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Como EL PAÍS no tolera crónicas deportivas de boxeo, voy a regatear el Tchouameni versus Valverde. Lo salvaré por elevación.

Un viaje a Bali (Indonesia) le abrió el apetito emprendedor a Lydia Nieto (Málaga, 43 años). Trabajaba en el área de gestión de pagos en una startup tecnológica en Barcelona, vinculada a proyectos alimentarios. Hasta entonces, su relación con la comida era sencilla: le gustaba comer, pero valoraba más la experiencia que rodea a un plato. Lo explica así: “Para un niño, ir a McDonald’s es una gran experiencia, más allá de la comida, por todo lo que hay alrededor. Por ejemplo, a mí no me gustaba la comida japonesa, pero me encantaba el ambiente, la experiencia que se vive en un restaurante de este tipo. Eso es lo que siempre me ha llamado la atención”.



La detección y el diagnóstico de condiciones del neurodesarrollo como las altas capacidades intelectuales, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o los trastornos de espectro autista (TEA) —frecuentemente agrupadas bajo el término, ya popularizado, de neurodivergencia— han aumentado significativamente en los últimos años. En concreto, en España, en los últimos 10 años los diagnósticos de trastornos del espectro autista han aumentado en torno a un 300% y la identificación de las altas capacidades intelectuales aproximadamente un 254%, según datos publicados el pasado mes de abril por el Ministerio de Educación.
René Lalique era un niño que veraneaba en la campiña de Champaña cuando su abuelo le dio a conocer la naturaleza y sus misterios: aquel chaval curioso tenía una pasión, dibujar, que se acabaría convirtiendo en un oficio. En 1880, después de pasar dos años en Londres, donde asistió a clases de dibujo profesional, regresó a Francia y se instaló en París, donde trabajó para grandes de la joyería como Jacta, Aucoc, Boucheron, Cartier, Renn o Hamelin o Destape. Cuando a los 25 años su colega Jules Destape le vendió su taller se inició una tormenta perfecta cuyos resultados han atravesado la historia del arte hasta llegar a las salas de la Fundación Barrié, en A Coruña. Allí, hasta julio, se exponen los grandes logros de este genio que empezó su carrera comercial diseñando adornos de diamantes pero que muy pronto empezó a experimentar con materiales y técnicas a los que nadie había prestado atención: de cuerno a esmaltes pasando por piedras semipreciosas.
Como ya es sabido, los ritmos de la justicia son muchas veces imprevisibles, lo cual no merma las consecuencias de sus decisiones, sino que en ocasiones las acrecienta. Uno de los fallos más importantes que tiene pendiente el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) es el relativo a las impugnaciones del Tribunal de Cuentas y la Audiencia Nacional contra la aplicación de la ley de amnistía al líder de Junts, Carles Puigdemont, y otros impulsores del proceso independentista catalán. La cuenta atrás empezó en septiembre de 2024, cuando se presentaron en Luxemburgo —sede de aquel tribunal— las correspondientes cuestiones prejudiciales sobre el caso.
Clara Chappaz (Paris, 1989) es la embajadora de Francia para Asuntos Digitales e Inteligencia Artificial (IA), exministra del ramo hasta el pasado mes de octubre. En diciembre, el presidente francés, Emmanuel Macron, le encargó la misión de lograr un consenso internacional para avanzar en una regulación sobre la protección de los menores ante los riesgos de las redes sociales. Francia va a prohibirlas a los menores de 15 años a partir de septiembre, cuando se acabe de tramitar la ley en curso. Será el primer país de Europa en hacerlo, el segundo en el mundo, tras Australia. “En un contexto geopolítico convulso, si hay algo que consigue reunirnos en torno a una mesa es la protección de los menores”, dice.
Mulay (título de señor) Hasán ben Mohamed el Alauí, príncipe heredero de Marruecos, intensifica su aprendizaje para reinar tras las convalecencias del rey Mohamed VI, intervenido de una fractura en el hombro a finales de 2024 y aquejado de una dolencia lumbar a comienzos de este mismo año. Poco antes de cumplir 23 años este viernes, el monarca ha designado a su primogénito para uno de los más altos cargos militares del país magrebí, mientras impulsa para que le represente cada vez con mayor frecuencia en actos oficiales relevantes.
La casa es un lugar de paso. Las viviendas se quedan, las personas se van. Lo hemos leído, y visto en el cine, tanto como en nuestra propia vida: nadie sabe de nosotros tanto como nuestros pisos. Las casas nos conocen. Sin hablar, las paredes guardan memoria. Son testigo, al principio, de cómo querríamos vivir. Terminan sabiendo cómo hemos acabado viviendo. Ese recorrido vital lo describen pavimentos y ventanas. También los muebles revelan elecciones, dudas y, con los años, descuidos. En una casa cuesta ventilar el sobreesfuerzo, que deja ver su cuidado, tanto como la nostalgia que encierran sus estancias o incluso la pereza que trasluce su mantenimiento. Por eso, cuando una vivienda cambia de manos, no cambia exactamente de vida.
El anatomista Takeshi Yoro tiene 88 años y pasó 30 de ellos haciendo autopsias en la Universidad de Tokio. Cuando dejó la docencia, en 1995, se dedicó a investigar el cerebro humano y su relación con el cuerpo. Y a coleccionar insectos. En 2003 publicó El muro de la ignorancia (Baka no Kabe), que ahora edita en España Taurus, donde sostenía que la intransigencia humana no es un defecto moral, sino una condición neurológica: el cerebro, ante cualquier información que contradiga sus certezas, no la procesa —actúa como si no existiera—. Tenemos mucha información, explica en el libro, pero no nos entendemos entre nosotros por la existencia de un “muro invisible” hecho de prejuicios, sesgos, autosuficiencia y falta de escucha. Vendió cuatro millones de ejemplares en sus primeros dos años, convirtiéndolo en una celebridad que explicaba operaciones matemáticas en programas de variedades y en auditorios repletos de familias. Sus críticos señalan que Yoro no siempre escapa a su propio diagnóstico: fumador declarado de más de 20 cigarrillos diarios, negó durante décadas cualquier relación científica entre el tabaco y el cáncer de pulmón; en 2024 publicó un ensayo donde contó que padecía exactamente ese cáncer. En la Exposición Universal de Osaka fue presentado el Profesor Yoro IA, un doble digital alimentado con sus más de 200 libros.
El 8 de mayo de 2025, justo después de su elección como papa, cuando arreciaban las guerras de Gaza y Ucrania, León XIV clamó desde el balcón de la basílica de San Pedro: “¡Basta de guerras!”. ¿Cuántas guerras terminaron aquel día? Ni una sola. Ahora bien, si Netanyahu y Putin hubieran dado una orden, las masacres en Gaza y Ucrania hubieran cesado de inmediato. Eso es el poder político: el poder real, duro, ejecutivo. A veces parece olvidarse que el Papa no tiene ninguno, y que el tiempo de los papas guerreros pasó a la historia. Es verdad que el Papa sigue siendo jefe de un Estado, y además un Estado teocrático; pero es una verdad matizable, sobre todo si se recuerda que el rancho medio de Estados Unidos posee cuatro veces más extensión que el Vaticano, cuyo número de habitantes equivale a menos del 1% de los trabajadores de Mercadona. O sea: más o menos como Irán o Arabia Saudí, Estados teocráticos por excelencia.