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Un Mercedes de gama alta se detiene en la puerta del hotel Hilton de Bangkok, a orillas del río Chao Phraya. Una pareja de ejecutivos vestida, tanto él y ella, con trajes de marca y maletines de diseño italiano desciende del vehículo. A su alrededor se elevan otras torres de rascacielos que albergan más hoteles de lujo (Shangri-La, Lebua, Mandarin Oriental, Sukhothai), oficinas acristaladas y sedes de compañías multinacionales. Junto al Hilton, bajo la fachada que da al río, hay un embarcadero del que salen pequeñas lanchas que se dirigen a la otra orilla, a Thonburi, el barrio histórico de la capital de Tailandia. Allí no hay calles, solo canales de aguas estancadas; las casas son palafitos de madera y chapa, la gente vive en cuclillas sobre esteras vegetales y se comercia aún desde piraguas atestadas de todo tipo de productos que manejan mujeres protegidas por un gorro de paja de arroz. Un siglo de distancia entre una orilla y otra del mismo cauce. Así es Bangkok, la reina de los contrastes.
Afianzar el hábito lector en la infancia es un trabajo diario, tanto como hacer deporte para estar sano o lavarse los dientes para prevenir caries. Pero no es un esfuerzo que los niños deban hacer solos una vez que comienzan a tener fluidez, sino todo lo contrario. “Cuando los menores empiezan a leer, sobre los seis años, no son autónomos; somos los adultos quienes debemos transmitirles el gusto por la lectura”, sostiene Nadina Gómez-Merino, doctora en Lectura y Comprensión e investigadora del grupo ERI Lectura, de la Universidad de Valencia, dedicado a promover el estudio de la lectura.
Esta semana se ha inaugurado una exposición muy especial que une la botánica y el arte a través de las obras del Museo del Prado. El lugar es el palacete medieval del CaixaForum de Girona, que imprime una marcada personalidad a las salas, en las que se crean espacios acogedores y coquetos. La propuesta surge de la fructífera colaboración entre la Fundación La Caixa y el Prado, que en el pasado ha generado otras exposiciones tan relevantes como Arte y Mito. Los dioses del Prado o la reciente Rubens y los artistas del Barroco flamenco. En esta ocasión, el título elegido es el de La botánica en el arte. Las plantas en las colecciones del Museo del Prado.

Al estilista de las estrellas le gustaría estar en cualquier otro lugar que no fuera frente al periodista, cara a cara en la desangelada estancia de un hotel. Pero el estilista de las estrellas resulta que es una celebridad por méritos propios y su práctica —su “arte”, dirá en un momento dado— es objeto de exposición. “Es la primera de estas características, nunca se le había dedicado una muestra al estilismo como actividad”, afirma Tom Eerebout (Bélgica, 37 años). Y, de alguna manera, tiene razón: cierto que Isabella Blow, Grace Coddington o Edward Enninful han sido sujetos de retrospectivas y, por tanto, también sus trabajos, pero el relato de vestir personalidades contado desde la distancia profesional todavía no había conquistado vitrina museística alguna.


Hace unas semanas, el Tribunal Superior de Justicia de Canarias permitió a cerca de 10.000 trabajadores de una cadena de alimentación compensar los días festivos que coincidan con sus fechas de descanso semanal. Los magistrados pusieron en la balanza dos intereses: el necesario reposo del empleado y el derecho del empleador a hacer valer el calendario laboral. El fallo invalidó “la práctica empresarial consistente en no compensar el solapamiento”.
Para los inspectores de trabajo Ana Ercoreca y Jesús Prieto, partidarios de la interpretación del derecho automático a la compensación, no es casual que el Supremo analice la coincidencia festivo-descanso en términos de solapamiento. El concepto hace evidente que “dos derechos de descanso no deben superponerse”. Lo contrario, aseguran, “vulneraría con claridad un derecho tan tuitivo como es el laboral respecto a la protección de los trabajadores”. En definitiva, este solapamiento debe compensarse necesariamente por otro día de descanso. Además, en este ámbito prima el principio in dubio pro operario, es decir, “el juez, ante la duda legítima sobre el sentido de una norma laboral, prefiere aquella interpretación que sea más favorable al trabajador”, defienden.
Se coma donde se coma, la pizza es cosa de los napolitanos. Cuenta la leyenda que en 1889, con motivo de la visita de la reina Margarita de Saboya, le encargan al joven chef de la Pizzeria Brandi que piense en algo original para sorprenderla. El chef, tras varios intentos fallidos, da con la receta perfecta: una base de pan sobre la que bañaría una abundante salsa de tomate, añadiría queso de búfala y hojas de albahaca. Visualmente recordaría a la bandera del recientemente unificado Reino de Italia. Gustativamente, transmitiría el verdadero sabor de la ciudad. Así, dicen, nació la auténtica pizza, la Margarita. Posiblemente, “el origen de la historia de la pizza”, tal y como subrayan los autores del libro Pizza Napoli. Recetas e historias de la ciudad donde nació la pizza (NeoPerson Cook).
El estallido de la guerra en Irán ha devuelto a los inversores una sensación que muchos creían haber dejado atrás, allá en el turbulento 2022: la caída simultánea de los grandes pilares de las carteras tradicionales, las acciones y los bonos. Es la sensación de no encontrar abrigo en ninguna parte. Lo más desconcertante no es tanto la intensidad del ajuste —que podría calificarse como moderada— sino su simultaneidad. Durante décadas, el precio de la Bolsa y los bonos han ido en direcciones opuestas. Cuando había un crac bursátil, la deuda pública se revalorizaba y servía como refugio. Pero esa descorrelación ya no es tan obvia. Y ante el nuevo escenario que se abre con la guerra en Oriente Próximo no está claro dónde poner a salvo el dinero. Ya ni siquiera se puede contar con el oro.

La noticia llega de Italia y puede ser un precedente de lo que le espera al castigado sector de las telecomunicaciones en el Viejo Continente. No es un simple movimiento corporativo, sino un cambio de paradigma que trata de redefinir la relación entre el poder público y las infraestructuras críticas. La Oferta Pública de Adquisición (OPA) lanzada por Poste Italiane sobre Telecom Italia (TIM), por un valor aproximado de 10.800 millones de euros, marca el capítulo final —o quizás el reinicio— de la compleja historia de la operadora de bandera italiana. En el contexto que vive el sector, esta operación no solo busca la estabilidad de un gigante herido, sino que puede ser el catalizador de una reconfiguración del mapa europeo bajo la premisa de la soberanía tecnológica y la consolidación dirigida.

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