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El Vaticano siempre tuvo información de los casos de pederastia en el mundo, sabe mucho más de lo que admite y nunca ha dicho lo que sabe. Lo demuestran los papeles hallados por una investigación internacional del diario alemán Correctiv, en colaboración con EL PAÍS, junto a The Boston Globe de Estados Unidos, Observador de Portugal y Casa Macondo de Colombia. Arrojan nueva luz sobre los archivos vaticanos del dicasterio de Doctrina de la Fe y el antiguo Santo Oficio, aún cerrados a los investigadores y accesible a muy pocas personas. “Entrar ahí es imposible”, confirma un sacerdote canonista que lo ha intentado en varias ocasiones. Es más, diversas fuentes señalan que hay un archivo aún más secreto que custodia los casos más graves y delicados.

Ruth Benito
Fernando Anido
Guiomar del Ser
Superestrella, el tema más exitoso del último disco de Aitana (Cuarto azul, publicado en mayo de 2025), no tiene videoclip. En lugar de eso, miles de usuarios de TikTok e Instagram se graban mientras bailan la canción y fingen cantarla como si hicieran playback (es lo que se conoce como lyp-sinc). Además, Aitana comparte algunos de estos videos en sus cuentas personales ayudando a que el tema se haga más viral y animando a que otros fans graben sus propias versiones con la esperanza de que la artista también repare en ellos. Como siempre en estos casos, ha habido de todo: abuelas que interpretan la canción, la propia Aitana haciendo su versión —es un giro más: la estrella se coloca en el lugar del seguidor— y muchas pandillas de adolescentes practicando la coreografía frente a las cámaras de sus teléfonos. Hasta aquí, todo lo que suele ocurrir con los éxitos recientes, para los que este tipo de viralidad es tan importante como la posición en las listas de ventas o las radiofórmulas.
A mitad de la segunda temporada de Jury Duty, a su protagonista, alucinado por los inesperados giros de los acontecimientos, solo se le ocurre decir que “la situación es tan sincera que nadie podría haberla escrito en una serie de televisión”. Es verdad que su diálogo no estaba guionizado, pero lo que Anthony Norman no sabía es que todo lo que le rodeaba sí estaba cuidadosamente planeado. Todos a su alrededor eran actores, e incluso sus decisiones personales estaban previstas. Él pensaba que era un empleado temporal de una empresa de salsa picante, pero estaba viviendo una ficción.
La información exclusiva que publica hoy EL PAÍS demuestra que los abusos sexuales cometidos por el clero en todo el mundo, lejos de ser un asunto solo conocido hace apenas unos años, siempre lo fueron para las más altas jerarquías de la Iglesia Católica en Roma. Durante décadas, el Vaticano siguió una estrategia de ocultación que desembocó en la impunidad de miles de abusadores y en la indefensión de sus víctimas.
Mi abuela Gabina viajaba siempre con la mortaja en la maleta. Bueno, lo de viajar y lo de la maleta son licencias prosaicas. Los únicos viajes que hizo en su vida fueron los 300 kilómetros entre su pueblo y Alicante, y los 400 entre Alicante y Madrid, y su única maleta, una bolsa de lona que se negaba a cambiar porque le hacía el servicio y comprar otra era desperdiciar los cuartos. Total, que, cuando mi yaya, viuda eterna que no consintió jamás quitarse el luto, venía a casa a pasar el invierno, lo primero que hacía era colgar un hábito castaño oscuro casi negro en su funda de plástico en una esquina del armario que compartía con su nieta mayor, o sea, servidora, con mi correspondiente respingo al ser informada de su boca del destino del modelito, que entonces no se tenían tantas contemplaciones con los críos. Menuda era la Gabina. Décadas llevaba pagando los muertos, aunque no hubiera para aceite. Pero, aun teniendo el coche, la caja, el duelo y la sepultura pagados, no quería darle guerra a sus hijos pensando en qué ponerle llegada la hora. Eso era previsión y no lo de ahora.

Apátrida. Así me siento yo que, tras 35 años en mi país, me voy, tomando la decisión más difícil de mi vida. Emigro para continuar con mi carrera médico-investigadora, que tanto esfuerzo personal y dinero a las arcas públicas ha costado. Me voy con dos carreras universitarias, un título de especialidad, tres másteres y un doctorado, en el momento en que todo mi trabajo tiene que dar sus frutos al Estado. Me voy de un sistema que maltrata al médico “por tradición” y penaliza con una red caníbal de ayudas a quien, en pro de sus pacientes, además quiere investigar. Soy médico internista, infectóloga sin título, ya que en España no existe —otra cosa por la que somos únicos—. Me voy de unos políticos enajenados de la realidad de la ciudadanía, con tristeza al ver cómo están dejando morir un sistema público de salud que es la verdadera “marca España”. Me voy para poder seguir mejorando la salud de mis pacientes, sin que sea a costa de la mía propia. Me voy tras una generación, la del 15-M, que soñó con cambiarlo todo y no cambió nada. Me voy sin poder acceder a una vivienda, prisionera del país del sol y del turismo. Me voy del país más bonito del mundo, de mi tierra, España.
Se acaba otra temporada de premios y con ella la omnipresencia de alfombras rojas y de atuendos que se hacen virales por motivos deseables o por lo contrario. Y lo hace con la que quizá sea la ceremonia de entrega de premios más célebre de todas, los Oscar, en los que la alfombra roja no sólo sirve para que un público ávido de conversación superflua en un mundo cada vez más complicado saque punta a los invitados, sino también para tomar la temperatura de las tendencias en ropa formal y el estado de la cultura indumentaria entre los famosos.
Madrid se consolida como la capital mundial de la música latina. Por si alguien todavía lo dudaba, la ciudad está a punto de demostrarlo una vez más con los diez conciertos del artista puertorriqueño Bad Bunny en el Estadio Metropolitano este verano y con el anuncio del cierre de la gira Las mujeres ya no lloran de Shakira, que prevé otras diez actuaciones en la capital, según ha confirmado este miércoles el alcalde de Madrid, Jose Luis Martínez-Almeida. Para ello, la colombiana construirá un estadio que llevará su nombre en el polémico recinto Iberdrola Music, situado en el barrio de Villaverde.