más de 4.000 millones de euros disponibles que podrían traducirse en hasta 8.000 millones de inversión total en los próximos siete años”, dice Stefano Somoggi, director de Flex Living en la consultora.

Basilea (Suiza) es la ciudad de los precios imposibles. El principal acontecimiento es su mítica feria de arte. Hubo años en que los aviones privados casi ni cabían en el aeropuerto y en los pasillos era sencillo cruzarse con Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Angelina Jolie, Jon Landau —quien atesora una extraordinaria colección de escultura renacentista y es el representante de Bruce Springsteen— o el músico Eric Clapton, con presupuesto millonario suficiente para comprar obras del pintor alemán Gerhard Richter. Esto fue hace tiempo. Los estadounidenses han desaparecido. El año pasado no se permitió la entrada en el país a algunos coleccionistas de América Latina. Y el omnipresente artista chino Ai Weiwei fue repatriado a Alemania. El país se enroca.
“Estados Unidos ha generado una riqueza enorme en los últimos 150 años, y esto, unido a una cultura orientada al consumo, ha creado una base de coleccionistas muy sólida y arraigada”, defiende Monica Heslington, responsable de asesoramiento sobre arte y objetos de colección de Goldman Sachs Private Wealth Management. Alrededor surgen ecosistemas de analistas, gestores de colecciones, abogados expertos en estos bienes, y además hay financiación dedicada a la compra de piezas. A esto se suman ventajas fiscales que están unidas a la filantropía. Y a esto se añade la ausencia de leyes de patrimonio cultural [como hay en España, Italia o Alemania] que limiten o dificulten las ventas de obras. Laissez faire, laissez passer.
Repiquetea la copa de cristal con sus uñas largas de guitarrista. A Yerai Cortés (Alicante, 30 años) le encanta la decoración del Botín, nos dicen al llegar. Tras ver los cochinillos y probar el jamón, propone quedarse a comer en el restaurante más antiguo de Madrid. No podrá. Una avalancha de turistas invade el local y antes de que adviertan la presencia de un real flamenco star salimos pitando a una terraza donde sirven nachos con queso naranja fosforito. Nada más reanudar la entrevista un músico itinerante se arranca con un tema de Los Panchos. “Solo falta que nos cague una paloma y acabemos todos abrazados”, bromea el músico. “Al menos hay sol”.
Todo empezó a orillas del Canal de la Mancha. John Gillard se recuerda con apenas 11 años recorriendo el sendero que se alejaba del mar y conducía, entre una marea de camisetas, bufandas y banderas azules y blancas, al sobrio y vetusto Goldstone Ground, en el corazón de la villa de Hove. En ese estadio centenario, destruido en 1997 y hoy sustituido por un centro comercial, disputaba sus partidos el Brighton & Hove Albion, las míticas gaviotas, orgullo de Sussex, el equipo de Gary Stevens y Gordon Smith.
Bogotá es un caos. Un caos delicioso y apasionante, pero caos, al fin y al cabo. Para empezar, hablamos de 1.776 kilómetros cuadrados de megalópolis (Madrid tiene 604 y Barcelona, 102), parcelada en 20 localidades (una especie de distritos), que se subdividen en 1.922 barrios. Tantos que ni siquiera los taxistas más avezados han oído hablar de algunos. En cuanto a población, las cifras oficiales suman casi ocho millones de habitantes. Las extraoficiales hablan de más de 12 millones.
A Silvia Abascal (Madrid, 47 años) la conocimos siendo casi una niña en la televisión de los noventa, cuando el país entero miraba los mismos canales y los rostros se volvían familiares al instante. Tres décadas después, su presencia evoca la constancia, el rigor y, como ella misma asegura, “el pico y la pala” de las mejores intérpretes. Se ha incorporado ahora a la nueva temporada de Entre tierras (Atresplayer), una de las series más vistas de los últimos años, con un personaje clave del que no quiere adelantar ningún detalle. Una discreción coherente con su forma de entender la profesión: “Cuanto más tiempo pasa, mayor es mi respeto por este oficio”.

Hay lugares de Ucrania a los que probablemente no podré regresar. Lugares que la guerra arrasó o que quedaron bajo ocupación rusa. Uno de esos lugares es la granja de Oleksander.



A tres días de que se cumpla un año del apagón que dejó sin suministro eléctrico a la península Ibérica, el próximo día 28, y para evitar la prescripción del plazo de un año para presentar cualquier reclamación económica por el incidente, muchas de las grandes compañías afectadas ya han tomado la primera medida. Concretamente, han enviado o estarían ultimando una carta formal (burofax) a todas o a algunas de las compañías a las que la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) abrió una veintena de expedientes sancionadores la semana pasada por supuestos incumplimientos de la Ley del Sector Eléctrico (LSE), algunos de los cuales, podrían derivar en una sanción ligada al suceso.
“Los audios han tenido un impacto demoledor. No podía no hacer lo que ha hecho”, asegura un ejecutivo del sector eléctrico a la vista de los expedientes incoados por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) sobre el apagón acaecido en España el pasado 28 de abril. Aunque en apariencia los 20 casos abiertos inicialmente -19 a instalaciones de las empresas y uno a Red Eléctrica (REE)- reparten las culpas, hay un señalamiento al operador de red, en tanto se le imputa una presunta infracción “muy grave”, mientras que el resto de actores tendrán que responder por actuaciones solo “graves”. La cuestión no es baladí. El primer escenario implica, según reza la ley del sector eléctrico, un incumplimiento de funciones que derivaron “en perjuicios al suministro”. El segundo incluye presuntas infracciones en las que “no concurren las circunstancias de riesgo de garantía del suministro o peligro o daño grave para las personas, bienes o medio ambiente”. Sin prejuzgar el desarrollo de los expedientes y su conclusión, la CNMC hace de origen una calificación preliminar que deja mejor parados a unos que a otros.