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La Tierra se mueve de tres maneras: sobre sí misma, con la rotación; alrededor del Sol, con la traslación; y oscilando como una peonza, en un lentísimo movimiento que tarda en completarse unos 26.000 años y que se conoce como precesión. Debido a su existencia, el cielo de hoy es distinto al que vieron otros hombres y mujeres a lo largo de la historia. Con el esoterismo europeo de la primera mitad del siglo XX se popularizó la idea de que las eras astrológicas marcaban el signo de los tiempos, según donde estuviera el Sol en el primer día de primavera: la Antigua Grecia y la República romana coincidieron con la era de Aries, el cristianismo con la de Piscis y pronto llegará la de Acuario, si no lo ha hecho ya. La New Age se subió al carro, y Raphael se desató cantando aquello de Aquarius. Los 2.000 años de duración de cada era son flexibles: Carl Jung, por ejemplo, situaba el inicio de Acuario entre 2000 y 2200. La astrología tradicional, que prefiere medir los cambios de época con las conjunciones de los señores del tiempo, Júpiter y Saturno, que se unen ópticamente en el cielo cada 20 años, dice que el momento importante fue el 21 de diciembre de 2020, cuando se produjo la primera “gran conjunción” en Acuario desde la Edad Media. Las redes pensaron que, esta vez sí, iba a comenzar el nuevo tiempo, pero muy alejado de la paz y el amor que profetizó la interpretación hippie. Simbólicamente, Acuario es la ciencia y la tecnología, el progreso, la inteligencia, la comunidad y la revolución, pero todo ello de una forma desapegada y etérea, incluso implacable, porque es un signo de aire. El wifi de casa, por ejemplo, sería muy Acuario.
La anunciada reanudación de las conversaciones entre Rusia, Ucrania y EE UU para finalizar la guerra iniciada por Vladímir Putin podría alimentar unas esperanzas de paz hoy por hoy ilusorias. El presidente ruso, que envió sus tropas a la conquista del país vecino el 24 de febrero de 2022, ha reiterado recientemente que desea el fin de las hostilidades bélicas en Ucrania, pero su idea de “paz” consiste hasta ahora en satisfacer unas exigencias inalterables, incompatibles con el futuro de Ucrania como estado independiente y amenazadoras para la seguridad de sus vecinos occidentales europeos.

A de La asesina ilustrada: la novela nació de la idea de un libro que mata a todos sus lectores. B de Bartleby, el escritor que no escribe: un diagnóstico que inauguró una taxonomía de enfermedades literarias. C de citas: todas las citas son falsas y todos los recuerdos son inventados, incluido este. D de Marguerite Duras: casera de Vila-Matas en París. Su joven inquilino le preguntó qué le hacía reír. Las caídas por pisar pieles de plátano, soy muy clásica, dijo ella. E de escribir, también de Duras, y su frase: “Escribimos para saber lo que escribiríamos si escribiéramos”. F de F for Fake, una de sus películas preferidas: su obra está llena de imposturas, falsificaciones, fetichistas e imitadores (y paranoia). G de Gombrowicz, el escritor al que quiso parecerse antes de leerlo. H de Historia abreviada de la literatura portátil, donde inventaba una sociedad secreta, de la que formaban parte Duchamp, Fitzgerald, Vallejo y Georgia O’Keeffe. Ahí arrancan su canon excéntrico y su mundo literario. I de identidad: carga pesadísima. J de Julien Gracq y su La littérature à l’estomac. K es de Kafka, que durante mucho tiempo aparecía en las portadas de todos los libros de Vila-Matas. Algunos textos suyos tienen algo de versiones de la Carta al padre: a veces le da la razón al hijo y a veces al progenitor. L por literatura: “Yo no escribo sobre literatura, soy literatura”, dijo una vez, y se quedó tan ancho. M por El mal de Montano, preocupante enfermedad libresca. N de no, por los escritores del no y su renuncia radical. Ñ por la lengua española: un castellano elegante y de oraciones largas, con un humor entre Dalí y Buster Keaton y frases que funcionan como leitmotifs. O por la orden del Finnegans. P de Perec, escritor lúdico y triste, agotador de plazas y hospitalario dueño de una cafetería en París, que no se acaba nunca. Q por cucaracha, que según Sergi Pàmies es el animal favorito de Vila-Matas, porque fusiona lo mexicano y lo kafkiano. R de Rilke en Ronda; de Rosa Schwarzer, que vuelve a la vida; de raro. S de Tristram Shandy, que leyó en la traducción de Javier Marías, y que le inspiró una conspiración y el dibujo de las dedicatorias. T de tímido: La timidez es una máscara y el humor es otra, no dejes que te quiten las dos al mismo tiempo: una idea de Monterroso que cita Vila-Matas. U de unión de narración y pensamiento. V es inicial del apellido, de viajes y de vida, y recurre sospechosamente en los títulos. La W es de Robert Walser y su Jakob von Gunten. X de exploración y extraño. Y de yo: “Soy el que se desconoce”. Z, de tapiz que se dispara en muchas direcciones.
Cientos de ciclistas salimos a entrenar a diario y lo que debería ser solo deporte a menudo nos resulta un riesgo. La ley exige guardar 1,5 metros de distancia lateral al adelantar y permite invadir el sentido contrario. Sin embargo, muchos conductores ignoran estas normas. Lo que en un coche parece un adelantamiento rápido, para el ciclista es recibir un latigazo de aire a alta velocidad. Sin más protección que la ropa, ese golpe desestabiliza la bici y puede ser mortal, algo que se agrava con viento o lluvia. En lugar de imponer nuevas normativas, como las medidas de la Dirección General de Tráfico (DGT) de este 1 de octubre, es más urgente destinar recursos a vigilar y sancionar estas conductas temerarias. De nada sirven nuevas leyes si quienes deben cumplirlas ignoran que los ciclistas somos vulnerables ante ellos. Ese metro y medio salva vidas.
También en la televisión hay que saber cuándo parar. American Horror Story debería haberlo hecho hace tiempo, pero en su temporada número 13 el ridículo ha alcanzado niveles celestiales. Ryan Murphy y su equipo querían presentar este año un evento especial con el regreso de sus primeras espadas interpretativas y algunos de los personajes más recordados, pero todo ha quedado en una historia sin rumbo ni sentido y a mayor gloria de una exagerada Jessica Lange, en la piel de cinco personajes.
En la década de 1980, Dick Eussen trabajaba como jefe de un equipo de bomberos en el Parque Nacional de Kakadu, en el norte de Australia. Un día trataban de impedir que un incendio de pastizal cruzara una carretera cuando apareció un nuevo foco al otro lado. Eussen se acercó para apagarlo y entonces vio pasar frente a él a un milano silbador. Entre las garras llevaba una rama humeante. El ave dejó caer el palo sobre la hierba seca y empezó a salir humo.

No es habitual ver a un puñado de oncólogos invadidos por la emoción y la euforia. Tampoco que las gráficas de alguno de sus estudios se viralicen en redes sociales. Pero este año ha ocurrido. Y más de una vez. El pasado mayo, en Chicago, durante el congreso de la Sociedad Americana de Oncología (ASCO, por sus siglas en inglés), un auditorio entero se puso en pie para aplaudir los resultados de una terapia dirigida que logra duplicar la supervivencia en cáncer de páncreas, un tumor de muy mal pronóstico. Y este fin de semana, en Madrid, centenares de oncólogos de medio mundo volvieron a ponerse en pie: esta vez, una ovación espontánea recorrió el congreso europeo de oncología al conocerse que un ensayo para el cáncer de pulmón más agresivo lograba una mejora de la supervivencia nunca vista en ese tumor. “Estamos viendo una explosión de diferentes fármacos. Y esta innovación no está ocurriendo solo en los tumores más frecuentes, sino también en algunos más raros y agresivos. Esto es muy importante y significativo”, reflexiona la oncóloga Ángela Lamarca, coordinadora del Comité de Comunicación del congreso europeo.

―He visto que te vas a gastar 25 o 35 millones de euros... Viene en el periódico. Menos mal que tenéis dinero, qué suerte tenéis. Nosotros no tenemos ni un puto duro.
Pikachu es un pokemon de tipo eléctrico al que no le gusta ir en su pokeball. Prefiere la libertad, no estar encerrado en esa bola. Va con Ash, su entrenador. ¿Quién es Pikachu?, ¿cómo es?, ¿evoluciona? Yo sé poco o nada del universo Pokémon, pero que evolucionan sí lo sé. Y, de repente, me vi en un diálogo en el que se hablaba de bolas, de constreñir la libertad, de transformación, de ser uno y luchar para convertirse en otro, y pensé que todo cuadraba, que todo está relacionado. Que si cinco minutos antes me dicen que los pokémones y La bola negra tienen tanta relación y que Pikachu y Edmond de Bries tienen cosas en común, ni lo contemplo, pero, de repente, mis neuronas hicieron solas la conexión y tiene lógica.
“Quan Europa va descobrir que Mallorca era més que Magaluf, la vida dels mallorquins va canviar...”, resumeix la cineasta Marga Melià (Palma, 44 anys), autora de Suportant el paradís (Nuu Films), un documental que retrata els efectes de la massificació d’una illa que ja fa anys va deixar de celebrar els rècords turístics. El documental, estrenat aquest estiu a l’Atlàntida Film Fest a Palma, recupera les reflexions sobre la trencadissa del paradís que, de manera visionària, Melià va enregistrar fa 15 anys de les primeres espases de la cultura mallorquina. Els escriptors Biel Mesquida i Carme Riera, el pintor Miquel Barceló o l’artista Susy Gómez, entre d’altres, narren l’especulació desenfrenada, el xoc cultural i el canvi de paradigma que travessa la més gran de les Balears, per on el 2025 van passar 13,5 milions de turistes. Especialment emotius són els testimonis inèdits dels ja desapareguts Agustí Villaronga, l’escriptor Tòfol Serra o el fotògraf Toni Catany, que ja llavors advertien dels efectes nocius del turisme de masses a l’illa. L’estrena a Barcelona tindrà lloc a la sala Zumzeig aquest dijous a les 19:00, en un acte en què Melià dialogarà amb les escriptores Mar Garcia Puig i Llucia Ramis. El documental estarà en cartellera fins al 4 de novembre als cinemes Texas de Barcelona i el 2027 se’n preveu la difusió a través de la plataforma Filmin.