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Pocas veces un parpadeo había dado para tanto como este sábado en Hungría. Las doce milésimas que separaron a Lando Norris de Lewis Hamilton al finalizar la tercera criba de la cronometrada le permitieron al piloto de McLaren celebrar su primera pole position como campeón del mundo; rompieron la hegemonía de Mercedes, que las acumulaba todas desde que comenzó la temporada, y también le negaron a Hamilton la posibilidad de firmar otro récord histórico, el que le habría acreditado como el único capaz de arrancar sin tráfico diez veces en un mismo circuito. En un fin de semana en el que Ferrari se había colocado como la referencia si nos guiamos por los ensayos libres del viernes y el sábado emergieron con fuerza tanto Norris como McLaren, que desplazó hasta Budapest un camión de mejoras para su monoplaza –cinco componentes aerodinámicos nuevos se contabilizaron en el MCL 40–. El último golpe de riñón del corredor de Sommerset (Gran Bretaña) le sirvió para birlarle la gloria del sábado a su compatriota por un margen irrisorio, doce milésimas, algo inapreciable al ojo humano a la velocidad a la que circulan estas bestias.
El incendio declarado este sábado por la mañana en La Vall d’Uixò (Castelló) sigue descontrolado por la noche, avivado por el fuerte viento de poniente, la escasa humedad y el calor abrasador. El fuego ha obligado a desalojar hasta el momento a unas 15.000 personas de 15 municipios del sur de la provincia de Castellón, cinco de ellos ubicados integramente en el interior del parque natural de la Sierra de Espadán.


Una red de hilos invisibles conecta a los directivos y consejeros de las grandes compañías españolas. El haber pasado por ciertas consultoras empresariales de élite, escuelas de negocios o puestos de la Administración abre más puertas que cualquier agencia de cazatalentos. Abogados del Estado en excedencia en los consejos de administración de empresas del Ibex, exdirectivos de la firma McKinsey en los despachos más poderosos del sector financiero y antiguos alumnos de Icade o del IESE ocupando puestos relevantes en multinacionales muestran esa red de influencias —tan sutil como tenaz— que se ha ido tejiendo en las élites empresariales.
La formación de las élites económicas y administrativas sigue patrones distintos según los países, pero en todos los casos existe una combinación de mérito académico, redes de contactos y mecanismos de selección social. Francia representa el ejemplo más acabado de un sistema de reproducción de élites a través de instituciones educativas específicas. Durante décadas, la École Nationale d'Administration (ENA), clausurada en 2022 y sustituida por el Institut National du Service Public, y la École Polytechnique actuaron como auténticas canteras de la alta función pública y de la dirección empresarial. De sus aulas han salido presidentes de la República, ministros, altos funcionarios y dirigentes de algunas de las mayores empresas del país. La singularidad francesa radica en la estrecha conexión entre Estado y grandes empresas. Muchos graduados de estas grandes écoles comienzan su carrera en la Administración y más tarde pasan a ocupar puestos de responsabilidad en grupos industriales, energéticos o financieros. Grupos como AXA, Société Générale, BNP Paribas, Carrefour, Orange o Vivendi han tenido como máximos directivos a personas formadas en estas escuelas.
Este fenómeno ha llevado a numerosos sociólogos e historiadores a describir estas instituciones como una suerte de "nobleza de Estado" o "nobleza funcionarial": una élite legitimada por exámenes competitivos y el rendimiento académico, pero que al mismo tiempo concentra una parte importante de las posiciones de poder. El sociólogo y profesor de Economía Andrés Villena considera "natural" que cada país cree sistemas específicos para acceder al poder, "como una de herramienta para garantizar la pervivencia del Estado". Según explica, "los primeros en desarrollar estos métodos de selección de élites fueron los chinos, con la figura de los mandarines hace 15 siglos".
En el Reino Unido, la lógica es diferente, aunque también existe una fuerte concentración. Las universidades de Oxford y Cambridge, conocidas conjuntamente como Oxbridge, siguen desempeñando un papel central en la formación de las élites políticas, jurídicas y empresariales. Su influencia se ve reforzada por la tradición de los colegios privados de prestigio, como Eton o Winchester, que sirven con frecuencia como antesala de las universidades más selectivas. A diferencia de Francia, donde el Estado ocupa una posición central, el modelo británico está más vinculado al peso de las finanzas, las profesiones liberales y las redes sociales construidas durante la formación. En Alemania, las élites económicas proceden con frecuencia de universidades técnicas, escuelas de ingeniería y de un sistema de formación profesional muy desarrollado. El acceso a la dirección empresarial suele estar menos concentrado en un pequeño grupo de instituciones.
Estados Unidos presenta una estructura más abierta y descentralizada, aunque no por ello menos jerárquica. Universidades como Harvard, Stanford, Princeton, Yale o el MIT mantienen una influencia considerable en las firmas de Wall Street, las empresas tecnológicas de Silicon Valley y las grandes corporaciones. Sin embargo, el emprendimiento y la movilidad geográfica permiten trayectorias más diversas que en Europa.
La fiscalía federal belga ha confirmado este sábado la detención de una mujer de nacionalidad canadiense y origen chino que realizaba unas prácticas en el cuartel general militar estratégico de la OTAN (el SHAPE por sus siglas en inglés), situado en Mons, al suroeste de Bélgica. La mujer, que ingresó en prisión preventiva el viernes, está siendo investigada por espionaje en beneficio de un país tercero y por participación en una organización criminal, según el escueto comunicado difundido por el Ministerio Público, que no ha revelado ni su identidad ni el país para el que presuntamente trabajaba.
En la misma recta de Alpe d’Huez en la que Pogacar, su maillot amarillo manchado de sal a corros, sal de sudor de trabajador, se abraza con su amigo de blanco, Del Toro, y se sonríen, y festejan uno al lado del otro mientras pedalean, hermanos, hasta la meta de la penúltima etapa de un Tour magnífico, hace 40 años Bernard Hinault había protagonizado una escena similar para firmar su capitulación final ante Greg LeMond de amarillo generoso, compañero en La Vie Claire, que ganaba el que habría sido el sexto Tour del bretón. Llegaron juntos y solos, delante de todos, a la última recta, abrazándose y riéndose y, después de pactarlo, Hinault cruzó la rueda media rueda por delante del norteamericano. Es uno de los clips más repetidos en todas las plataformas de la historia del Tour. Un símbolo de compañerismo. “Un símbolo de nada”, decía años después, siempre sincero y hablador, el bretón. “Fue todo un paripé. Solo la circunstancias hicieron que tuviéramos que llegar juntos”.