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Playmóbil para recrear procesiones; calcetines con imágenes de tallas de pasos; cromos para completar álbumes de hermandades; camisetas con llamadas de capataces a la cuadrilla de costaleros; equipaciones de fútbol de cofradías y bandas de música; juegos cofrades como el Trivial, el Quién es Quien, el Party o el Uno… La Semana Santa andaluza atraviesa un fenómeno de desacralización que, de la mano de las redes sociales, ha convertido lo cofrade en un fenómeno mainstream, como una respuesta lógica a las demandas de la generación Milenial -o generación del mollete, en palabras del politólogo Jesús Jurado-, que vive las tradiciones de una manera natural y que reivindica esta festividad, los Carnavales, el Rocío o la receta del puchero como una forma de cohesión social absolutamente desacomplejada y vacía de prejuicios, que se ha afianzado y extendido gracias a las redes sociales.



Es gigante de veras Josep Maria Pou, el actor. Y hace ahora de Gigante, el personaje de Roald Dahl, en el teatro del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Ya lo hizo en Barcelona, en catalán. Mark Rosenblatt es el autor de la obra. Pou (nacido en Mollet del Vallés, Barcelona, en 1944) se enamoró de ese libreto y lo ha puesto como un estandarte que representa, ahora mismo, el drama mayor del mundo: la guerra. La de Gaza y, en realidad, todas.


De lejos sobresalen sus rastas grises, que podrían parecer canas, pero no lo son: Chukwuka Ekweani, más conocido como CKay, apenas tiene 30 años. La música de este compositor, productor e intérprete nacido en Kaduna (Nigeria) suena a más no poder entre los jóvenes del continente y la diáspora del mundo. Ha estado recientemente en el Top 30 mundial de Spotify. Cuenta con alrededor de 2,7 millones de seguidores en TikTok y de 1,5 millones en Instagram y acumula más de 2.000 millones de reproducciones en todas las plataformas musicales. La estrella del sello discográfico Warner Music South Africa, que se hizo popular con Love Nwantiti, que el pasado diciembre logró alcanzar los mil millones de reproducciones en Spotify, se encuentra ahora en plena presentación de su segundo álbum, CK The Second.
Cuando Charlotte Brontë publicó Jane Eyre en 1847, las escritoras británicas no tenían libertad para escribir. Cuando Sandra Gilbert y Susan Gubar escribieron La loca del desván, inspirada en el personaje de Bertha Mason de la novela de Brontë, se vivía en el mundo la segunda ola feminista. Era 1979. Hoy, casi 50 años después, la editorial Espinas ha reeditado el ensayo, considerado la primera crítica literaria feminista: una concatenación de mujeres recuperando el trabajo de sus predecesoras.

Antonio Rivero Taravillo dedicó los últimos años de su vida a una obra que lograría culminar ya muy enfermo y que por apenas unos días no llegó a ver impresa. Es esta biografía: Álvaro Cunqueiro, sueño y leyenda. Y dice mucho de la elegancia intelectual del biógrafo que, consciente de que este iba a ser su último empeño, se resistiera aun así a dejar en el libro la menor pista de que, por decirlo como lo dijo Cervantes en un trance semejante, tenía ya un pie en el estribo. Ha sido una desdicha múltiple perder a Rivero Taravillo: al hombre recto y bueno, al amante —como tan pocos— de los libros y sus alrededores, al traductor, al escritor que podía aún haber escrito tantos años. Dentro de la desdicha tenemos, sin embargo, el alivio de saber que pudo completar un ciclo de vidas —con las de Cernuda y Cirlot— que constituye uno de los trabajos de amor de las letras españolas de nuestros días. Y de comprobar que la propia biografía de Cunqueiro le hace la justicia de incardinarlo “en el conjunto de las literaturas española y universal”. Por ese propósito empuña Rivero la pluma, consciente de que nada hace más grande a un escritor que ser reconocido como grande por sus pares. Si toda biografía tiene algo de homenaje, la voluntad confesa en Alvaro Cunqueiro, sueño y leyenda es dotar al escritor gallego de un empaque que lo lleve desde los márgenes —heterodoxos, exóticos, prestigiosos, pero márgenes— a la centralidad de nuestra historia literaria.

Cuando le avisaron de la lesión de Raphinha, Hansi Flick estalló de rabia. No es la primera vez esta temporada que el preparador del Barcelona sufre un contratiempo con las lesiones de sus jugadores, especialmente cabreado cuando caen sus futbolistas franquicia. Y Raphinha es uno de ellos. Es la cuarta lesión del brasileño, muscular como las tres anteriores. En el Barça, la bronca comenzó en el cuerpo técnico y se extendió a la dirección deportiva, con el foco en el agitado calendario que diseña la FIFA, ya que, según fuentes de la entidad azulgrana, no existe la necesidad de exprimir a los futbolistas en partidos amistosos.
Hace poco más de un año, en los estudios televisivos de Sky en Milán, Aprilia presentó el proyecto más ambicioso de su historia en MotoGP. Nueva alineación de pilotos y nuevo director técnico, y todos los focos centrados en el flamante campeón del mundo Jorge Martín, que se llevó el número uno logrado con la Ducati hasta la fábrica de la vecina Noale. En segundo plano, más comedidos en su actitud y palabras, se escondían las dos piezas clave que mejor explican el momento dulce que vive la marca del grupo Piaggio: por un lado, Marco Bezzecchi, que acababa de abandonar el nido de la academia de pilotos de Valentino Rossi; por otro, el ingeniero Fabiano Sterlacchini, antigua mano derecha del gurú técnico de la categoría reina, Gigi Dall’Igna.
Para algunos, el acuerdo que Tupac Shakur (Nueva York, EE UU, fallecido a los 25 años en 1996) firmó con la discográfica Death Row Records representó su sentencia de muerte. Para el rapero, suponía la libertad. Shakur llevaba ocho meses en la cárcel, culpable de abusar sexualmente de una mujer entre él y otros hombres. El 12 de octubre de 1995, el artista conocido como 2Pac salió de prisión después de que el jefe de la discográfica pagara una fianza de casi un millón y medio de dólares, con el compromiso de grabar tres discos para el sello. Al día siguiente, se puso manos a la obra y acudió al estudio para iniciar las sesiones de su trabajo más ambicioso: All Eyez On Me, álbum doble de 27 cortes y más de dos horas de duración. Publicado en febrero de 1996, hace treinta años, obtuvo críticas excelentes y sigue siendo el disco más vendido de su carrera, considerado uno de los mejores de la historia del género.
Para llegar al palacio del Gobierno de Bagdad —donde el primer ministro iraquí, Mohammed Shiaa al Sudani, recibe este lunes a EL PAÍS— hay que adentrarse en la llamada zona verde, un pedazo de la capital amurallado por bloques de hormigón que da a la orilla occidental del Tigris y alberga sedes diplomáticas y gubernamentales, incluida la Embajada estadounidense, objetivo frecuente de ataques de milicias proiraníes.

La comarca zamorana de Sanabria ha conseguido recuperar una frecuencia ferroviaria clave para las conexiones con Zamora ciudad y con Madrid tras reclamarlo durante meses a Renfe, que en 2025 retiró varias de esas conexiones, pero teme perder otro horario favorable. La operadora ha anunciado que a partir del 20 de mayo circulará un nuevo tren, que se detendrá en la parada de Otero de Sanabria a las 8.04, llegará a la capital provincial a las 8.39, a Medina del Campo a las 9.13 y a la capital de España exactamente una hora después. Asimismo, se adelanta un Avlo para que desde Madrid se llegue a Zamora poco después de las ocho y a las nueve a Sanabria, esencial para los trabajadores. Este horario facilita que los vecinos de la zona, tanto en dirección de ida como de vuelta, dispongan de opciones más manejables para sus cuestiones laborales o personales. José Rodríguez, miembro de la asociación reivindicativa Jodidos por el Tren, ha valorado la medida de Renfe pero plantea otro matiz: a partir de ese 20 de mayo no figura un tren que para en Sanabria a las dos de la tarde, clave para los funcionarios que trabajan allí y viven en Zamora, y teme que se les niegue.

