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Andaba yo preparando un libro que me exigía reunirme con periodistas talluditos para que me contasen historias, y amenacé con llamarle “un día de estos” para sonsacárselas. “Llámame cuando quieras —me dijo—, pero como tardes mucho, igual me llamas después de muerto”. Era paradójico que alguien tan supersticioso, tan coqueto y que se enfadaba tanto si le llamaban viejo bromease con ese desparpajo sobre la muerte.

La belleza resalta a las personas, pero también puede opacarlas. Para Olatz Schnabel, su arrebatadora belleza nunca fue un problema. “Al revés, lucir bien me ha abierto muchas puertas”, reconoce en conversación con EL PAÍS. “Conozco a mujeres increíblemente guapas que son muy inseguras. De alguna manera, no son capaces de verse bellas. A mí me pasó. De muy joven, no me acababa de ver guapa. Ahora, cuando veo una foto mía de esa época, pienso: ‘Pero si era la bomba. ¿Cómo no me daba cuenta?”, explica sentada en el salón de su casa, un gran ático con vistas al Palacio Real en Madrid. Mientras habla, su perro, Tuno, le lame vorazmente sus zapatos aterciopelados de Manolo Blahnik.

El president Salvador Illa se enfrenta esta semana, si no hay un cambio de guion copernicano, a la misma situación que vivió el expresident Pere Aragonès en 2024: afrontar un debate a la totalidad de los presupuestos sin los votos necesarios. El republicano no superó entonces la prueba y tras la sesión fallida anticipó las elecciones. La gran incógnita es cómo llegará el Govern el viernes a la celebración del debate en el Parlament: si habrá alcanzado un pacto de última hora con ERC, que reclama avances en la cesión del IRPF, y, si no es el caso y las cuentas decaen, si Illa emulará o no a su antecesor adelantando los comicios. El Govern bordea el precipicio y el fantasma electoral vuelve a revolotear Cataluña por más que Illa, como Aragonès, siempre ha insistido en que la legislatura debe durar cuatro años.

De un fondo negro emerge la belleza, una ráfaga arcoíris de flores de todos los tamaños. Las hay pequeñas y de pocos pétalos, así como floripondios que se elevan sobre las demás. La pintura Bodegón con alcachofas, flores y recipientes de vidrio fue creada por Juan van der Hamen (1596-1631) en 1627, y durante todos estos siglos ha aportado su alegría a los muros en los que se ha colgado el lienzo —ahora en el Museo del Prado—. Se trata de otro jardín eterno, si es que hay algo que pueda gozar de esa categoría superba, compuesto por una buena cantidad de especies vegetales.
Jens Stoltenberg (Oslo, 66 años) es el político noruego más importante de su generación. El actual ministro de Economía acaba de salir de un comité para debatir los Presupuestos Generales. Su partido, el Partido Laborista de Noruega, ganó las elecciones de septiembre, pero gobierna en coalición con el bloque rojo, los partidos de izquierda. Toca negociar. Desde su despacho, en un imponente edificio de interior austero, en el centro de la capital, observa las obras de reconstrucción de la cercana oficina del Primer Ministro. El inmueble quedó muy dañado por el atentado terrorista de 2011, que acabó con la vida de 77 personas, la mayoría jóvenes que estaban en un campamento de las juventudes laboristas, en la isla de Utoya. Entonces, Stoltenberg era el jefe del Gobierno. El atentado le afectó profundamente. Cada verano vuelve a Utoya a rendir homenaje a las víctimas.

Las líneas amarillas indican lo que gana esa persona en un día. Las líneas rojas indican el precio total de la consulta.

Hay relaciones que, para perdurar, necesitan una pausa. La trayectoria de Choi Soo-yeon (Corea del Sur, 44 años) parece responder a esa lógica. Entró en Naver, la mayor empresa de internet del país, como becaria. Años después se marchó para reinventarse como abogada especializada en fusiones y adquisiciones. Y cuando regresó a la compañía, tras casi una década fuera, la hicieron consejera delegada.
Bijan Khajehpour (Teherán, 59 años) es un reconocido economista iraní, experto en geopolítica, que asesora a empresas internacionales sobre los mercados de Asia occidental. Formado en el Reino Unido, Alemania y Francia, en 1994 cofundó Atieh Bahar Consulting (su nombre actual es Eunepa), la principal consultoría estratégica de Irán, ahora con sede en Viena.
La guerra en Irán entra ya en su segunda semana y el desgaste del arsenal comienza a ser imposible de ocultar, tras el uso extensivo de misiles de largo alcance por parte de Estados Unidos y el progresivo deterioro de los sistemas de defensa antiaérea de los aliados en la región, sometidos a intensos bombardeos iraníes. Si en los primeros días del conflicto el presidente estadounidense, Donald Trump, llegó a afirmar en su red social, Truth Social, que EE UU podía “luchar guerras eternamente”, la semana pasada rebajaba el tono en la misma plataforma: “Disponemos de un suministro prácticamente ilimitado de munición de grado medio y medio‑alto… En cualquier caso, hemos incrementado también los pedidos en esos niveles”.
Es un gran desconocido para el gran público, pero el importe que mueve en el mundo iguala al conjunto de la economía española. El crédito privado, aquel que no procede de los circuitos de la banca tradicional sino de fondos especializados, concentra unos activos de 1,8 billones de dólares (1,5 billones de euros) que se han empleado para financiar compañías de todo tipo. Su ritmo de crecimiento es explosivo. Su cuantía se ha multiplicado por 12 al pasar de los apenas 150.000 millones de dólares que atesoraba hace 20 años, de acuerdo con los datos de la consultora especializada en mercados privados Preqin.