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En el autobús: alguien pulsa el botón de la parada y deja ver unos hoyuelos en las uñas. En el trabajo: las descamaciones del cuero cabelludo se vierten sobre el teclado. En el gimnasio: el pantalón corto muestra unas placas rojas en las rodillas. Es psoriasis, es la psoriasis que se ve, “esa persona tiene psoriasis”, se dirá. Sí. Pero es solo la manifestación visible de esta enfermedad inflamatoria inmunomediada (IMID). La psoriasis se mete en la cabeza, puede afectar psicológicamente a quien la padece, y llega la falta de autoestima, aparece la ansiedad, incluso la depresión. O se desencadena la artritis psoriásica, una dolencia que ataca las articulaciones, los tendones y la columna, y que sufren entre el 20% y el 30% de los pacientes. Sobrepeso, también, un 30% lo tienen. Y diabetes. Hipertensión. Enfermedades intestinales, oculares.
Joan Matji (Lesoto), directora global de Nutrición y Desarrollo Infantil de Unicef, considera que como sociedad hemos fallado a niños y adolescentes al permitir que estén rodeados de alimentos ultraprocesados y poco saludables donde viven, estudian y juegan. “Creo que estamos ante un problema muy serio”, mantiene en una entrevista con EL PAÍS en Madrid, donde participa en la Cumbre Mundial sobre Obesidad, que del 26 al 28 de octubre reúne a gobiernos, personas con obesidad, jóvenes y representantes de la sociedad civil para evaluar los progresos y acordar prioridades en la lucha contra esta enfermedad crónica de aquí a 2030. Para ella, el aumento de los niños con sobrepeso y obesidad va más allá de ser un asunto sanitario, sino que “es el resultado de un fracaso de los sistemas y los entornos alimentarios en los que crecen los niños”, que, además, tiene un alto coste económico para los Estados. “La prevención es mucho más barata que el tratamiento”, explica Matji, que apuesta por una combinación de medidas, que pasan por facilitar el acceso a dietas saludables, educación y una mayor regulación.

Inés Francisco (Zaragoza, 16 años) andaba dándole vueltas: ¿tendré que dejar el baloncesto? Las ganas seguían intactas, ella disfruta jugando en el CB Zaragoza. Pero un miedo lícito empujaba en dirección contraria: quiere estudiar Medicina, el curso próximo afronta la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) y la nota media que necesita es altísima. ¿No interferirán las horas de entrenamiento con el tiempo de estudio?



