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El caso mascarillas queda estos días visto para sentencia. En el centro, José Luis Ábalos, acusado de cobrar mordidas por contratos en plena pandemia. Exministro, ex número tres del PSOE y hombre de confianza de Pedro Sánchez, se enfrenta a 24 años de cárcel. La clave: si usó su poder para adjudicar a cambio de comisiones. Un patrón conocido… en uno de los momentos más críticos para el Gobierno.

A Carmen Romero (Sevilla, 79 años) no paran de reclamarla para que participe en actos de las agrupaciones del PSOE en la campaña andaluza. Romero fue miembro de la Federación de Enseñanza de UGT, diputada por Cádiz (1989-2004) y eurodiputada (2009-2014). Estuvo casada con el expresidente del Gobierno Felipe González. Cree que la derecha se aprovecha de las críticas de González y Alfonso Guerra contra el presidente Pedro Sánchez. “La derecha utiliza esta situación. Ellos ven que hay una división, una actuación particular de algunos líderes en contra de Pedro Sánchez y es evidente que lo utilizan”.



Alrededor de las seis y media de la mañana del pasado 28 de octubre Miguel Barreno López, ciudadano español, se dirigía en su coche a la fábrica de comida india en la que trabajaba cerca de la ciudad de Carol Stream, a las afueras de Chicago. Lo acompañaban tres personas más, todas ellas nicaragüenses. De repente, se les acercó un vehículo y los obligó a parar. Barreno intuyó enseguida lo que estaba pasando. “Estos no son de la policía”, pensó para sus adentros. Eran agentes del ICE (el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, por sus siglas en inglés), las unidades parapoliciales a las que la Administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dado carta blanca para perseguir y detener a extranjeros en situación irregular. Así comenzó “un infierno” cuya salida empezó a entrever tras denunciar su abandono en una llamada telefónica a EL PÁIS.

La salida de Emiratos Árabes Unidos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), la semana pasada, es una señal de la situación imposible en la que el doble bloqueo del estrecho de Ormuz ha colocado a los países del Golfo. Necesitada de divisas —es el primer país de la región que ha pedido ayuda a Estados Unidos—, la monarquía árabe da una señal a los compradores: cuando el petróleo vuelva a fluir, venderá cuanto pueda exportar al precio que sea, sin coordinarse con el resto del cártel. Pero las implicaciones de la espantada van más allá de un problema comercial.
“Los protagonistas de 1914 eran como sonámbulos, vigilantes pero ciegos, angustiados por los sueños, pero inconscientes ante la realidad del horror que estaban a punto de traer al mundo”. Así presentaba Christopher Clark Sonámbulos, magnífica obra sobre cómo Europa fue hacia la Gran Guerra. El libro recorre con minuciosidad ese cómo, escudriñando los movimientos de los diferentes líderes políticos y sus mensajes inexactos, que buscaban atraer la opinión pública de sus países y contribuyeron a una locura colectiva donde miles de personas vitoreaban la guerra antes de la guerra, todavía ajenos a su horror. La suma de decisiones y acciones de un momento, alimentadas durante años con miedo, inseguridad y venganza, abrieron paso al odio y terminaron desencadenando la guerra.

Es posible que les haya llegado la noticia de que EL PAÍS celebra su 50º aniversario. Enhorabuena por ello. Como yo era un niño repelente, empecé a leerlo desde el primer día; siempre estaba en mi casa. Y ya cogí el hábito. No voy a endilgarles otro artículo nostálgico al respecto. Más bien, quisiera aprovechar la ocasión para reflexionar brevemente sobre algunas ideas que fueron populares e influyentes en algún momento de los últimos 50 años, pero que, con el paso del tiempo, se demostraron equivocadas. Es un ejercicio de sano escepticismo, pues nos previene frente al exceso de confianza en nuestro propio conocimiento de la realidad social.
Me pregunto a qué se refería exactamente el que fuera ministro de Transportes cuando dijo ayer que le duele ser carne de memes porque él, a la señora que fue beneficiaria de su trato de favor, “la quería”. La misma pregunta me sobrevino cuando el presidente del Gobierno que le dio una cartera paró el tiempo al grito de “soy un hombre enamorado”. En el caso de Sánchez, puedo llegar a comprender que duela ver a tu esposa asfixiada bajo el rodillo del lawfare; me cuesta más entender la relación que establece su exministro entre cariño y delito, aunque ya Julio Iglesias intentase relacionarlos cantando “por el amor de una mujer jugué con fuego sin saber que era yo quien se quemaba”. Está en cualquier caso muy feo usar a otra persona como escudo y es pecado capital tomar el nombre del afecto verdadero en vano. La cuarta ola feminista nos ha enseñado que si un hombre la caga, la culpa es exclusivamente de ese hombre. Aunque, claro, la citada ola no entró en los asadores, en los reservados ni en los despachos con puerta blindada y además cuando el demonio se queda sin recursos tira de tretas más viejas que el hilo negro: miren si no a Rajoy abusar en las Kitchen Sessions de esos lapsus linguae que tanta gracia le hacen a la España que se quiere ir de cañas con él. Qué simpático. Precisamente un compañero de Gabinete suyo, Álvarez-Cascos, que como Ábalos portó la cartera que concede obras, argumentó una vez en un juicio por apropiación indebida que un grupo político le pagó la Copa Davis a sus hijos “porque tener una imagen de familia es un activo”. Cascos, con su gesto adusto, rayano siempre en la ira, es similar físicamente a Ábalos, quien a su vez guarda un parecido poético con un cuadro de George Frederick Watts titulado Mammon. Representa al dios de la corrupción. Todos los que han traicionado a su mujer y metido la mano en el saco prohibido saben que es preferible ser carne de memes que correr por el patio de la prisión.

Con frecuencia, los que participamos en medios de comunicación nos referimos a casos que están en boca de todos por afectar a personas con cierta notoriedad. En mi caso, escribo sólo para hacer divulgación de mi materia, el Derecho Procesal, a fin de que, ilustrando la explicación con esos casos que interesan a la gente, los ciudadanos sepan mucho mejor cómo se celebran los procesos. De ese modo, si algún día deben acudir ante algún juez, habrá menos oportunidades de que pasen por los tribunales con la kafkiana sensación de no haber entendido nada.