Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
Quejarse puede salir caro en una residencia de mayores en Madrid. Lo sabe, al menos, una docena de usuarios y familiares que denuncian que han sido expulsados o sancionados tras protestar por las malas condiciones en las que viven en estos centros. La solución casi siempre es la misma: amenazas de traslados forzosos que en algunos casos se han terminado concretando, según familias y asociaciones en defensa de los residentes, que interpretan estas medidas como “represalias” por visibilizar ―a veces públicamente, a veces solo ante la dirección del centro― el deterioro que sufren estos centros. La situación se ha convertido en una especie de patrón, pero las residencias se desmarcan y se escudan en supuestos incumplimientos del régimen interno disciplinario por parte de los residentes o familiares involucrados y niegan rotundamente cualquier tipo de venganza.

Hace 20 años Marbella saltó por los aires. Desde entonces, nada es lo mismo en la Costa del Sol. La Operación Malaya contra la corrupción urbanística acabó con un sistema de incumplimiento sistemático de la legalidad que nació con la llegada de Jesús Gil a la alcaldía y acabó con la detención de un centenar de personas. Aquel trabajo policial supuso la disolución del Ayuntamiento, primera y única vez que esto ha sucedido en democracia. También un antes y un después para todo el litoral malagueño, que dos décadas más tarde ha conseguido liberarse de la imagen de corrupción, pero se enfrenta a nuevos retos ante un crecimiento que parece infinito. Entre ellos, la escasez de recursos naturales, los problemas de movilidad o el crimen organizado. De fondo, la falta de vivienda y la masificación turística, que va ya mucho más allá del verano en estos casi 150 kilómetros de urbanización continua donde viven 1,3 millones de personas. Y cuyo nuevo centro de gravedad se ha desplazado hacia Málaga, paradigma de este litoral.




Leila Slimani pasa días felices en Madrid, donde ha disfrutado de una residencia en el Museo del Prado que le ha permitido conocerlo a fondo para sumergirse en la escritura de un relato sobre este lugar. La autora francomarroquí, nacida en Rabat, en 1981, recorre con pasión la sala de las Pinturas Negras de Goya, donde ve a Elon Musk o a Donald Trump en los demonios que aleccionan a las masas. Ganadora del Premio Goncourt, ha rematado la trilogía El país de los otros (Cabaret Voltaire), que aborda las complicaciones y riquezas de una familia mixta como la suya, con caminos de ida, vuelta y extrañamiento entre culturas.

De forma inconsciente, Mario Rielo adoptaba ciertas posturas para que no se notara su malformación pectoral. En la playa, en la piscina, cuando se quitaba la camiseta, levantaba un brazo y se tocaba la nuca. El gesto estiraba el pecho, igualaba un poco la silueta, disimulaba la hendidura que tenía en un lado del tórax desde niño. “Me di cuenta con los años. No lo hacía pensando: no quiero que se me note esto. Directamente lo hacía”, cuenta ahora, cuatro meses después de la cirugía de reconstrucción que le hicieron en el hospital Gregorio Marañón de Madrid, con una prótesis a medida hecha en su laboratorio 3D.


Conocí a un urbanista que me dijo: “Nos hemos olvidado de construir ciudades”. Se refería a la odiosa comparación entre los centros urbanos, o incluso los cinturones obreros (una ciudad densa, con mezcla de usos y de gentes, con bares, con tiendas, con cierto ajetreo), y los nuevos desarrollos periféricos.


La tensión para reclamar mejoras laborales en los servicios públicos de Cataluña va en aumento desde hace meses. Además de las huelgas de los profesores y maestros —este jueves tendrá lugar la primera jornada de la nueva tanda de paros previstos en la educación para estos meses de mayo y junio—, y de los médicos —la última jornada de huelga fue el 27 de abril—, Cataluña va sumando un reguero de protestas en distintos servicios municipales que presionan la gestión pública de los municipios a un año de las elecciones en los Ayuntamientos. En la profusión de huelgas en servicios sociales de Barcelona, en el servicio de limpieza de Girona o en diferentes empresas que gestionan servicios públicos en diversas localidades hay dos elementos clave: por un lado la proximidad de las elecciones municipales otorga una posición de fuerza a los trabajadores, y hace que las administraciones se sientan más forzadas a ceder; y por otro, es una oportunidad de oro que los sindicatos pequeños han sabido leer para ganar peso en las elecciones sindicales que tienen lugar durante estos meses.
Khoudia Diop tiene 26 años y lleva en un matrimonio a distancia desde los 17. Ella vive en Léona, un pueblo en el noroeste de Senegal; él, en Catania, en Italia, donde ahora vende productos en los mercados. Sus padres se encargaron de los preparativos antes de que partiera a Europa en 2008. Él solo regresó una vez, en 2023. “Nos las arreglamos, pero no es fácil”, admite Diop, que ha sacado un momento, en medio de sus múltiples tareas domésticas en casa de sus suegros, para hablar con este diario. Su caso no es la excepción, sino, más bien, la norma en el pueblo y, en general, en la región de Louga, profundamente marcada por la migración. La Oficina de Acogida, Orientación y Seguimiento de Senegal (BAOS, por sus siglas en francés) calcula que casi el 56% de los hogares de Louga tienen al menos un miembro de la familia viviendo en el extranjero. En 2024, alrededor de 740.000 senegaleses se habían marchado del país.
Hacía casi tres años que Vladímir Putin no daba un beso a un niño en público. El pasado 27 de abril, en medio de una ola inédita de ―suaves— críticas sobre la situación del país, el presidente ruso repetía un gesto de cercanía al pueblo que no practicaba desde la rebelión del Grupo Wagner en junio de 2023. El líder ruso besaba en la frente y sonreía a una pequeña gimnasta cuando sus índices de aprobación caían a su nivel más bajo desde el inicio de su ofensiva sobre Ucrania. Tres días después abrazaba a otra niña en público. El apoyo al mandatario sigue siendo masivo, pero su descenso es remarcable desde que se visibilizó la crisis económica el año pasado y la situación tiene visos de empeorar.

“Escribe de lo que sepas”. Es el obvio y manido consejo que Niall, aspirante a escritor y coprotagonista de Half Man, recibe de su agente literario en uno de los episodios de esta miniserie de HBO Max. No queremos imaginar qué pasa por la cabeza del creador de esta ficción, Richard Gadd, quien se convirtió en estrella televisiva de primer nivel de la noche a la mañana tras estrenar la biográfica y confesional Mi reno de peluche (Netflix). En su esperada nueva miniserie, incide en asuntos como la obsesión, el trauma, las relaciones ambivalentes formadas por la dependencia mutua y, en definitiva, en una oscuridad pocas veces vista en pantalla.
Los Hombres G entendieron pronto que la vida puede no ir tan en serio como decía Gil de Biedma. Sucedió mucho antes de emprender el camino del éxito. El 19 de octubre de 1984, en concreto. Aquel viernes tocaban en la sala Autopista, en el centro comercial La Vaguada (Madrid). La entrada costaba 300 pesetas. No era un concierto más: tras dos años tocando, se lo plantearon como uno de los últimos cartuchos.