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La discusión en torno al uso de la inteligencia artificial en la producción editorial se centraba hasta hace unos meses en el ámbito de habla hispana en la regulación de su uso para la confección de portadas, de textos de contraportada, o en su empleo en traducciones y en audiolibros. Los contratos entre editoriales y autores, a menudo supervisados por agentes literarios, han tratado de asegurar que, tras la automatización, implícita en el uso de la nueva y cambiante herramienta, siempre había un humano que revisaba y firmaba el trabajo, que asumía la autoría en los aspectos formales de ese artefacto llamado libro. “Nuestra postura ha sido contraria al uso de IA en portadas o contraportadas o audiolibros y hemos incluido cláusulas en este sentido en los contratos”, explica Mónica Martín de la agencia MB. “Con nuestros autores tenemos una relación de confianza, con frecuencia revisamos varios borradores de una misma obra. No tenemos nada estipulado contractualmente con ellos sobre la IA”.

Toda película de terror es, en cierto modo, una película sobre arquitectura: ningún otro género tira tanto de luz, espacios y perspectivas, da tanto protagonismo a una escalera o convierte una puerta en umbral e interrogación. En el cine de terror las casas se convierten en unos personajes tan famosos como (o más que) sus protagonistas, desde la mansión victoriana de Psicosis (1960) hasta la casa que parece tener ojos de Terror en Amityville (1979), de los pasillos enmoquetados del hotel Overlook en El resplandor (1980) a la pequeña cabaña de Posesión infernal (1981). Y es ante la pantalla cuando el espectador se convierte, a su modo, en un efímero creador de planos, formas y estructuras. Cada vez que gritamos a la pantalla “¡No bajes ahí!" es porque sospechamos que el arquitecto de ese viejo caserón no diseñó una vía extra de evacuación para ese sótano.

Nunca han querido estar de moda. Dicen los escoceses Norman Blake y Raymond McGinley, a sus 60 y 62 años, que ni siquiera cuando crearon Teenage Fanclub en Glasgow en 1989 les interesaba figurar en una escena. “Parte de lo que hacemos, y de lo que hacíamos entonces, consiste en ignorar un poco todo lo demás y seguir nuestro propio camino, al margen de las tendencias”, reflexiona McGinley, “cuando empezamos estaban los Happy Mondays, los Stone Roses, aquella escena baggy [del Manchester de finales de los ochenta]. En el Reino Unido no había muchas bandas que sonaran como nosotros. Hacíamos lo nuestro”. La fórmula —basada en melodías de guitarra y armonías vocales, pero sin miedo a la distorsión— les ha funcionado: llevan juntos 37 años (40 si se tiene en cuenta su primera formación, The Boy Hairdressers), acaban de publicar su decimotercer álbum de estudio, Do Not Dare to Dream (no son supersticiosos, su cuarto disco se tituló Thirteen), y están inmersos en una gira europea que ha sumado 12 fechas en España.



Hay quien hereda bienes inmobiliarios y quien, por el contrario, a falta de dinero, lo único que hereda son traumas familiares. Los primeros son más ricos (al menos económicamente). Los segundos lo pueden ser a nivel narrativo, porque sus historias, personales e individuales, crecen en las páginas de los libros hasta interpelar, emocionar y remover en su sillón a cualquier lector; hasta hacerse universales.








“¿Qué dirá la historia de mí dentro de 600 años? Yo la considero a ella mucho más que los rumores de los actuales". La pregunta de Cicerón (Arpino, 106-Formias, 43 a.C.), dirigida a su estimado amigo Ático, revela una obsesión que lo torturó toda su vida: la posteridad. Dos mil años después sabemos que la vanidad quedó compensada con creces por su genialidad; y aunque sea verdad que la figura de Cicerón nos resulta poco simpática, y buena prueba de ello es que pocos personajes de la Antigüedad han sido tan denostados, no es menos cierto tampoco que la admiración que su prosa ha generado a lo largo de los siglos prueba que su talento estuvo muy por encima de su discutible integridad como político, como persona y como intelectual. El hallarnos frente a un animal político como Cicerón y ante una de las épocas más fascinantes de la historia universal, la de la crisis y final de la República romana, convierte en tentador y temerario a la par el poder contar una vida sobre la que poseemos tantos datos y tan profundamente parciales porque buena parte de lo que sabemos de Cicerón procede del egocéntrico cálamo del propio Cicerón. Francisco Pina Polo, insigne ciceroniano por vocación, que no por convicción, acepta el reto de enfrentarse a la escritura de otra biografía de Cicerón demostrando que la Fortuna siempre premia a los audaces.

Los letones no se fían de sus “simpáticos vecinos”. Tal es así que usan con cierto hábito este atajo lingüístico, lleno de retintín, antes que hablar a las claras de rusos y bielorrusos. Con estos dos viejos aliados de la vasta llanura, Letonia ― con 1,8 millones de habitantes― comparte más de 450 kilómetros de su frontera este. Es por esto que su linde forma parte de lo que, entre la tropa, se denomina flanco oriental de la OTAN y la Unión Europea. Consecuencia: está en la diana del enemigo número uno, esto es, de Rusia. En mayo, la colisión de tres drones que volaban desde el frente de batalla ucranio hizo saltar por los aires la coalición del Gobierno letón. En solo cinco meses, el país báltico se ha blindado defensivamente gracias, en parte, al empuje de la producción local de vanguardia de armas autónomas. Pero el temor continúa.




Un enorme y ya descolorido póster electoral del ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, recibe al visitante tras atravesar el portón de seguridad de la colonia israelí de Efrat, en Cisjordania. El gesto sonriente y confiado del líder ultraderechista choca con el semblante preocupado de los habitantes de este asentamiento cuando salen a relucir los resultados de las elecciones legislativas del martes.


El concepto de leapfrogging equivale en teoría a ahorro de tiempo y dinero en zonas pobres y rezagadas. Evoca innovación y otras formas de imaginar el porvenir. Y está rodeada por un halo de modernidad, con propuestas que oscilan entre lo razonable y los sortilegios tecno-optimistas. Tan halagüeños algunos, que permiten vislumbrar a frágiles economías encabezando la vanguardia digital en tiempo récord, como en un sueño futurista.
El veto del gobierno chino a la retransmisión de los partidos del Real Madrid por el caso Mbappé tiene un antecedente cercano de semejante magnitud. China censuró la emisión televisiva de los encuentros de la NBA durante dos años y medio entre 2019 y 2022 por otro comentario con fondo político. Si en esta ocasión el apagón llega al referirse el delantero francés a Mao Zedong como “dictador”, entonces fue una opinión del director general de los Houston Rockets, Daryl Morey, la que desató la tormenta. “Lucha por la libertad, apoya a Hong Kong”, escribió el directivo en relación a las manifestaciones en dicho territorio a favor de la democracia. China, como ahora sucede con Mbappé, lo consideró un ataque a la identidad nacional y no le tembló el pulso para vetar a un gigante del deporte mundial como la NBA. Tampoco ha dudado actualmente pese a las disculpas del Real Madrid.
Este viernes 30 de octubre se cumplen 116 años del nacimiento de Miguel Hernández, un poeta universal al que dejaron morir en la cárcel de Alicante al acabar la Guerra Civil cuando apenas tenía 31 años. La obra hernandiana tiene dos referentes geográficos: su cuna e infancia oriolanas y alicantinas, de un lado, y, de otro, la provincia de Jaén, adonde llegó destinado como comisario de Cultura para dirigir el periódico Altavoz del Frente Sur. De allí era su esposa, Josefina Manresa, y aquí fue nombrado en 2024 Hijo Adoptivo de la provincia a título póstumo.