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El alirón del Barça puede ser cuestión de horas porque después de cantar victoria en El Sadar ya solo depende de que el Madrid no gane este domingo en el campo del Espanyol. (21.00, Movistar). Los azulgranas no paran de sumar puntos por activa y por pasiva desde su derrota en febrero en Girona. El equipo de Flick contó ante Osasuna su décimo triunfo consecutivo y demostró que tiene tanta prisa que no le importaría celebrar el título antes del clásico del domingo en el Camp Nou. Ahora falta por ver si al Madrid no le importa discutir durante la semana si está dispuesto a montar el pasillo a los barcelonistas o, por contra, derrota al Espanyol, un rival que no ha ganado un partido en 2026, y desafía al Barcelona para la cita del día 10.
El Athletic Club se resiste a bajarse de la pelea por Europa con un nombre propio brillando por encima del resto: Nico Williams. El extremo rojiblanco lideró la remontada en el derbi ante el Alavés con un doblete decisivo en un segundo tiempo para enmarcar, manteniendo vivas las aspiraciones continentales del conjunto bilbaíno. En el otro lado, el Alavés, pese a su buen arranque, tendrá que seguir peleando por eludir el descenso en las cuatro jornadas de Liga que restan.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha elevado el tono de las amenazas a La Habana y ha dicho que su país “tomará Cuba casi inmediatamente”, durante un acto en Florida este viernes. “Cuando regrese de Irán, tal vez hagamos que el portaviones SS Lincoln desembarque y entonces se rendirán”, ha dicho en referencia al régimen castrista. Sus declaraciones vuelven a poner el futuro de la isla en la diana presidencial.
John Kenneth Galbraith publicó en 1967 su libro El nuevo Estado industrial. Una de sus conclusiones es que en las empresas modernas, a medida que crecen, un grupo de técnicos y directivos, a los que define como la “tecnoestructura”, asume más y más poder, desplazando a los accionistas. Como consecuencia de este empoderamiento y de la atomización de la propiedad de las corporaciones, la tecnoestructura tiene una influencia directa a la hora de decidir sobre sus propios sueldos. Casi seis décadas después de que el economista y diplomático canadiense advirtiese sobre este fenómeno, la maquinaria de la élite directiva sigue perfectamente engrasada.
