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Era uno de los platos fuertes del festival de EL PAÍS, como confirmaban las colas a la entrada y el llenazo del auditorio de Matadero Madrid. Y Michael J. Sandel (Minneapolis, Estados Unidos, 73 años), en conversación con el periodista Jesús Ruiz Mantilla, no decepcionó. Pocos pensadores han sabido identificar con tanta lucidez, a lo largo de las décadas, el suelo fértil sobre el que germinó el resentimiento ciudadano que explica el ascenso de los populismos nacionalistas responsables de la zozobra que atraviesa el mundo en estos tiempos convulsos. Libros como El descontento democrático (Debate, 1996) o La tiranía del mérito (Debate, 2020), que el tiempo ha tornado en proféticos, convierten a Sandel en un analista privilegiado al que conviene no perderse cuando las escasas oportunidades de escucharlo en vivo se presentan.

El Athletic Club se resiste a bajarse de la pelea por Europa con un nombre propio brillando por encima del resto: Nico Williams. El extremo rojiblanco lideró la remontada en el derbi ante el Alavés con un doblete decisivo en un segundo tiempo para enmarcar, manteniendo vivas las aspiraciones continentales del conjunto bilbaíno. En el otro lado, el Alavés, pese a su buen arranque, tendrá que seguir peleando por eludir el descenso en las cuatro jornadas de Liga que restan.

Una de las tareas primordiales de un periódico es organizar el caos, hacer que el torrente de noticias, acontecimientos, reportajes y opiniones se parezca a una casa en la que apetezca entrar a vivir en lugar de una obra con materiales desperdigados en un solar. EL PAÍS lo lleva haciendo desde el primer día e incluso desde meses antes de salir a la calle, con las pruebas y los números cero. Ese trabajo de construcción permanente tiene una traducción cotidiana: la primera página de la edición impresa y la portada de la página web, que, si bien cambia a lo largo del día, siempre ofrece una foto fija en el arranque de cada jornada, a las seis de la mañana.

Hasta este sábado, Marta Kostyuk no había pisado siquiera una final de un WTA 1000, la segunda categoría de torneos tras los Grand Slams. En su estreno en ese escalón, la tenista ucrania tumbó esta tarde a la rusa Mirra Andreeva (6-3 y 7-5, 1h 21m), la alumna de Conchita, en la Caja Mágica. La jugadora de Kiev, de 23 años, se tiró en la tierra batida de la Manolo Santana y rompió a llorar de emoción. Después se levantó, saludó a la juez de silla y evitó darle la mano a su rival, una tenista nacida en Rusia que no ha rechazado de forma explícita la invasión del Ejército de Moscú que desde hace más de cuatro años asola su país. Era la primera vez desde que comenzó la guerra iniciada por Vladímir Putin en febrero de 2022 que una ucrania y una rusa se enfrentaban en la final de un WTA 1000. El triunfo redondea tres semanas fantásticas para la pupila de Sandra Zaniewska, que acumula 11 victorias en otros tantos partidos sobre arcilla. Hace 13 días se coronó en Rouen —un WTA 250—, donde cazó el segundo título de su carrera, y ahora lo hace en el Masters de Madrid. Lo celebra en mitad de la pista con una voltereta hacia atrás, una muestra de la potencia y la fuerza que tiene en las piernas una deportista que cuando era niña llegó a formar parte del equipo nacional de gimnasia de Ucrania.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha elevado el tono de las amenazas a La Habana y ha dicho que su país “tomará Cuba casi inmediatamente”, durante un acto en Florida este viernes. “Cuando regrese de Irán, tal vez hagamos que el portaviones SS Lincoln desembarque y entonces se rendirán”, ha dicho en referencia al régimen castrista. Sus declaraciones vuelven a poner el futuro de la isla en la diana presidencial.
John Kenneth Galbraith publicó en 1967 su libro El nuevo Estado industrial. Una de sus conclusiones es que en las empresas modernas, a medida que crecen, un grupo de técnicos y directivos, a los que define como la “tecnoestructura”, asume más y más poder, desplazando a los accionistas. Como consecuencia de este empoderamiento y de la atomización de la propiedad de las corporaciones, la tecnoestructura tiene una influencia directa a la hora de decidir sobre sus propios sueldos. Casi seis décadas después de que el economista y diplomático canadiense advirtiese sobre este fenómeno, la maquinaria de la élite directiva sigue perfectamente engrasada.
