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Se ha viralizado oportunamente un fotograma del Osasuna-Real Madrid que muestra a Vinicius y a Mbappé en la misma posición del campo, con Güler dando vueltas sobre sí mismo con la pelota antes de que le estalle la cabeza, como si le hubiesen mojado los cables. Es una imagen formidable. Están los dos ahí parados esperando el autobús. Mbappé ocupando el carril de Vini y, Vini, detrás, mirando a Mbappé sin saber qué hacer. Por un momento parece que Vinicius Junior se va a ir al banderín del córner a ponerse a bailar. Yo es lo que hubiera hecho. Lo mismo así lo ve Mbappé, se va para allá a abrazarlo y a Güler lo acabamos sacando del campo con camisa de fuerza.

En un año potente para el cine español, los dos buques insignia, las dos películas que más aplausos se han llevado de la crítica y del público y que mejor recorrido han hecho en festivales, son también las que más nominaciones han logrado en la 40ª edición de los premios Goya. El próximo sábado en Barcelona, Los domingos (13 candidaturas), de Alauda Ruiz de Azúa, y Sirât (11), de Oliver Laxe, encaran un duelo que, visto el ex aequo de 2025, incluso podría acabar en empate.



“Entonces, ¿por dónde íbamos?”, dijo la estrella televisiva italiana Enzo Tortora cuando regresó de forma puntual a las pantallas en 1987, tras haber cumplido varios años de condena por un delito que no había cometido. Un trasunto de la frase atribuida a fray Luis de León, víctima de la Inquisición española, y a Miguel de Unamuno, exiliado durante la dictadura de Primo de Rivera, definió el calvario y la personalidad de un hombre que protagoniza Portobello, la miniserie de Marco Bellocchio que acaba de estrenar HBO Max.
Saher, palestino, sabe que cada vez que un grupo de judíos israelíes religiosos quiere visitar la Tumba de Yosef en su ciudad, Nablus, él va a pasar unas cuatro horas en la calle con su esposa y sus hijos, haga el tiempo que haga. Una entidad privada y un consejo de colonos organizan las excursiones en autobús, fuertemente protegidas por el ejército israelí y que suelen acabar en disturbios (a veces con víctimas mortales) con los jóvenes de la zona. Como el derecho de los fieles a rezar en la Tumba de Yosef (sobre la que no existe consenso arqueológico y que veneran varias religiones) importa mucho más que el de Saher a tener una vida normal, “entre 20 y 30 soldados” se plantan cada vez en su casa sin avisar, y los echan.

Un día el alcalde se cansó. Se cansó de llamar al Gobierno de Aragón, de escribir al Ministerio de Cultura, de insistir ante el obispado y de organizar colectas entre los 55 vecinos de Jabaloyas para tratar de salvar su iglesia. Había reparado el reloj y hasta había comprado de su bolsillo las luces para que el maltrecho campanario se viera bonito desde cualquier punto, pero no había respuesta para los pilares fracturados y las grietas en la piedra. Así que un día de enero se cansó de tocar puertas, metió sus cosas en una bolsa y se plantó en el Vaticano para ver al Papa.



Hace 20 años, en enero de 2005, decidí empezar a medir mi felicidad con el objetivo de analizar qué cosas me hacen más feliz y tratar de repetirlas. Cada noche, desde que tengo 18 años, apunto en un bloc de notas un número en una escala del 0 al 10 que representa cómo me he sentido ese día; 0 representa el peor día posible, 10 el mejor y 5 un día normal. Hoy tengo 39 años, y sigo haciéndolo. Junto a esa cifra, escribo también un diario en el que anoto qué he hecho, con quién he estado o qué he sentido, para poder saber qué se repite los días en que estoy bien y qué afecta más a mis días malos. Hace un tiempo, en un artículo en este periódico, publiqué algunos de los hallazgos de este proyecto. Pero en aquel artículo dejé fuera uno de los hallazgos más importantes sobre la felicidad, que en los tiempos que corren ha acabado tomando una relevancia que no esperaba.
Tú puedes ser lo que te propongas en la vida, reza una de las frases motivacionales más utilizadas. Pero no. Una persona puede proponerse, por ejemplo, ser Michael Jordan, y por mucho interés que le ponga será bastante difícil que lo consiga. No dispondrá de la alineación de virtudes —altura, agilidad, potencia o carácter— necesaria para convertirse en uno de los mejores deportistas de todos los tiempos. Cada deporte tiene al menos un factor físico diferencial -no entraremos aquí en cuestiones económicas, que también son importantes- que abre o cierra las puertas de la élite. En el caso del baloncesto, es la altura. Porque hay que entrar en esa pista de 28 metros de largo por 15 de ancho y verse rodeado de cuerpos que, tanto en la NBA como en la ACB, rondan los 1,99 metros de media. Y ahora, por un segundo, imaginarse entrando a canasta y encontrarse de frente con esos mismos cuerpos con los brazos extendidos para tapar una posible canasta.
Con una gala capitaneada por la bailaora local Manuela Carpio, comenzó el pasado viernes la XXX edición del Festival de Jerez, un evento dedicado al baile flamenco y a la danza clásica española, que se extenderá hasta el 7 de marzo con más de 40 representaciones. En el arranque del evento, destacan los espectáculos de dos formaciones, privadas ambas —el Nuevo Ballet Español (NBE) y Estévez/Paños y Compañía—, con obras en las que el baile y las coreografías grupales son protagonistas como vehículos expresivos de las historias que las inspiran, algo que no es nuevo desde el nacimiento de la danza-teatro flamenca, pero cuyo ejercicio es siempre admirable.
Según la celebrada frase del novelista L. P. Hartley, “el pasado es un país extranjero, allí hacen las cosas de una forma diferente”. Lo he recordado mientras devoraba un libro voluminoso, El cante después del cante (La Droguería Music), de Chemi López. Lleva el subtítulo La era acústica 1878-1926 y es un estudio pormenorizado de las grabaciones de flamenco; funciona igualmente como fascinante panorámica del despegue de la industria discográfica española. Conviene matizar lo de “discográfica”: todo comenzó con los cilindros del inventor Thomas Alva Edison, luego superado por las placas (con una o dos caras grabadas) de Emile Berliner.
Los tiempos —ya lejanos— del documental egotista me pillaron en la carrera. Gustaban mucho y ganaban muchos premios aquellos productos de Michael Moore en los que no importaba el tema a tratar, el protagonista era Michael Moore. Salió en 2004 el documental Super Size Me, donde el difunto Morgan Spurlock hacía el experimento de hacer tres comidas al día en el McDonald’s durante 30 días para demostrar que la comida rápida engorda. Por increíble que pueda parecer, un documental con semejante tesis ganó premios importantes y fue nominado a otros tantos, por no mencionar las ganancias de una película que había costado 65.000 dólares.