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Leer libera la mente, nos ayuda a desconectar de ese estilo de vida frenético en el que vivimos y nos transporta a mundos que, aunque no se puedan ver o tocar, existen a través de cada palabra escrita. En definitiva, es una de esas actividades que podrían volver a ganar más protagonismo frente a otras en las que consumimos el tiempo sin hacer nada productivo.




Las noches de Champions son momentos especiales dentro del universo fútbol. Y, sobre todo, cuando los duelos europeos más esperados se dan cita ante el televisor. Algo que ocurrirá el próximo miércoles, 28 de enero, en Movistar Plus+, donde se enfrentan dos equipos de dilatada trayectoria, como son el Benfica y el Real Madrid. Formas de ver el fútbol distintas, jugadores de diferentes estilos y entrenadores con ganas de cerrar la última jornada de esta fase inicial de la actual Copa de Europa con una victoria incontestable. Un enfrentamiento deportivo que, por supuesto, se podrá seguir en Movistar Plus+, así como otros muchos contenidos del mismo formato y de otras categorías a un precio muy competitivo: por menos de 10 euros al mes y sin ningún tipo de permanencia.



Ha hecho una de las películas más controvertidas (en el mejor sentido posible) del año que acaba de irse. En Los domingos, que ha logrado 13 nominaciones a los Goya (incluida la de mejor directora), Alauda Ruiz de Azúa (Barakaldo, 1978) se atreve a preguntarse qué pasa en la cabeza de una adolescente que decide meterse a monja. Pero es que antes osó a reconstruir el mundo de una familia marcada por un padre maltratador psicológico; y antes, se arriesgó a ponerse en la piel de una madre primeriza que de pronto no tiene que cuidar solo a su hijo, sino también a su propia progenitora: “A mí no me interesa el cine que te deja un marco de conversación muy restringido, donde simplemente puedes estar a favor o en contra de algo”. Quizá por eso, está llamada a ser una de las directoras españolas más importantes de nuestro tiempo.
El Mezquital no es un barrio y tampoco una colonia. Surgió como tal, pero ahora es una superposición abigarrada de viviendas grises y techos de lámina en las afueras de Ciudad de Guatemala. Desde aquí, los edificios de la capital se ven a lo lejos como lucecitas, tan inalcanzables como las zonas ajardinadas, los centros comerciales o los centros de salud. Los viejos school bus amarillos irrumpen ruidosos y humeantes por la calle principal, con vecinos silenciosos que viajan con el teléfono móvil escondido. De aquí salieron las pandillas Barrio 18 y Salvatrucha, que han puesto en jaque al país y al Gobierno de Bernardo Arévalo, que ha declarado el estado de sitio. Aunque el decreto cumplió este domingo una semana en vigor, en las calles de El Mezquital solo aplican las viejas leyes de siempre: “Ver, oír y callar”.

La salida de vía de un tren de alta velocidad de la operadora Iryo (6189 Málaga-Madrid) el pasado domingo, invadiendo el gálibo de la contraria (vía 2) a las 19.43 horas, deja algunas evidencias y muchas incógnitas, que tratan ahora de despejar los miembros de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF). El Alvia de Renfe (2384 Madrid-Huelva) que viajaba de frente no puede eludir de ningún modo el choque, nueve segundos después de que descarrilara el primer convoy, y salir despedido hacia un terraplén de cuatro metros de profundidad. El siniestro deja 45 víctimas y decenas de heridos.
Recuerda los minutos previos al accidente de tren, pero los que siguieron están en negro. Y cuando despertó, todo era una pesadilla. Todavía retiene en su memoria la película que estaba viendo en la pantalla de su móvil, mientras iba el pasado domingo en un asiento del tren Iryo destino a Madrid donde trabaja como funcionaria. Recuerda también las vibraciones que sintió, los saltos del asiento, el tambaleo. Después de eso, tan solo una consecución de imágenes sueltas que describe como terroríficas. Tras la colisión, perdió la conciencia. Cuando la recuperó, el coche estaba tumbado; y la ventanilla que había estado durante el trayecto pegada a su brazo izquierdo, estaba ahora en el techo. Rosa, que prefiere no dar su nombre real para preservar su privacidad, es una de las personas que continúan ingresadas en el Hospital Reina Sofía de Córdoba.
Guatemala atraviesa un momento en el que el Estado está siendo puesto a prueba no solo por la violencia criminal, sino por la fragilidad acumulada de sus propias instituciones. La oleada en enero de motines carcelarios y asesinatos de policías no es solo un desafío de seguridad: recuerda hasta qué punto la corrupción, la captura del sistema judicial y el abandono social han erosionado la autoridad pública durante décadas. El Gobierno de Bernardo Arévalo se enfrenta hoy a las pandillas, pero también a un país que heredó un Estado deliberadamente debilitado.
La historia, a veces, se repite por pura malicia. Por ejemplo, en 1898, Estados Unidos decidió ayudar a Cuba en su larga lucha para independizarse de España y ganó. Los cubanos se mostraron agradecidos, pero no fueron libres todavía. Las tropas norteamericanas controlaban la isla, y Estados Unidos se negó a retirarlas hasta que Cuba aceptara ocho condiciones que presentó el senador Orville Platt en 1901 al Congreso. Las cláusulas más importantes de la denominada Enmienda Platt estipulaban que Cuba debía arrendar terrenos a Estados Unidos por tiempo indefinido para que construyera bases navales (de ahí Guantánamo), que no podía firmar tratados con otros países y que EE UU se reservaba el derecho de intervenir militarmente en la isla, para proteger la independencia cubana o mantener un Gobierno estable, cosa que hizo en cuatro ocasiones hasta que, en 1934, se derogaron las humillantes condiciones (pero no el arrendamiento de Guantánamo). El secretario de Estado, Marco Rubio, hijo de exiliados cubanos, debe de saberse de memoria la Enmienda Platt: el texto quedó grabado en el corazón de todos los isleños, fomentó su ferviente nacionalismo y, durante décadas, contribuyó a que muchos de ellos estuvieran dispuestos a tolerar a Fidel Castro porque era quien se atrevía a desafiar a Estados Unidos.
El accidente de Adamuz nos ha conmocionado al recordar que debajo de las cifras se mueve o se paraliza la vida de muchas personas. Mientras aumentaba el número de fallecidos, hasta llegar al horror de los 45, veíamos las lágrimas de una madre que había perdido a su hijo, la conmoción de los hermanos que estaban a la espera de reconocer un cadáver o la tristeza que una pérdida puede producir en un barrio o en los compañeros de un centro de trabajo. Las vidas particulares afectan a muchas vidas y nos hacen tomar conciencia de la vulnerabilidad humana y de las responsabilidades. ¿Cuáles son las causas de este maldito accidente? Resulta difícil mirar para otro lado cuando el dolor se convierte en una pregunta que llueve sobre nosotros.