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Dos grandes cañones de bronce presiden la entrada principal del Emirates Stadium de Londres, donde este martes (21.00, Movistar+) Arsenal y Atlético de Madrid se juegan el pase a la final de la Champions League. Las simbólicas piezas de artillería que son la seña de identidad del club londinense han envejecido mejor que un coliseo que fue vanguardia cuando fue inaugurado en 2006 como relevo del entrañable Highbury Park.
Una moqueta vieja, cuatro paredes empapeladas de amarillo con motivos geométricos y un falso techo plagado de fluorescentes. Hace siete años, una fotografía de lo que parecía un antiguo almacén irrumpió en la polémica web 4chan. El espacio era anodino, familiar, pero ese minimalismo tan crudo producía una sensación de extrañeza que atrapó en seguida a los usuarios. Sobre esa fotografía se construyeron leyendas que advertían del riesgo de quedar atrapado en un laberinto formado por infinitas estancias similares a esa almacén. El fenómeno se bautizó como backrooms, en español se traduce como trastienda, e inauguró el interés por los llamados espacios liminares.
“Escribí a cinco directores generales y me contestaron cuatro”, dice Ben Horwitz, estudiante de la Escuela de Negocios de Harvard. Los directores generales no suelen contestar a emails de desconocidos. Les pedía, además, tomar un café o que fueran a una reunión con estudiantes, nada muy importante. Pero Horwitz tenía un truco: había creado una pequeña app que imitaba el estilo de estos ejecutivos al escribir, con erratas, sin saludos, apenas una línea con seis, ocho palabras. Y funcionó.
“Un buen grito o castigo a tiempo siempre funciona”. Esta frase aparece en conversaciones de parque, en sobremesas familiares, en comentarios lanzados casi sin pensar cuando un niño desafía un límite una y otra vez. Como si, en el fondo, todavía necesitáramos creer que la firmeza, entendida como dureza desmedida, es la manera más eficaz de educar. Pero basta observar con algo de perspectiva la vida cotidiana en casa para ponerlo en duda.

Cuando el calendario anuncia el cambio de estación, las horas de luz se alargan y los planes al aire libre se multiplican. Dentro de casa, el jardín pasa a convertirse en la estancia favorita. Se convierte en el espacio perfecto para todo: desde desayunar hasta leer, o simplemente para desconectar al sol.










La casa familiar de la activista birmana Aung San Suu Kyi a orillas del lago Inya, en Rangún, ha sido durante varios lustros una tribuna y un santuario político, pero también una jaula. Era el lugar desde el que la hija del héroe de la independencia birmana hablaba a sus seguidores a través de una verja metálica, lo que convirtió el recinto en uno de los grandes símbolos de la resistencia civil contra la junta militar que gobernó con puño de hierro entre 1962 y 2011 Myanmar, una nación del sudeste asiático que actualmente cuenta con unos 55 millones de habitantes.
La guerra en Oriente Próximo y el cierre del estrecho de Ormuz han provocado una crisis energética de consecuencias imprevisibles en el continente africano. La escasez de combustible disponible y la subida de los precios del petróleo, de alrededor del 50%, están provocando una ola inflacionista que ya afecta a los ciudadanos y que se suma a las dificultades de aprovisionamiento de fertilizantes y productos alimenticios. Mientras unos gobiernos han optado por reducir los impuestos a la importación de combustible, otros incluso apagan las luces de sus ciudades. Pese a ser un importante productor de crudo, el 8% mundial, su baja capacidad de refinado hace que África importe el 70% del petróleo que consume. Tres de cada cuatro barriles proceden de Oriente Próximo.
El 4 de mayo de 2015, nos dejó Soledad Cazorla Prieto, la primera fiscal de sala especializada en violencia contra las mujeres. Su trayectoria estuvo marcada por una convicción firme: que la justicia debía mirar de frente a la violencia contra las mujeres. Pero también por una intuición que durante demasiado tiempo no ocupó el lugar que merecía en el debate público: que las víctimas de la violencia machista no eran solo las mujeres asesinadas o maltratadas, sino también quienes estaban a su lado.
Este 29 de abril nos ha dejado uno de los personajes clave para entender algunos de los avances en la biología del genoma de los últimos 35 años. El doctor James Craig Venter se labró la fama de científico emprendedor que rompía con los moldes y, a finales de los años noventa, la prensa escrita, como Der Spiegel o Time, aprovechó que él mismo se había denominado como el “tigre del genoma”. Por entonces no existían las redes sociales como las conocemos hoy, aún así pienso que gracias a su carisma y capacidad de persuasión, era un lince en lo que respecta a promocionarse aprovechando los medios de comunicación de la época, prensa y televisión. En 1992 fundó “The Institute for Genomic Research” o TIGR, que al pronunciarlo en inglés suena como “tiger” o tigre.

Gil Manzano estiraba en el vestuario de Cornellà con su cuadrilla. En 12 minutos iba a llevarse el silbato a la boca y a pitar el comienzo del partido entre el Real Madrid y el Espanyol, un encuentro crepuscular donde uno se jugaba el descenso y el otro, el honor y una supuesta humillación por el posible pasillo al Barça en la siguiente jornada. Y entonces, en una realidad paralela, las cámaras de El Chiringuito captaron a Mbappé bajando por la escalerilla de su avión privado con esa suerte de riñonera cruzada, tan del agrado del seguidor de curva del PSG, y con su pareja actual. Llegaban tranquilamente de una escapada. Y aquí alguien decidió que era un buen momento para colgarle el muerto.