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Zinedine Zidane y Pep Guardiola llevan compartiendo espacios comunes desde que el mundo tuvo constancia de su existencia, algunos tan triviales como la fragilidad capilar o esa elegancia natural de quien aprendió a caminar con las manos metidas en los bolsillos. Como futbolistas fueron centrocampistas de técnica exquisita, inteligencia superlativa y sangre caliente, tan complementarios que Johan Cruyff se los imaginó jugando juntos y a Josep Lluís Núñez casi le da una embolia solo de pensarlo. Como entrenadores, los dos comparten una visión paralela del negociado, comenzando por el valor que otorgan a los títulos en juego: ninguno es más importante que la liga doméstica.
El bronceado ideal es una contradicción en sí misma: favorece, pero envejece la piel; disimula imperfecciones, pero puede acentuarlas; es símbolo de estatus y, al mismo tiempo, motivo de burla. Con la llegada del calor vuelve la tentación de utilizar un autobronceador. Y también la duda, porque pocos cosméticos generan tanta desconfianza.
“Todo el mundo piensa que el estilo perrito es muy vulnerable, pero en realidad es la postura más estable. Como una mesa. Es difícil que te tiren cuando estás a cuatro patas”, escribe Miranda July en A cuatro patas (Random House, 2025), uno de los grandes éxitos literarios del año pasado. En esta controvertida postura también ha sido retratada en la tercera temporada de Euphoria Sydney Sweeney. En la serie dirigida por Sam Levinson, Sweeney emula ser una sensual perrita para generar dinero a través de OnlyFans con el objetivo de costear una boda ostentosa ante la negativa de su prometido, interpretado por Jacob Elordi, que no quiere gastarse 50.000 dólares en flores en tan señalado día.
Lo malo de charlar con Éric Zemmour (Montreuil, 67 años) podría ser tener que escuchar determinadas afirmaciones islamófobas y etnicistas. Lo bueno para un periodista, sin embargo, es que no se molesta en disimular algunas de sus inclinaciones, como suele hacer la mayoría de la extrema derecha europea. No hay trampa. “Los pueblos occidentales han entendido que estaban muriendo y siendo sustituidos por los pueblos árabe-musulmanes”. Y a partir de aquí se desarrolla todo.

La guerra acribilla muchas cosas, sobre todo, las emociones. La escritora Margaryta Yakovenko, nacida hace 33 años en la localidad de Tokmak, en la provincia ucrania de Zaporiyia, ha abierto con naturalidad una página privada de su familia en el libro Ocupación (Seix Barral), en las librerías desde el próximo miércoles, 13 de mayo. Un esfuerzo valiente, pero no por ello inconsciente. Dice con sinceridad, sirva de aviso al lector, que la guerra que ella ha vivido no es, claro, la que vivieron aquellos ciudadanos que tuvieron que huir de Ucrania tras la gran invasión rusa de febrero de 2022. “Es imposible hablar en nombre de millones de personas”, dice al inicio de la conversación la autora, periodista de EL PAÍS. No se siente autorizada, ni quiere, para hablar en nombre de nadie. Su escritura es suya y trata tan solo de una gente normal, que poco pudo hacer en medio de la violencia, lejos de heroicidad alguna.

Francisco Hernández solicitó el contrato predoctoral FPU (Formación de Profesorado Universitario) 2024, uno de los más prestigiosos del mundo académico. Quedó en reserva con la mejor puntuación: 91,912. Dos personas dentro de su área renunciaron a la ayuda. Nunca le llamaron para cubrir una vacante. A Elena G. también le tocaba una FPU en segunda ronda, pero el silencio institucional la mantiene encallada. Se mudó de Madrid a Santiago de Compostela para hacer su tesis doctoral, pero está en el paro esperando a que la reasignen mientras solicita otros contratos. Lo mismo le pasó a Sergio Casado: en la convocatoria FPU 2023 se quedó el segundo en la lista de Humanidades. Según la resolución definitiva de la convocatoria, diez personas rechazaron el contrato y él nunca optó a la plaza libre.
Isabel Allende es mi influencer. Ahora que el amor romántico parece estar bajo sospecha, ahí está ella enamorándose a los sesenta, a los setenta y a los ochenta. “Siempre que hablo contigo estás enamorada”, le dijo Óscar López la última vez que la entrevistó en Página dos. Menuda maravilla, digo yo. De la vejez me asustan innumerables contratiempos, entre ellos que desemboque en inapetencia sentimental, aunque sea voluntaria, como la de tantas famosas que cuentan lo felices que son desde que han renunciado al romance. Qué descanso, dicen. Qué aburrimiento, pienso. Me crie cerca de demasiadas señoras “de edad” a las que los prejuicios, los suyos, y especialmente los ajenos, les hicieron creer que el deseo y el amor tenían fecha de caducidad. Se evitarán disgustos —miren a Ábalos descubriendo el ghosting a los 66; en ese esperpéntico juicio le falta gritar que sólo es culpable de amor en primer grado como la Celeste Talbert de Escándalo en el plató—, pero yo prefiero ser polvo enamorado.
Carrusel de melancolías, de Leonora Vicuña (Santiago de Chile, 1952), es mucho más que un libro de fotografía: es una especie de registro visual de un periodo histórico concreto, construido desde una mirada íntima y poética que enfoca a lo invisible. Bajo una mirada libertaria y humanista, la fotógrafa chilena revela la intimidad de aquellos espacios que quedan fuera del discurso oficial, construyendo una realidad sombría que posteriormente colorea con lápices y otras tinturas, transformando la imagen sagrada casi como una artesana que la reinterpreta a su modo, mucho antes de la fotografía digital y Photoshop.
Pregunta. ¿Tiene derecho el propietario de la vivienda que tengo alquilada a repercutirme el importe total de la renovación de los muebles de cocina y los electrodomésticos? Si es así, ¿en qué porcentaje mensual o anual y por cuánto tiempo? L. Fauro
Suponemos que la Iglesia tendrá una larga lista de personas a las que se plantea canonizar, pero quizá tendría que estudiar nuestro caso como catadores de postres y otras recetas virales. Sufrir en nuestras propias carnes la ingesta de estos inventos para comprobar si valen la pena o no merece una beatificación, porque algunos son realmente engendros del demonio. Aunque también es verdad que algunos son potables, que de todo hay en la viña de TikTok.