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En 1962, los estadounidenses Gary Hemming, Royal Robbins, Tom Frost y Chuck Pratt, es decir, cuatro de los grandes arquitectos de las vías de referencia abiertas en el Valle de Yosemite, viajaron a los Alpes para trasladar a la cuna del alpinismo su savoir faire. En la cara oeste del Petit Dru, 1.000 metros de granito vertical y orgullo de Chamonix, los cuatro establecieron un nuevo itinerario bautizado como Directa Americana, con una dificultad de ED+ (extremadamente difícil superior). Europa conoció una revolución: si hasta la fecha las grandes ascensiones se hacían a la carrera y buscando las líneas débiles de la pared a costa de accidentes y dramas para escapar de la montaña, los americanos confiaban en equipos numerosos que trabajaban para montar hamacas en la pared bien aprovisionadas de todo lo necesario para resistir y avanzar lentamente. Buscaban líneas directas aunque para ello tuviesen que progresar en artificial, usando estribos y cantidades ingentes de material. Técnica y paciencia. Tal revolución duró bien poco. 20 años exactamente. Y lo que vino después resultó inconcebible. El 30 de junio de 1982, el francés Christophe Profit localizó el inicio de la Directa Americana, se calzó sus pies de gato, hundió alternativamente sus manos en la magnesera colgada de su cintura y, así, sin cuerda ni compañero, escaló la ruta en solo integral y en apenas tres horas. Los americanos habían invertido, 20 años atrás, algo más de dos días.
Durante décadas, Detroit fue el símbolo de la decadencia urbana estadounidense. Hoy, la ciudad de los Grandes Lagos que inventó la producción en cadena vuelve a atraer a arquitectos, artistas, chefs, diseñadores y viajeros curiosos. Entre rascacielos art déco, antiguas fábricas reconvertidas y algunos de los mejores murales del país, demuestra que las ciudades también pueden reinventarse.
El diplomático español Pedro Serrano de Haro Soriano (Madrid, 64 años) ha ocupado durante casi cinco años un puesto privilegiado para entender la relación entre Londres y Bruselas, pero también la relevancia que tienen en el mundo las instituciones comunitarias para las que trabaja. Como embajador de la UE en el Reino Unido, la segunda persona que ocupa ese cargo tras el Brexit, ha vivido el periodo más dulce de esta nueva era: aquel en el que el Gobierno británico y la Comisión Europea se han esforzado por dejar atrás años de disputas amargas y han reiniciado una relación que se sabe imprescindible desde las dos orillas.
La palabra puta es probablemente el insulto más lanzado contra las mujeres y ha sido así por siglos. Esta idea defiende Dominique Lagorgette, catedrática francesa de Lingüística en la Universidad de Saboya Mont Blanc, en Borgoña. Desde hace más de dos décadas, la filóloga de 58 años investiga la evolución del francés desde la Edad Media hasta la actualidad, con un interés particular por la violencia verbal.
Ana Vázquez nació en Huelva, es la menor de nueve hermanos y madre de siete hijos. Empezó a parir a los 19 años. Su suegra la acogió como a una hija en una casa muy grande de Andújar (Jaén), donde se entregaba cada día a cocinar y a criar a sus hijas e hijos. Ahora, a sus 85 años, está volviendo a ser más niña y no para de sonreír, aunque por dentro tenga un montón de palabras rotas. Le ha gustado tanto bailar que ahora, cuando alguien le dice algo bonito, incluso en el hospital, levanta los brazos y baila. “Durante décadas, Ani y tantas otras mujeres han sostenido hogares, criado familias, trabajado dentro y fuera de casa y cuidado de todos antes que de sí mismas. Han sido el motor silencioso de pueblos y ciudades, pero rara vez han recibido reconocimiento público”, explica Yolanda Sáenz de Tejada, hija de Ani y promotora del proyecto que se ha bautizado como La Pregonera.
Matt Dinniman escribe en calzoncillos. Previsiblemente, nada extraño en una profesión que practica el aislamiento, pero inusualmente divulgado entre sus circunspectos exponentes. Y mucho menos celebrado, como hace el escritor estadounidense, casi como muestra de identidad. “Bueno, vamos a ver, ahora a veces me pongo una camiseta”, bromea. Con esas pintas ha escrito la saga de Carl el Mazmorrero, autopublicada en 2020 y que ha vendido 10 millones de ejemplares desde que Ace Books compró sus derechos editoriales en Estados Unidos en 2024. Es el rey indiscutido de un género literario nacido en los foros de internet, que ha dado el salto al mercado editorial y que no se cansa de reclutar nuevos y muy apasionados adeptos: el LitRPG (Juego de Rol Literario, por sus siglas en inglés), que no es otra cosa que libros inspirados en mecánicas de videojuegos (los personajes suben de nivel, acumulan poderes, etc.).

Me gusta el fútbol. No puedo añadir eso de los domingos por la tarde, es la mayor de mis aficiones, porque ya no tiene fecha fija. La primera jornada de Liga durará 12 días, un disparate. El dinerito manda. En este Mundial, la FIFA lo ha llevado al extremo con sus pausas de hidratación para vender publicidad y sus entradas a precios desorbitados. Ninguna imagen refleja mejor en qué se ha convertido un juego supuestamente popular que la copa llegando en un maletín de Louis Vuitton. Se juega cuando dicen las televisiones. Para que en Europa viésemos la final en prime time, en Nueva Jersey jugaron a las tres de la tarde. En Nueva Jersey, sí, porque no íbamos “camino de Nueva York”, como decía TVE y tantos repetían, íbamos camino de Nueva Jersey. Se lo juro, he visto ese estadio con estos ojitos que se empañaron tras el gol de Ferran Torres. Cómo de grande será este deporte que me sigue emocionando con lo que cuesta separarlo de todo lo malo que implica: el racismo, la xenofobia, la violencia, la misoginia, la homofobia… Egipto e Irán protestaron porque su partido coincidía con los fastos del Orgullo en Seattle, como si Egipto, y no digamos Irán, no tuviesen problemas mayores que la sexualidad de sus ciudadanos.
Concha Alós (1926-2011) fue una destacada escritora española adscrita al realismo social. Se la considera coetánea de la generación del Medio Siglo —aquella nómina de autores nacionales que nacieron en los años veinte del siglo pasado y que comenzaron a publicar en la década de los cincuenta—. Sí hombre, sí, Josefina Aldecoa, Ana María Matute, Ferlosio. Ya sea por ser una chica de provincias, por pertenecer a una familia de clase obrera y republicana, por ser mujer y divorciada y, en el mejor de los escenarios, una anomalía literaria, ganó el Planeta hasta en dos ocasiones. Decido pensar que la representación de la desigualdad de clase y género condicionó su recepción en la España franquista y favoreció su olvido posterior.

Para cuando Ferran Torres anotó en la prórroga el tanto que dio a España su segundo Mundial en Nueva Jersey, Adidas ya había ganado la final. La firma alemana, uno de los socios comerciales de la FIFA, vistió a La Roja (su camiseta blanca se ha convertido en omnipresente este verano) y también a Argentina (equipó a 14 de las 48 selecciones participantes), y creó el balón oficial del campeonato. Su máxima competidora, la estadounidense Nike, proveedora técnica de 12 selecciones, desplegó una campaña en la que cabían Mbappé, Cristiano Ronaldo, Haaland, LeBron James y Kim Kardashian, pero se quedó sin conjunto en el último partido. Así, Adidas se impuso sobre el césped el domingo. Ahora bien, decidir qué marca salió victoriosa del Mundial en ventas, publicidad y notoriedad exige mirar otros marcadores.

El procedimiento de inhabilitación abierto por el Ministerio para la Transición Ecológica a la comercializadora Holaluz-Clidom, publicado en el BOE el pasado sábado, responde a impagos de peajes y cargos por parte de esta compañía a las grandes distribuidoras eléctricas, que han llegado a sumar unos seis millones de euros. Esa deuda coloca a la empresa catalana, que prepara sus alegaciones, a las puertas de una posible extinción de su licencia para vender energía.