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Como una hidra de tres cabezas dispuesta a cuestionar las innumerables certidumbres que tientan cada mañana a las sociedades contemporáneas se ha colado en el Centro de Arte Moderno y Contemporáneo de Castilla-La Mancha de Toledo un tal Andrés Rábago. Entiéndase por esto la triple presencia, en el renovado museo ubicado en el convento de Santa Fe y en forma de una generosa donación de 301 obras, de los heterónimos puestos en pie por el artista a lo largo del tiempo: el propio Andrés Rábago (Madrid, 1947), pintor simbolista y metafísico de la soledad; OPS, aquel autor de viñetas oscuras, surreales e inquietantes que removieron las oscuras aguas del franquismo en su última fase y también las de la Transición; y El Roto, dibujante y escritor satírico, incansable bisturí cotidiano hurgando en las verdades y mentiras de lo político, lo social y lo cultural en las páginas de Opinión del diario EL PAÍS.


Una fotografía de pasaporte está hecha para identificar a una persona, no para contar quién es. Diminuta y sobre un fondo blanco, verifica y aspira a eliminar cualquier ambigüedad. Sin embargo, es precisamente de esa paradoja, la distancia entre lo que muestra una imagen y lo que puede llegar a narrar, de donde parte Passports, el último libro de Keisha Scarville, (Nueva York, 1975) en el que el retrato de su padre, tomado a los dieciséis años, da pie a una exploración que desborda los límites de la fotografía original.
Quizá recuerden ustedes aquella película tan tierna de Jim Jarmusch titulada Paterson, protagonizada por un conductor de autobuses con una pulsión poética irreprimible, que cuando conseguía salir de su rutina laboral se dedicaba a escribir bellos versos. Bentor Marrero, el protagonista de la brillante primera novela de Teodoro Jiménez Pozo, es la némesis cruda y nihilista de aquel personaje que en el cine encarnó Adam Driver: un camionero joven, que odia un trabajo repetitivo y brutal en el que el GPS que le da instrucciones de ruta le trata con más humanidad que sus propios compañeros y su jefe, ya no sabe diferenciar entre el día y la noche, el tiempo laboral y el de ocio, la vida y la muerte. Un hombre despojado de toda posibilidad de sentirse humano y por tanto, de toda poesía que a pesar de todo, aún es capaz de encontrar alguna belleza en los paisajes tinerfeños que contempla cuando va conduciendo.

Este octubre se cumplen seis meses desde que el PP inaugurase la segunda ronda de Gobiernos autonómicos con Vox. María Guardiola, baronesa extremeña, cedía de nuevo ante la extrema derecha incluyéndola en su Ejecutivo y desataba la caída del resto de fichas del dominó: Aragón, Castilla y León y Andalucía. En todas los pactos, los populares dieron cancha a la formación de Santiago Abascal, cuya agenda ultra ha ido avanzando en los boletines territoriales desde entonces hasta hoy. Medidas que se han acelerado con el inicio del curso político, así como con la paulatina aprobación de los Presupuestos autonómicos en plena precampaña de las elecciones generales del 29 de noviembre en la que, según las encuestas, la alianza de PP y Vox puede alcanzar una mayoría de gobierno.
Las infecciones de transmisión sexual (ITS), que llevaban una década disparadas en España, remitieron en 2025. El último informe del Centro Nacional de Epidemiología (CNE), que adelanta EL PAÍS, muestra una leve caída de la sífilis y del linfogranuloma venéreo, una estabilización de casos de gonorrea y una subida moderada de clamidia. El documento no refleja el VIH, que se mide en otro informe independiente y que lleva unos años estabilizado.
Con un par de asesinatos truculentos comienza Una tumba en Al Ándalus (Tusquets), la tercera entrega del escritor que, con el seudónimo de Lorenzo G. Acebedo, novela al poeta medieval Gonzalo de Berceo como investigador de crímenes y dotado de un humor sarcástico. Aparentemente, se trata de muertes perpetradas por gente de baja estofa, pero en realidad orbitan sobre ellas los más altos poderes de la época. Así sucedió ya en los títulos precedentes de esta serie, La taberna de Silos (2023) —un éxito de crítica y ventas—, y La Santa Compaña (2024). Dos thrillers que cuentan con el atractivo de retratar la vida de los monjes medievales peninsulares e ilustrar sobre el arte románico.

Mientras París arde, el mundo del arte contemporáneo se refugia en su caja de cristal. Estos días, la metáfora resulta tan literal que roza la humorada, aunque todo vaya muy en serio: los coleccionistas más poderosos y buena parte de los principales profesionales mundiales del sector se reúnen en el Grand Palais, el monumento de vidrio y acero de finales del siglo XIX de los Campos Elíseos, para asistir a Art Basel Paris, la gran feria de arte contemporáneo del otoño, llevando en sus móviles un correo electrónico que les informa de las férreas medidas de seguridad desplegadas por la organización ante los disturbios generados por las protestas sociales.
Netflix necesita más y más youtubers para que la llama siga ardiendo. Este lunes, la plataforma de streaming anunció que retransmitirá en exclusiva La velada del año de Ibai Llanos hasta 2029, pero el español es solo el último creador de contenidos de la plataforma de Google al que Netflix ha echado el guante en su estrategia de los últimos meses. Llanos es parte de un engranaje que va mucho más allá.
“¿Qué os preocupa a vosotras?”, preguntó el tiktoker CharlyOkei a tres muchachas jovencísimas. “¡Ceuta!”, contestó rauda una. “¿Sabrías situarla en un mapa?”, continuó el entrevistador. Ante su titubeo, otra se adelantó: “Claro, al lado de la Antártida”. Confieso que durante nanosegundos dudé si sería una metáfora del aislamiento que la muchacha considera que sufre la ciudad autónoma. No tardó en despejar mi duda: “Claro, está Ceuta, Melilla y la Antártida”, sentenció. “La Antártida está arriba”, corrigió la que permanecía callada. Conocimientos de geografía cero, pulseritas tres. Porque todas lucían pulsera de España, obvio. Las ves y das por sentado que quienes las portan tienen un conocimiento del país medio alto, pero no, solo es parte del outfit, como los que llevan camisetas de los Ramones porque las vende Zara, pero no diferencian a Joey Ramone de Ramón y Cajal.

Camino Alto de San Isidro es una calle peatonal de Carabanchel con alma de corrala. Por las tardes, los adultos se asoman a los balcones y se sientan en sillas plegables a ver pasar a los niños en edades de primaria volando a 25 kilómetros por hora en patinetes eléctricos. Otros pequeños juegan al fútbol cerca de una pared de ladrillo donde alguien pegó hace tiempo una foto de Jenni Hermoso, la estrella del fútbol femenino que dio aquí sus primeras patadas al balón. Los vecinos hablan de chismes y asuntos serios, entre otros un tema que les duele: el problema de los pisos vacíos, cerrados con puertas de acero. Todo el mundo los ha visto en esta colonia de 28 bloques, una de las principales reservas de vivienda pública de la región, donde no es raro que diez o doce personas compartan un mismo hogar. EL PAÍS ha recorrido los edificios uno a uno y ha contado 18 pisos cerrados.



