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La ilusión de miles de migrantes que han ido recibiendo la admisión a trámite de su solicitud de regularización pasa ahora por unos momentos de inquietud, porque no acaban de recibir el número de la Seguridad Social que posibilita la firma de un contrato formal de trabajo. Son miles los expedientes en suspenso que acumulan ya los abogados sin haber recibido más comunicaciones. Cada mañana, Katerine, Adonái o Joel tienen como primera tarea mirar el buzón. ”Y nada”, ríe al teléfono la cubana Katerine Aguilar, que espera el número que le permitirá colocarse en una pizzería de su pueblo en Barcelona, Vilanova i la Geltrú. Mientras, siguen desempeñándose en lo que pueden, la limpieza, la construcción: “Nos vamos defendiendo con lo que va apareciendo”, dice optimista.
El País Semanal dedica este domingo un número especial a Benito Antonio Martínez Ocasio, Bad Bunny. La gira que lleva el nombre de su último álbum, DeBÍ TiRAR MáS FOTos, recala por fin en España, donde están previstos 12 conciertos, dos en Barcelona (el 22 y 23 de mayo) y 10 en Madrid (entre el 30 de mayo y el 15 de junio), con más de 600.000 entradas vendidas.
Volverán “prontísimo”. Así de rotundo se mostró Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, al ser preguntado por el retorno de los conciertos al Santiago Bernabéu. Lo dijo tan solo pocas horas después de que la Audiencia Provincial de Madrid archivara la causa penal abierta por el ruido de los conciertos celebrados en el estadio. Por su parte, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha prometido este jueves “seguridad jurídica” a los promotores de los conciertos: “Hay que entender que vivimos en una ciudad de ruido”. Por su parte, las empresas aseguran que, de ser así, estarían dispuestas a plantearse el retorno de la música en vivo al templo blanco. Mientras, el Ayuntamiento de la capital asegura que “no hay ningún tipo de previsión de cambiar ningún marco normativo” respecto a contaminación acústica.

Se mueve en redes y mucho. Sobre todo durante los últimos tres años: cada vez más jóvenes reivindican las celebraciones populares, entre ellas, San Isidro. Lo notan las asociaciones castizas de toda la vida, a las que se acercan veinteañeros, algo que antes no ocurría, y surgen nuevas, con afán de cuidar, pero también de modernizar las costumbres. En internet lo comparten y en la pradera viven la fiesta patronal con fervor. También hay quienes han encontrado la manera de aunar tradición y vanguardia para hacerla suya. EL PAÍS habla con madrileños ―de cuna y de corazón― de entre 23 y 30 años sobre folclore, arraigo y nuevas formas de ser castizo.

El olor a anís de las rosquillas madrileñas recorre de norte a sur la Pradera de San Isidro. La explanada, tomada estos días por parejas de chulapos que bailan chotis, familias que pasean sin prisa y jóvenes que se encaraman a las atracciones, vive ya los días centrales de unas fiestas que Madrid celebra en honor a su patrón, Isidro Labrador. Superado el ecuador, aún quedan tres jornadas para que la verbena despliegue su pulso más castizo con varios conciertos en la Pradera, la plaza Mayor, Matadero y los jardines de las Vistillas.

En pleno corazón de La Latina, junto a la monumental basílica que le da nombre y lejos del bullicio inmediato del centro, los jardines de San Francisco se han consolidado como uno de esos rincones que Madrid parece reservar para quien sabe detenerse. Situado sobre una pequeña meseta de 4.200 metros cuadrados, este espacio verde ocupa el solar del antiguo convento de San Francisco y ofrece una de las panorámicas más singulares de la ciudad: una ventana abierta al oeste madrileño que, al caer la tarde, regala algunos de los atardeceres más celebrados de la capital.
Su principal singularidad está en su transformación botánica. Lo que durante años fue la conocida Dalieda de San Francisco pasó a convertirse en un jardín de rosales con 21 variedades distintas, elegidas por su mejor adaptación al clima madrileño y por una floración especialmente intensa entre mayo y junio, cuando el recinto alcanza su máximo esplendor. A ese paisaje se suma el grupo escultórico El sueño de San Isidro, obra de Santiago Costa fechada en 1952, que representa al patrón de Madrid recostado mientras un ángel posa su mano sobre él, un guiño artístico que conecta el jardín con la memoria simbólica de la ciudad.
Hay algo paradójico en toparse con las imágenes de un monstruo de la fotografía como Daido Moriyama en una ciudad como Kioto, tan asociada a templos, jardines, ceremonias del té y otros símbolos de las esencias locales. Aunque, en el fondo, el gran fotógrafo japonés lleva más de medio siglo oponiéndose a los tópicos de esa postal idílica. Su cámara ha perseguido el consumismo desaforado de los supermercados, la proliferación infinita de 7-Eleven y otros konbinis, los restaurantes de mala muerte, los neones en callejones de los bajos fondos, la belleza distraída de los cinturones de circunvalación, los hoteles baratos donde practicar sexo en horario diurno y otros rincones de las megalópolis de su país.


La ministra de Exteriores de Austria, Beate Meinl-Reisinger, advertía ya en septiembre del boicot a Eurovisión que se fraguaba entre varios países, entre ellos España, por la participación de Israel. La jefa de la diplomacia del país anfitrión trataba de disuadir a los críticos y les recordaba que el certamen “no es un instrumento para imponer sanciones”. Pero fue precisamente Austria quien recurrió por primera vez al boicot cuando en 1969 decidió no mandar a ningún representante a Madrid. Ese año, España albergaba el evento tras la victoria de Massiel en Londres con el La la la. Viena rechazó participar para no contribuir al blanqueamiento que el régimen franquista buscaba en Europa mientras en España decretaba el estado de excepción y suspendía la escasa libertad de prensa aprobada con la ley Fraga.
Durante los años setenta devoré con memorable placer (y continúo haciéndolo) a insustituibles y prodigiosos escritores argentinos como Borges, Cortázar y Sábato, pero también me encontré casualmente, sin tener noticias previas del autor, compatriota de los anteriores, con una novela tan original como turbadora titulada El beso de la mujer araña. La firmaba Manuel Puig. Contaba la forzada convivencia en la celda de una prisión entre un preso político, rocoso, torturado, comunista y un transexual que sueña y hace soñar con películas que su imaginación inventa, soñadoras, melodramáticas, felices. Su objetivo es suplantar la horrible situación que viven mediante la fantasía, narrar historias tan improbables como edulcoradas cuyo presunto glamur les haga olvidar momentáneamente su infierno. Y pasarán cosas muy sorprendentes en su problemática relación.
Dirección: Bill Condon
Intérpretes: Jennifer Lopez, Diego Luna, Tonatiuh Elizarraraz, Bruno Bichir, Josefina Scaglione.
Género: drama, musical. Estados Unidos, 2025.
Duración: 128 minutos.
Estreno: 15 de mayo.
A finales de los años setenta y principios de los ochenta, el cine quinqui se convirtió, casi sin proponérselo, en el más poderoso documento social de lo que fue la España de extrarradio del momento. José Antonio de la Loma, desde una vertiente más sensacionalista y conservadora, y Eloy de la Iglesia, desde la más absoluta libertad de actuación en todos los sentidos, con la puntual aportación de autor de Carlos Saura en Deprisa, deprisa, retrataron el arrebato navajero, la angustia económica y la falta de expectativas.
Dirección: Luc Knowles.
Intérpretes: Arón Piper, Marta Etura, Marco Cáceres, Greta Fernández.
Género: social. España, 2026.
Duración: 91 minutos.
Estreno: 15 de mayo.