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Y 50 años después, El PAÍS saltó de las páginas a la calle. Los redactores, los directivos, los corresponsales, los fotógrafos, los dibujantes, los columnistas; las historias, los errores, los aciertos, las casualidades, los desafíos; todos y todo lo que hace posible que el mundo entero quepa cada día en un puñado de páginas o en un pantallazo de móvil se ha reunido hoy en un solo espacio para explicar a los verdaderos protagonistas de esto-los lectores- cómo se hace y cómo se he hecho su periódico durante medio siglo. Los periodistas, algo esquizofrénicos, son amigos de hablar de todo, incluso sin tener mucha idea, excepto de una cosa: de sí mismos. Pero, por una vez, los periodistas de El PAÍS se han comprometido a ponerse delante de la cámara o del público, de subirse a un escenario y contar a los demás la parte más humana y muchas veces más desconocida de su trabajo. Es el mundo al revés. Ocurrió -y ocurrirá hasta el domingo- en las viejas naves del Matadero de Madrid, en el barrio de Legazpi. Vengan a verlo.



El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha resucitado este viernes una práctica que remite a otra era en Washington: la era —que, si bien parece lejana, transcurrió hace solo un año— en la que ponía patas arriba el comercio global a golpe de mensaje en su red social, Truth. Esta vez ha acudido a esa plataforma para anunciar, en lo que supone una nueva escalada en su guerra económica global, que, “dado que la Unión Europea no está cumpliendo” con el acuerdo comercial entre ambos socios, Washington aumentará “la próxima semana los aranceles aplicados a los automóviles y camiones que se exporten a los Estados Unidos”.
Malas noticias para Donald Trump, el presidente estadounidense, que este viernes ha descartado la nueva propuesta de paz de Teherán y ha abierto la puerta a que el conflicto vuelva a intensificarse. Su guerra contra Irán, muy impopular desde el estallido hace dos meses, ya es ahora tan tóxica como las de Irak en su peor momento, en 2006, o de Vietnam en los años setenta. Así lo indican las encuestas cuando este viernes se cumplen 60 días desde que, el 2 de marzo, el Gobierno republicano informó al Congreso formalmente del inicio de las hostilidades el 28 de febrero.
Saif Abukeshek, el español retenido por Israel tras asaltar 22 barcos de la flotilla con ayuda a Gaza, no tenía intención de llegar a Gaza con la Global Sumud Flotilla. Iba en un barco observador y como hizo el año pasado, cuando desempeñó funciones logísticas en puertos de Túnez, Sicilia y Creta, preveía tomar todas las cautelas y evitar aproximarse a aguas israelíes, consciente del peligro que acarreaba su origen palestino: nació en el campo de refugiados de Askar, en Nablús. El asalto de las fuerzas militares israelíes cerca de la costa griega, pero en aguas internacionales, fue toda una “sorpresa”, según explica su esposa Salli Issa en una llamada telefónica con EL PAÍS. “Se trata de una actividad legal que realiza una organización civil, no tiene ningún sentido lo que ha pasado”, reivindica sobre la ilegalidad con la que ha actuado el Ejército de Israel.

“¡No, no, no te dejes engañar con el cuento de que tenía un problema de salud mental! Estaba cuerdo al cien por cien y sabía lo que hacía. Porque cuando pasaba gente a su lado que no tenía apariencia de ser judío, ni los tocaba. Iba a por los que llevaban kipá [el pequeño casquete que visten sobre la coronilla muchos hombres judíos]. Era un ataque completamente antisemita”, protesta Shani, la dependienta de Torah Treasures, una tienda especializada en literatura, artesanía y objetos ceremoniales hebreos, en el barrio de Golders Green, en el noroeste de Londres.