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A todas las personas que no quieren subirse en ningún tren de actividad estos días. A todas las que han pagado una fortuna por los billetes de avión a un paraíso muy lejano y se dan cuenta, ya en el aeropuerto, de que hay demasiadas maletas, demasiada gente, demasiada comida desperdiciada en las bandejas. A quienes sienten que nos organizamos cada vez mejor para dar una patada al planeta cada vez más fuerte. A quienes les duele el golpe. A los que llegan al destino todavía ilusionados y se encuentran en un rincón del Mediterráneo rodeados de cientos de tiendas idénticas cargadas de los mismos souvenirs de aeropuerto que acaban de dejar atrás. A los que no se rinden y buscan esa foto que justifique todo el esfuerzo y el gasto y las depilaciones y la crema solar protectora que nos recuerda que todo da cáncer, hasta el mismo sol, hasta respirar da cáncer. A quienes suben esa foto que confirma lo que más temían, que las vacaciones ya no sirven para descansar sino para demostrar que has descansado. También a quienes anuncian en Instagram que se cogen unos días, a quienes aseguran que la desconexión es el nuevo lujo e informan de sus escasos días libres de redes como si fueran trabajadores del scroll infinito, tal vez esclavos si es que nadie paga por su trabajo. A todas las poblaciones locales que no pueden alquilar una casa en su tierra porque algún veraneante pagará más por estar menos. A todos los que decidieron salir corriendo de sus ciudades y están parados en medio de no sé qué restaurante o no sé qué parking o no sé qué carretera porque el descanso en 2026 se choca con el muro de la logística. A todos los refugiados climáticos que ya no buscan dónde ir de vacaciones sino dónde queda una esquina para respirar. A mi amigo Rafa, que va a pasarse todo agosto esperando unos pulmones compatibles con una segunda oportunidad para vivir. A todas las personas a quienes la enfermedad les interrumpió la vida este verano. A quienes se enfrentan a un vacío difícil de llenar porque tienen un agujero que solo se puede tapar con un sentido que ya no encuentran. A quienes saben que el sentido a veces coge vacaciones. A todas las parejas que tuvieron la última discusión con este calor y a quienes aún no la han tenido pero la tendrán, a todos los que van a cumplir con la estadística del desamor estival. A aquellos que regresan al mismo mar de todos sus veranos para encontrarse con los niños que fueron en la orilla. Y a quienes se han dado cuenta de que el mar ya no es el mismo de aquellos veranos porque la temperatura ha subido como dos grados y el niño está febril y el mundo enfermo. A todos los que saben que cuando se interrumpe el sentido es obligatorio inventarse uno nuevo, una vida nueva, un verano nuevo. A los valientes que siguen intentándolo. A quienes se animan a tener una buena conversación debajo de un árbol o de una estrella porque saben que nada es tan fascinante ni da tanto miedo ni tanto placer ni nos lleva tan lejos como acercarse a otro ser humano. A los que se atrevieron a hacerlo un verano que aún recuerdan y volverán a hacerlo un verano más. A todos los que leyeron hasta aquí. Vuelvo en septiembre.
ChatGPT no es alguien, es algo experto en comportarse como alguien, como alguien, digamos, polimorfo, ya que puede adoptar, a gusto del consumidor, el comportamiento de un ingeniero nuclear o de un repartidor de pizzas; de una filóloga sueca o de un psicoanalista argentino; de un cura católico o de un vendedor de urnas funerarias. Se comporta, en fin, igual que una prótesis mental capaz de pensar como nos plazca. Y todo ello a la hora que le apetezca a usted, usuario, usuaria (puto genérico incapaz), durante los 365 días del año y en el idioma que se le solicite. Responde de madrugada con la misma corrección que a las nueve de la mañana, disponibilidad que, unida a lo dicho, y hablando con sinceridad, nos parece algo obscena. Le preguntaremos luego si, en lo profundo, no es más que un artefacto pornográfico.
El pensamiento contemporáneo puede suceder en oscuros seminarios, sesudos congresos, papers académicos o ensayos que leen y discuten solo los más cafeteros. Pero hay autores que brincan fuera de esos círculos y llegan a un público más general, entre el que levantan pasiones. El 26 de septiembre de 2025 Judith Butler, icono del pensamiento contemporáneo y pilar fundamental de la teoría queer, compareció en el Museo Reina Sofía, en Madrid, en conversación con el periodista Joseba Elola, para celebrar el décimo aniversario de este suplemento Ideas. “Estamos viviendo una restauración del patriarcado y el racismo”, fue el titular de la crónica publicada. Para recibir a Butler se formaron grandes colas, muchos se quedaron fuera y su charla transcurrió entre un atronador silencio atento, frecuentes ovaciones y hasta gritos propios del fenómeno del fan. Al finalizar, el auditorio completo se puso en pie.
Tras una larga comida con empresarios del sector de la energía, Alfonso Rueda (Pontevedra, 1968) llega a su despacho en los edificios administrativos de San Caetano. Ilusionado con el desembarco del fabricante chino de motor SAIC, el potencial eólico y el próximo Xacobeo, insiste el presidente gallego en que “vende tranquilidad, estabilidad política y jurídica”. En Galicia “se puede invertir y cada vez está más de moda”.
Alfonso Rueda Valenzuela. Político en las formas y de carrera, responde diplomáticamente con frases concisas: “Prefiero cortarme yo a que me corten”. Como tantos hijos, desoyó a su padre, antiguo dirigente de Alianza Popular, que le aconsejó no entrar en política. Licenciado en Derecho por la Universidad de Santiago, es funcionario de la Administración local. Ejerció de secretario en los ayuntamientos de Cervantes, A Cañiza y Cambados.
Lleva 33 años en el PP, fue miembro de Novas Xeracións y presidente de la organización en Pontevedra desde 1993. Ejerció como consejero de Presidencia, Administraciones Públicas y Justicia en abril de 2009 y como vicepresidente en 2012, lo que lo convirtió en mano derecha de Feijóo. En el año 2020 fue nombrado vicepresidente primero y consejero de Presidencia, Justicia y Turismo.
Desde mayo de 2022 preside la Xunta. Turismo es su niña bonita. En lo personal está casado y tiene dos hijas. Aficionado a la moto, este verano prevé pasar una semana de vacaciones de ruta por el norte de España y otra en la playa gaditana, si los incendios no le vuelven a dejar sin descanso estival.
Alvise Lennkh-Yunus (Viena, 1986) analiza la convulsa actualidad geopolítica y financiera mundial a través del prisma del riesgo soberano. Este austríaco criado en España, responsable de ratings soberanos y del sector público de la agencia de calificación financiera alemana Scope, asegura que ya contaba con la reanudación de la tensión bélica entre Estados Unidos e Irán, lo que obviamente va a impactar en el crecimiento y la inflación, y no tiene dudas en calificar de burbuja las valoraciones entorno a la inteligencia artificial. De hecho, cree posible una corrección por los excesos de la IA, lo que tendría efectos inevitables en el coste de financiación y en una deuda soberana ya vulnerable, en especial la estadounidense.
Durante la entrevista, en un hotel barcelonés, Ulli Lust (Viena, 58 años) habla, entre risas, sin filtro alguno: “¡Porra! Me tendría que haber lavado el pelo para las fotos”. Esa frescura la retrata. Ha contado su vida sin omitir partes oscuras. Aprender que solo el 10% de las figuras de la edad de hielo eran masculinas le hizo investigar. El resultado es un cómic que rescribe la historia.
“Nuestras puertas del siglo XVIII están abiertas”. Desde hace unos meses, es el mensaje con el que recibe la página web de uno de los templos religiosos más famosos de Londres, buscando volver a posicionarse estratégicamente como la catedral del pueblo. Así lo fue cuando San Pablo levantó la moral de la ciudadanía en plena Segunda Guerra Mundial –el edificio salió airoso de los bombardeos del Blitz-, y así lo resalta su actual directora ejecutiva Emily MacKenzie en el portal de la institución: “Tanto si alguien viene en busca de Dios, de descanso o simplemente de belleza, queremos que sepa que aquí le daremos la bienvenida”. Aunque no a la antigua usanza. Al acceder al recinto ahora, lo que el visitante descubrirá es la nueva imagen de marca que la catedral presentó el pasado marzo para reforzar su discurso, firmada por el diseñador Domenic Lippa de la prestigiosa agencia Pentagram.
Hace ya un tiempo que la kombucha se ha convertido en una opción más para quienes buscan una alternativa a los refrescos tradicionales o a las bebidas alcohólicas —aunque tiene una pequeña cantidad de alcohol, producto de la fermentación, que suele estar por debajo del 0,5%—, gracias a una variedad cada vez más amplia de sabores, obtenidos a partir de frutas, hierbas y flores, y a las múltiples propiedades beneficiosas que se le atribuyen.

Cualquiera que pise el barcelonés barrio de El Born por primera vez en dos décadas apenas sabrá orientarse. El trazado de las calles, que empezaron a formarse en el siglo XI, sigue siendo el mismo, pero si alguien tomara en cuenta los clásicos puntos de referencia, como bares, carnicerías u otros locales comerciales, andaría sumamente perdido porque mucho de todo aquello ya no está. Ese tsunami de cambios debidos al auge del turismo que bañó primero El Born ha terminado por afectar al resto de barrios colindantes: Sant Pere, Santa Caterina y La Ribera. El Pony, un bar que abrió hace 20 años, vive hoy para contar su historia, que es también la de la transformación de un barrio a mano de las modas.

