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Hace falta una energía muy equilibrada para tratar con animales. Como la que desprende Dirce Fernández Do Santos, que trabaja con ellos desde hace décadas. Esta profesional del cuidado de mascotas, procedente de Timor Oriental, tuvo su primera peluquería canina hace 25 años en el Mercado Barceló de Madrid. Aún conserva algunos de sus clientes de entonces, a quienes se ha “traído” a Contigo Cuidados, en el Corte Inglés de Castellana, el centro de estética para perros y gatos en el que trabaja, y donde recibe a EL PAÍS una mañana de viernes de febrero.






En 1893, dos años antes de la invención del cine, la casa ya estaba allí. Entonces Oslo no era Oslo, sino Cristianía. La capital estaba en plena expansión y el barrio de Frogner se acaba de integrar en la ciudad. Allí se construyó esta casa y su estilo se convirtió en el retrato de toda una época. Con la estructura medieval y las cuidadas vidrieras, mezclaba el detallismo del art nouveau con la reivindicación romántica de la arquitectura vikinga. Bajo sus techos, vivieron distintas generaciones familiares, y hace dos años, cuando parecía que sus paredes lo habían visto todo, llegó el cine y la convirtió en parte de la historia de Noruega.
El primer remonte que se puso en funcionamiento en la península Ibérica fue el 28 de febrero de 1943 en la Cerdaña, en un paraje pirenaico llamado Font Canaleta, la antesala de la actual estación de esquí de La Molina. Un entorno montañoso y rural en el que sus pobladores vivían de los aserraderos, de la ganadería, de la agricultura y de la minería. A la zona fueron llegando a principios del siglo XX jóvenes catalanes de clase acomodada para deslizarse sobre las laderas de las montañas nevadas. A rebufo de ese divertimento, el sitio se fue desarrollando a base de una línea de telégrafo, un servicio médico, alojamientos y una línea de ferrocarril. El valle se convirtió en un reclamo turístico invernal.
La nutrición está de moda. Más que nunca, en la calle se habla de superalimentos, de real food, de dietas detox o de ayuno intermitente. La cultura del bienestar gana terreno y, aunque eso a priori puede ser favorable en términos de salud, la avalancha de información (y desinformación) nutricional que circula por las redes, con modas efímeras, gurús virales y dietas imposibles, corre el riesgo de distorsionar (y simplificar) la evidencia científica sobre una verdadera alimentación saludable.
Dice Carlos Alcaraz (6-3 y 6-4 a Cameron Norrie, en 1h 33m) que no es el momento de beber el Dropshot (Dejada), el cóctel oficial del Masters 1000 de Indian Wells. No todavía. Tal vez la noche del domingo, ya verá. “Aún no lo he probado, pero cuando termine el torneo probablemente lo haga para comprobar cómo sabe. Pero aún no... De momento elijo hacer las dejadas”, bromea después de lograr el pase a las semifinales el tenista de El Palmar, quien preguntado por esa especialidad que él tanto domina, la de acariciar la pelota y dejarla muerta justo al sobrepasar la red, también escoge: “Diría que Moutet tiene el mejor toque, aunque el de Djokovic es maravilloso. Y el de Dimitrov, también”.
Aryna Sabalenka y Elena Rybakina, las dos tenistas más fuertes del momento, disputarán este sábado (19.00, Tennis Channel) la final de Indian Wells (categoría WTA 1000) tan solo mes y medio después del choque entre ambas en el desenlace de Australia.
Entonces venció la segunda, de perfil silencioso pero cada vez más intimidatoria. De hecho, con esta última victoria frente a Elina Svitolina (7-5 y 6-4), la kazaja (26 años) enlaza 12 victorias contra rivales del top-10. Gran desafío otra vez, por tanto, para la número uno del circuito.
Rybakina estrenará el lunes el segundo puesto mundial, el mejor ranking de su carrera, y el 31 de enero ya superó a Sabalenka. Antes lo había hecho en la final de la Copa de Maestras de Riad, en noviembre. No obstante, la de Minsk domina la rivalidad, aunque de forma muy ajustada: 8-7.
Sabalenka resolvió con autoridad el cruce con Linda Noskova (6-3 y 6-4), del mismo modo que Rybakina controló la igualdad del primer set y dosificó bien la renta en la continuación. Será la tercera final para la primera, aún sin gloria, y la segunda para la kazaja, superior a ella en la de 2023.
Por otra parte, anoche finalizó la participación de Paula Badosa en el WTA 125 de Austin. La española, de 28 años, perdió ante la canadiense Bianca Andreescu (6-2, 3-6 y 6-3, tras 2h 06m) y se quedó sin el billete para la final. Ascenderá del puesto 106 al 100.
Hungría lleva viviendo una situación paradójica en la última década. Los precios de la vivienda se triplicaron los dos últimos lustros; sin embargo, las transacciones de compra se han mantenido a un nivel alto durante todo ese tiempo, en torno a las 150.000 por año. En concreto, los precios inmobiliarios aumentaron un 275% entre el tercer trimestre de 2015 y el mismo periodo de 2025, según Eurostat. Se trata del mayor crecimiento dentro del bloque comunitario, por delante de Portugal (169%). Finlandia fue el único país donde los precios cayeron un 2%. En términos reales, el metro cuadrado supera en la actualidad los 3.800 euros en Budapest y en una ciudad de menor dimensión y universitaria, como Szeged, ronda los 2.500 euros en contraste con las localidades pequeñas, donde se alcanzan los 1.000 euros.
La crudeza de la guerra entre Estados Unidos e Israel frente a Irán no amaina pero la semana termina en Bolsa con una extraña complacencia. La primera semana de conflicto se saldó con la mayor caída para las Bolsas europeas desde la guerra de Ucrania pero los índices salvan esta segunda semana con cambios muy leves. Ello a pesar de que el petróleo ya se ha disparado sobre los 100 dólares el barril y de que el tráfico por el estrecho de Ormuz está prácticamente paralizado. Es más, la zona se ha convertido en el epicentro del conflicto, con ataques a buques por parte de Irán, que ha declarado su intención de no dejar pasar una gota de petróleo si no cesan los bombardeos sobre el país. La vía por la que llega al mundo el 20% del crudo que consume continúa cegada y las Bolsas mantienen una relativa calma que sin embargo podría estallar en los próximos días. Un mes de cierre para el estrecho de Ormuz es el plazo que la mayoría de analistas e inversores estiman en su escenario base sobre la evolución del conflicto. Si se prolonga por más tiempo, el mercado habrá entrado en un nuevo escenario en el que esperar ya sin paños calientes que el encarecimiento de la energía traiga más inflación y menos crecimiento. Y en el que empezar a apretar con convicción el botón de las ventas.
Los vinos de maceración carbónica han elevado el nivel de calidad de los tintos jóvenes manteniendo los precios asequibles. Su menor coste de producción, al requerir menos tiempo de crianza y menos intervención enológica (aunque exige estricto control sanitario y técnico), permite a las bodegas ofrecer vinos muy atractivos, con el esplendor frutal como principal argumento. El ejemplo más notable son los elaborados en la francesa Appellation d’Origine Contrôlée Beaujolais, epicentro mundial de la maceración carbónica, con casi un millón de hectolitros de vino principalmente elaborados con la variedad Gamay. Su célebre beaujolais nouveau llega todos los años el tercer jueves de noviembre, convertido ya en una fiesta popular que trasciende fronteras, con celebraciones, catas y lanzamientos casi simultáneos en medio mundo. Una tradición que en nuestro país, con larga historia ligada a este estilo (los populares tintos de cosechero alaveses), solo respeta Fariña con su Vino Primero.







Gema Moro, de 49 años, se asoma a la puerta con una mezcla de curiosidad y paciencia. Afuera, una pareja japonesa la mira con ilusión antes de preguntar en inglés cuánto queda para que puedan entrar. “Eso quisiera yo saber: estamos full”, les responde medio en español y los asiáticos imploran una traducción. Tras ellos, en la cola, hay dos chicas indias y un grupo de jóvenes británicos, que se interesan por la conversación a la espera de su momento y un traductor. Todos tienen las expectativas altas porque han leído y escuchado mucho sobre El Lechuguita, un clásico entre los bares de Ronda (Málaga, 33.671 habitantes). Les da igual esperar porque ya saben que después podrán disfrutar de un delicioso serranito o un singular bollito de pringá. Y porque, cuentan, ya imaginaban que habría atasco para entrar a pesar de que apenas es la una de la tarde.





La automovilística Seat estudia entrar en el negocio de los vehículos militares terrestres ligeros de la mano de Indra. Según ha podido saber EL PAÍS de varias fuentes conocedoras de las conversaciones, “las dos partes tienen interés en llegar a buen puerto”. La operación sería del agrado del Gobierno, que desde el año pasado lleva promoviendo la intensificación de las relaciones entre la automoción y el sector de defensa a través del Ministerio de Industria. Una de las fuentes consultadas apunta a que las dos partes estarían ultimando un memorando de entendimiento para la conversión, en la planta de Martorell (Barcelona), de 5.000 vehículos ligeros para uso militar. No se trataría de automóviles pensados para entrar en combate, algo que carecería de sentido teniendo en cuenta la actividad de Seat, sino destinados a otras labores del Ejército de Tierra.
Indra fue una de las grandes beneficidades en los 31 Programas Especiales de Modernización (PEM), lanzados por el Ejecutivo el año pasado para aumentar el gasto en defensa hasta el equivalente al 2% del PIB. Ahora, la compañía tiene el desafío de hacer frente a esa enorme cantidad de fondos que recibirá (solamente los programas de artillería móvil sobre ruedas y cadenas vienen aparejados de un préstamo público al 0% de interés de 3.002 millones, mientras que esos dos contratos en conjunto ascienden a 7.240 millones de euros), por lo que necesita ganar capacidad industrial cuanto antes. Con ese objetivo, intentó hacerse con Santa Bárbara, pero la estadounidense General Dynamics se negó a venderla, por lo que terminó comprando la planta de El Tallerón (Gijón) a Duro Felguera el año pasado. Actualmente, la compañía estudia fórmulas para hacerse con EM&E, una operación que conlleva un conflicto de intereses por ser la empresa del propio presidente de Indra, Ángel Escribano. Además, en la presentación de resultados anuales en febrero, Indra adelantó un importante incremento de su huella industrial en España en los próximos años para hacer frente a los contratos que tiene por delante, además de por los que quiere competir en el futuro, como la modernización de los tanques Leopard.