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El martes el Real Madrid eliminaba al Manchester City de Guardiola en la Champions. Mientras, a la chita callando, un millón de personas estaban pendientes en Youtube de las andanzas de Frank Cuesta, Labrador, Dakota o Aída Nizar en el último hit del mundo digital, La cárcel de los gemelos.

Jürgen Habermas rondaba los 16 años cuando terminó la Segunda Guerra Mundial y descubrió que aquel panorama de ruinas y desolación era obra de los suyos. Aquella muchachada de rostros sonrosados y cabellos rubios, esos cuerpos ágiles que celebraban su fortaleza física, los que acudían en familia a los lugares históricos y las excursiones para hacer patria, los que canturreaban himnos y proclamas y levantaban el brazo y bajaban la cabeza como signo de obediencia al Führer, esos, los de la gran Alemania, habían producido un desastre descomunal. Sin ese gesto de perplejidad ante el horror es imposible entender la obra de ese filósofo que murió el sábado a los 96 años. Su último artículo publicado en este periódico es del 30 de noviembre de 2025, y trata de Europa. Siguió hasta el último minuto al pie del cañón.
Los principales bancos y gestoras de activos europeos han disparado en el último año sus inversiones en Palantir, la controvertida empresa tecnológica estadounidense, a pesar de su vinculación con graves violaciones de los derechos humanos. La compañía presta servicios al ICE, el servicio de inmigración y control de aduanas de Estados Unidos, y al ejército israelí en los territorios palestinos. Amnistía Internacional denunció ya en 2020 que la entidad no respetaba los estándares internacionales vigentes, y la consultora MSCI la ha puntuado con 2 sobre 10 en “libertades civiles” y “derechos humanos” en un reciente informe de referencia para inversores institucionales de todo el mundo. Su fundador y presidente, Peter Thiel, defiende abiertamente ideologías antidemocráticas y antieuropeístas.
Ana Crespo entendió que LinkedIn servía para algo más que buscar trabajo. Esta madrileña de 46 años, residente en Miraflores de la Sierra, un municipio al norte de la capital, mantiene habitualmente abierta la pestaña de la plataforma en su ordenador. Es su ventana al mundo de las oportunidades laborales y al vasto océano de los contactos profesionales. Pero también es algo más. “Se ha convertido en el rincón del café donde siempre hay alguien para charlar y pasar el rato”, confiesa desde una discreta oficina en su casa, donde ejerce como redactora publicitaria.
De los 65 países que criminalizan la homosexualidad en el mundo, 33 se encuentran en África, según datos de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersexuales (ILGA). En los últimos años, el continente ha vivido una ola regresiva, alimentada con financiación de organizaciones extremistas occidentales, que han extendido sus tentáculos para diseminar la agenda anti-LGTBIQ+ más allá de las fronteras de sus países. Mientras, políticos e iglesias africanas apelan a la identidad y al sentimiento anticolonial, al defender que la homosexualidad es una imposición occidental.
La peor pesadilla de un banquero central que se precie de independiente es una escalada sin control de los precios. Es lo que sucedió en la zona euro a partir de 2022, cuando el estallido de la guerra en Ucrania disparó el precio de la energía y aceleró la espiral alcista de precios que ya se había iniciado con el fin de la pandemia. El descorche de la actividad provocó el colapso de las cadenas de suministro, una amenaza que se cierne de nuevo ante la economía global con el bloqueo del estrecho de Ormuz, una arteria marítima que tiene en vilo el consumo de petróleo y de gas en todo el mundo y que está encareciendo de forma alarmante el coste de la energía. El BCE está preparado para afrontar los estragos de una posible crisis energética y asegura haber aprendido de 2022. Entonces, tanto el BCE como la Reserva Federal valoraron el alza de precios como un fenómeno transitorio, un error de cálculo que provocó después un traumático encarecimiento del precio del dinero que casi termina en una recesión.
Las guerras no se ganan ni las dictaduras se forjan sin la ayuda de la propaganda. Y los regímenes represivos no perviven en el tiempo si no se les come la cabeza a los ciudadanos, sobre todo a las más jóvenes generaciones, las que aún están por formar, a las que directamente se les lava el cerebro. Y aquí está para recordarlo un documental pergeñado por un valiente don nadie, y completado junto a un profesional del cine. Pavel Ilych Talankin, un joven coordinador de eventos y profesor en una escuela de una localidad rusa de apenas 10.000 habitantes, sita en los Urales, y David Borenstein, cineasta estadounidense especializado en política internacional, acaban de ganar el Oscar al mejor documental con Mr. Nobody contra Putin, impresionante película que no ha pasado por los cines españoles, pero que se puede ver desde hace unos días en las plataformas Filmin y Movistar.
Dirección: David Borenstein, Pavel Ilych Talankin.
Género: documental político. República Checa, 2025.
Plataformas: Filmin y Movistar.
Duración: 90 minutos.
A mediados del pasado enero, Matt Damon desveló a los medios de comunicación lo que parecía un secreto a voces desde hacía tiempo: que Netflix hace películas pensando en la gente que no suelta el teléfono móvil ni a tiros, y que recomiendan que la esencia del argumento y los intríngulis de la trama “se repitan tres o cuatro veces a través de los diálogos”, no vaya a ser que la primera o la segunda pille a alguien dando un “me gusta” a una historia de Instagram o poniendo un emoticono a un WhatsApp. Las diferencias entre ver una película en el cine o hacerlo en casa son evidentes para cierto tipo de espectador, y las declaraciones de Damon, realizadas además durante la promoción de un producto de acción de Netflix, El botín, no se van de la cabeza a lo largo de las dos horas que dura Zeta, ambiciosa producción española para Prime Video, que se estrena este viernes en exclusiva en la plataforma. Cine comercial español de espionaje para ver en casa. Y, sobre todo, para no perderse nunca con la trama.
Dirección: Dani de la Torre.
Intérpretes: Mario Casas, Luis Zahera, Mariela Garriga, Nora Navas.
Género: espionaje. España, 2026.
Plataforma: Prime Video.
Duración: 127 minutos.
Estreno: 20 de marzo.
Una hija en Tokio se estrena en España cuando el Código Civil japonés está a punto de incluir la custodia compartida para padres divorciados. Sucederá el próximo 1 de abril, tras un agrio y complejo debate social. Sin entrar en detalles, aunque aportando alguna pista para intuir el contexto, la película narra el caso de un padre, un francés afincado en Japón, que desde hace años tiene prohibido cualquier contacto con su hija.
Dirección: Guillaume Senez.
Intérpretes: Romain Duris, Judith Chemla, Mei Cirne-Masuki, Yumi Narita.
Género: drama. Francia, 2024.
Duración: 98 minutos.
Estreno: 20 de marzo.