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En el norte de Crimea, en la fina lengua de tierra de Dzhankói que separa la península del continente, varias líneas de fortificaciones abandonadas rusas evocan el momento en el que el ejército ucranio revertió el curso de la guerra. La hierba se mece hoy entre infinitas filas de dientes de dragón, trincheras y búnkeres construidos por los rusos a toda prisa a finales de 2022, cuando las fuerzas de Kiev recuperaron la mayor parte del territorio conquistado por el Kremlin y expulsaron a su enemigo a la orilla contraria del Dniéper en una serie de contraataques sorpresa. Occidente prometió entonces a Ucrania una ayuda tardía que sigue llegando a cuentagotas. Y Moscú frenaría la esperada ofensiva, previsible y aplazada varias veces, apostando por una guerra de desgaste a la espera del advenimiento de Donald Trump. El conflicto se enquistó, Trump decepcionó a todos, y sobre las zonas ocupadas de Jersón y Zaporiyia se extendió un manto de opacidad impuesto por las autoridades rusas. Al otro lado del río miles de civiles han abandonado sus hogares y quienes quedan viven bajo dos amenazas: los bombardeos de una guerra sin horizonte y la estrecha vigilancia de las fuerzas de seguridad rusas, recelosas de los sabotajes en un territorio que controlan desde hace cuatro años.

La calle de Bravo Murillo nació como una frontera social. Son cuatro kilómetros, un paseo de 45 minutos desde la glorieta de Quevedo hasta la plaza de Castilla. A un lado iban a estar los pobres y al otro los pudientes. Así se decidió tras la Guerra Civil, pero casi 90 años después se respeta ese diseño y ningún alcalde en Madrid ha trabajado para alterarlo.


Tras un año de parón, el EPT de París (European Poker Tour) en Le Palais des Congrès ha abierto sus puertas de nuevo hasta el 1 de marzo, torneo planetario y parada obligatoria donde se retan los mejores, como lo harán más adelante en Montecarlo y Barcelona. Allí están, entre otros, Adrián Mateos —el mejor del mundo— y Leo Margets —la primera mujer en 30 años en clasificarse para la final del torneo más prestigioso, el Main Event de las World Series of Poker (WSOP)—, que la semana pasada se encontraron en una partida. Era televisada, pero no había dinero en juego, solo risas y poco más, envueltos entre famosos como el expiloto Jorge Lorenzo o el youtuber Spursito. Era el evento de Winamax, la marca que los patrocina. Ella, un torbellino de gestos y palabras, aparece antes por el Casino de Andorra. Él lo hace más tarde y, aunque apenas levanta la voz, le pega un puñetazo a un saco de boxeo que adorna el local, uno de esos que mide la fuerza. “No me he podido contener”, resuelve. Tras el abrazo entre ambos, ríen. “Siempre competitivo”, dice Leo. “Ya me conoces”, aclara Adrián. Pero su ajetreado día a día, para ellos ya rutinario, explica que no son solo jugadores, sino que son profesionales, una vida dedicada para pertenecer a la Champions de las cartas.



Susana vive en Ciudad Lineal, el distrito madrileño al que la mayoría de sus residentes les corresponde ser atendidos en el Hospital Ramón y Cajal, pero para el que no tienen un transporte público directo, siendo obligados a realizar varios transbordos en un trayecto que supera en muchas ocasiones los 60 minutos. Siempre ha padecido esta situación, aunque desde que es paciente oncológica, a raíz de ser diagnosticada de cáncer de cérvix, la sufre más. Todavía recuerda la odisea para recibir sus 72 sesiones de radioterapia. “El servicio de ambulancia funcionaba muy mal y tenía que montarme en el metro hasta poder subirme al autobús que me dejaba en el centro sanitario. Estaba inmunodeprimida en medio de una marea de gente”, recuerda la mujer de 43 años, que prefiere no ser identificada para afrontar su enfermedad con discreción. La situación no ha cambiado, pese a que el alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida, se comprometió a atajar el problema.


Uno de los libros más importantes de Manuel Vicent se titula A favor del placer, una divisa de todo lo que escribe o cuenta en este diario. En marzo Manuel Vicent cumple 90 años, y el festival de cine de Málaga lo celebra con el estreno de Mañana seré feliz, una película que es una conversación con el autor, dirigida por David Trueba y Luis Alegre. También se publica Detrás de la herida, en la editorial La Cama Sol que dirige Javier Santiso, un cuidado libro que recoge un centenar de columnas dominicales en las que Vicent despliega su prosa poética, acampañadas de obras del pintor Rafael Canogar. En esta entrevista, el autor de Tranvía a la Malvarrosa hace recuento de su relación con EL PAÍS, en el que escribe desde 1977, y con este país. No hay un renglón de su escritura que no haya sido una evocación del mundo que vive. En el caso de este diario, que este año celebra su 50º aniversario, jamás ha dejado de relacionarse con sus lectores desde que Juan Luis Cebrián le dijo que fuera a contar qué pasaba en las Cortes Constituyentes.


En dos segundos cambia todo para la protagonista cuando ve el condón en el suelo y que él sigue con la penetración. La cámara se fija sobre su mirada y en ese corto espacio de tiempo se concentra el miedo y la parálisis que no le permiten decodificar una infinidad de preguntas. La relación sexual sigue y los dos llegan al orgasmo. Pero todo ha cambiado para siempre. ¿Dónde está ese chico tan majo con el que ligó la noche anterior y que sí se dejó el condón hasta el final?


María Fasce (Buenos Aires, 1969) es escritora y editora en Alfaguara, Lumen y Reservoir Books. Su novela Las vidas de Elena (Almadía) sigue a una madre que se apoya en el arte para rehacer su vida tras la pérdida de su hija.
Queda un mes de invierno y el Atlético ha vuelto a estancarse en la peligrosa zona de confort del cuarto puesto con derecho a jugar la próxima Champions. A 13 puntos de la cabeza de la Liga y aferrado a la Copa como única vía de redención, al club y a su afición los ronda la tentación del conformismo a cambio de facturar lo presupuestado. Frente a la molicie no existe mejor conjura que la que propicia la visita del Brujas. Después del inquietante 3-3 de la ida el miércoles pasado, el equipo belga se presenta este martes en el Metropolitano (18.45 horas, Movistar) listo para alarmar a la hinchada y poner a prueba al Atlético en un momento desagradablemente crítico de la temporada. Si se queda fuera de los octavos de la Champions, el cuadro de Simeone se expone a la situación más temida por cualquier plantilla de grandes futbolistas. Con demasiadas pocas razones para luchar en lo que resta de viaje hasta mayo.
“No me gustan los cumpleaños ni los tiros libres”, contó Paolo Galbiati cuando el Baskonia derrotó al Barça en semifinales de la Copa y retó al Madrid en la primera final copera del equipo en 17 años. Pero el entrenador italiano no olvidará nunca su 42º aniversario. Fue el pasado viernes y entonces, después de que el conjunto vitoriano venciera a La Laguna Tenerife en cuartos, el técnico recibió en la cancha del Roig Arena una tarta de felicitación del alero letón Rodions Kurucs. Ahí se acabaron las celebraciones, y no solo porque a Galbiati, un hombre con la sonrisa pintada en la cara, no le gusten los cumpleaños, sino porque la fiesta aún estaba por llegar. En la cabeza y en el corazón del entrenador lombardo latía la idea de que el Baskonia, dos años fuera de la Copa, podía ser campeón en Valencia. A esa tarea se entregó en cuerpo y alma Galbiati, a la de convencer a sus muchachos de que podían tumbar primero al Barça y luego al Madrid. Y así fue, con un baloncesto lleno de fe y entrega y liderado por jugadores que se agigantaron: Forrest, Luwawu-Cabarrot, Diakité, Omoruyi… Y ahora sí, Kurucs cogió el domingo unos pedazos de tarta de chocolate y los restregó por la cara del jefe.
El guionista y productor noruego Thomas Torjussen comenzó a tomar notas sobre el misógino protagonista de su nueva serie, Un hombre mejor, en 2011. Fue justo después de la fatídica matanza de Utøya, en la que Anders Behring Breivik asesinó a tiros a 69 chicos en un campamento juvenil. En el manifiesto que había escrito el terrorista, encontró un tema recurrente: el odio al género femenino.