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España pondrá fin en junio a la vía que desde 2018 ha permitido a decenas de miles de venezolanos regularizar su situación casi automáticamente. El Gobierno dejará de conceder de forma sistemática permisos de residencia por razones humanitarias a este colectivo, cerrando así uno de los mecanismos más singulares —y menos discutidos— del asilo español. Tras años de debate interno sobre qué hacer con los venezolanos, que han llegado a copar el sistema, el Ejecutivo ha optado por devolverlos al canal ordinario que debe seguir cualquier inmigrante. La decisión se ha cristalizado en plena tramitación de la regulación extraordinaria de inmigrantes que está preparando el Gobierno tras un acuerdo alcanzado con Podemos, por la cual podrán acogerse a ella quienes acrediten estar en España antes del 31 de diciembre de 2025, carecer de antecedentes penales relevantes y haber permanecido en el país al menos cinco meses en el momento de la solicitud.
Sus amistades se rompieron al mismo tiempo que se extinguía la libertad en Rusia. Los periodistas Irina Borogán (51 años, Moscú) y Andréi Soldátov (50 años, Moscú), investigadores de los entresijos de los servicios de seguridad rusos desde hace tres décadas, reflejan en su último libro, Our Dear Friends in Moscow: The Inside Story of a Broken Generation, cómo una generación preparada, informada y cosmopolita abrazó el putinismo; y cómo demócratas y autoritarismo no pueden coexistir en una misma sociedad a largo plazo. Hoy esta pareja vive en el exilio mientras sus viejos amigos han llegado lejos dentro de la propaganda y del Gobierno ruso. Una vida más placentera, pero atada al futuro del régimen. Y el futuro pinta oscuro: “Los servicios de inteligencia rusos creen que están en una guerra eterna contra Occidente, una lucha que nunca terminará”, advierte Borogán junto a Soldátov en una entrevista por videoconferencia.
Estados Unidos e Israel atacaron Irán el 28 de febrero. Y un mes después, salvo contadas excepciones, el panorama en los mercados es desolador, con retrocesos entre el 3% de la Bolsa china y el 12% de la japonesa. El Ibex, por su parte, ha caído un 7,1%. Los refugios clásicos no han funcionado esta vez. El precio de los bonos se ha desplomado a todos los plazos ante la creciente posibilidad de una subida global de los tipos de interés y se han disparado sus rentabilidades. Entretanto, las petroleras se han apreciado con fuerza, propulsadas por el precio del crudo, que cierra marzo con una escalada mensual superior al 60%, la mayor de su historia. Las empresas químicas y las utilities también ganan.
Los mayores ignorantes no son los que nada saben. Ni siquiera los que nada saben y nada quieren aprender. Los mayores ignorantes son los que nada saben, nada quieren aprender, y además presumen de ello con ridículo orgullo de su necedad. Por eso, en un momento en que parte de la ciudadanía y de los dirigentes de medio mundo parece apuntarse al carro del engreimiento de su incultura (en todos los sentidos de la vida), Paolo Sorrentino llega con La grazia, su última película, a pintarles la cara con un doble elogio: un elogio del conocimiento y, al mismo tiempo, y pese a ello, un elogio de la duda. Porque hasta los más cultos, inteligentes y sabios saben del peligro de las certezas sin vacilaciones, incertidumbres ni reflexiones ante determinados aspectos de la existencia y de la condición humana. Y el director italiano, con su habitual binomio formado por el humor y la solemnidad, por el existencialismo y la comicidad, ha compuesto una película portentosa en torno a una figura ficticia: un presidente de la república italiana, veterano y prestigioso jurista, que a falta de seis meses para el fin de su mandato debe enfrentarse a una triple decisión.
Dirección: Paolo Sorrentino.
Intérpretes: Toni Servillo, Anna Ferzetti, Orlando Cinque, Milvia Marigliano.
Género: drama. Italia, 2025.
Duración: 133 minutos.
Es rara la familia española que no haya pasado por el dilema que plantea de salida Lapönia: el momento de la verdad en la experiencia infantil sobre quiénes son Santa Claus y los Reyes Magos. A partir de esa reconocible premisa, David Serrano adapta la obra de teatro homónima de Cristina Clemente y Marc Angelet para hablar de un asunto más ácido y trascendente: el lugar de la verdad y de la mentira en la educación y en la familia.
Dirección: David Serrano.
Intérpretes: Natalia Verbeke, Julián López, Àngela Cervantes, Vebjørn Enger.
Género: comedia, España, 2026.
Duración: 98 minutos.
Karen Blixen tenía una granja en África y Mari Ángeles tiene una casa en la calle Málaga de Tánger. Y aunque sean bien distintas las extensiones de la morada de la escritora real de Memorias de África (bajo el seudónimo de Isak Dinesen) y del pisito del personaje ficticio interpretado por Carmen Maura en la película de Maryam Touzani, el sentimiento es mutuo: su lugar en el mundo; no solo un cuarto propio sino una existencia propia; una sensación de individualidad, de dignidad femenina al margen de cualquier convencionalismo; la celebración de libertad de una mujer.
Dirección: Maryam Touzani.
Intérpretes: Carmen Maura, Marta Etura, Ahmed Boulane, María Alfonsa Rosso.
Género: drama. Marruecos, 2025.
Duración: 116 minutos.
Apenas unos meses después del estreno de Mi amiga Eva, en la que Cesc Gay daba alas a un estupendo personaje femenino en la piel de la actriz Nora Navas, el director, guionista y autor teatral catalán adapta para Netflix su obra escénica 53 domingos. El resultado, pese a ir de la mano de cuatro intérpretes que dominan como pocos la comedia —Javier Cámara, Carmen Machi, Javier Gutiérrez y Alexandra Jiménez—, no acaba de despegar, y la adaptación se queda en una plana traslación teatral, excesivamente oral y con una puesta en escena que no logra fluir.
Dirección: Cesc Gay.
Intérpretes: Javier Cámara, Carmen Machi, Javier Gutiérrez, Alexandra Jiménez.
Género: comedia, España, 2026.
Plataforma: Netflix.
Hay misterios que los seres humanos investigan desde siempre. Algunos enigmas, a fuerza de buscar, terminan en una respuesta. Otros, sin embargo, se quedan en el cajón de los irresueltos. Difícil que se descubra jamás el aspecto del mundo de los muertos, si es que existe. Aunque, tras visitarlo en una visión, Santa Teresa de Ávila contó que era apestoso, y falto de amor. El comiquero David B. no puede confirmarlo de primera mano, pero leyó el relato de la mística española y dibujó su propio Más Allá. “Me lo imaginé semejante a la realidad, como una caricatura, con gente que trata de seguir como si estuviera viva”, cuenta. Un lugar con casas, restaurantes, oficios, coches o animales. Pero sin frío ni calor, ni tampoco olores o clima. Donde los edificios se multiplican y amontonan, la comida está hecha de sombras y desfilan criaturas como un dios olvidado, el periódico de ayer o un esqueleto fuera de su armario. O el trajeado anfitrión que da el título a El señor Búho y el País de los Muertos, recién editado en castellano por Salamandra Graphic.

Dos años antes de que Lorca estrenara Bodas de sangre, una mujer ya había narrado aquella historia inspirada en el crimen de Níjar. Era Carmen de Burgos con Puñal de claveles, de 1931. Cada cual eligió su estilo y su desenlace, pero la materia prima era la misma. Hubo otra diferencia: cómo les trató la posteridad. El poeta granadino quedó inscrito en el canon. A ella le esperó el ostracismo.
David Serrano (Madrid, 50 años) no guarda rencor. Y explica muy bien qué pasó con su carrera cinematográfica, cómo pudo ser que un chaval de menos de 30 años escribiera dos taquillazos como El otro lado de la cama (2002) y Los dos lados de la cama (2005) y, entre medias, dirigiera y escribiera otra película que arrasó en las salas, Días de fútbol (2003); cómo el niño bonito del cine español acabó encontrando su senda profesional en el teatro, bien como director de obras potentes como Las amistades peligrosas, Los asquerosos, La venus de las pieles, El hombre almohada, Un tranvía llamado deseo o Pantaleón y las Visitadoras, bien como rey del musical con Billy Elliot, Grease, Matilda, Hoy no me puedo levantar, The Book of Mormon o Wicked. Y cómo, en giro curioso, estrena ahora la versión fílmica de Lapönia, espectáculo de teatro adaptado a la pantalla por Cristina Clemente y Marc Angelet (coescritores de la obra). Es decir, un encargo, que Serrano aceptó “con placer”.