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En La conversación, esa extraordinaria película de Coppola, una pareja pasea por un parque cuando ella se detiene frente a un mendigo tirado en un banco y dice que cada vez que ve a alguien así no puede evitar pensar que fue un niño querido, alguien al que sus padres abrazaron, alguien que tuvo un lugar en el mundo. “Dónde están ahora sus padres, dónde está su familia”, se pregunta. A lo que el hombre responde que durante una huelga de prensa, en Nueva York, murieron de frío decenas de mendigos que solían cubrirse con periódicos. Pero lo dice como a efectos estadísticos.

“Los jóvenes no quieren ser jefes”, se lee con frecuencia en redes sociales y medios de comunicación, a menudo con intención de criticarlos, quizá, por su falta de ambición. Los miembros de la generación Z, pero también algunos mileniales, esgrimen que no les renta promocionar en sus empresas y asumir (más) responsabilidades porque la mejora salarial no compensa la carga mental que deberán enfrentar. Así, optan por mantenerse en sus puestos y no convertirse en jefes porque en sus actuales puestos tienen un horario y unas tareas con las que se sienten cómodos. Dicho de otro modo: tienen unas condiciones laborales compatibles con su vida personal. “Quiero llegar a casa y ver a mi hijo despierto”, argumentaba a este periódico una consultora que rechazó ascender en una Big Four hace unas semanas.

“Yo sé por lo pronto que no conseguiría respetar a un autor que utilizara los recursos de la inteligencia artificial en sus obras de imaginación”, escribió Juan Gabriel Vásquez en EL PAÍS hace unos días. Y ofreció sus razones: “La inteligencia artificial aprende a pasos agigantados, cierto, pero aprende siempre sobre la base de lo que ya existe; a menos que mucho me equivoque, ignora el accidente y el azar, que son rasgos de lo humano”. Casi al mismo tiempo, Samantha Schweblin declaró en estas mismas páginas: “La mejor ficción pega un salto hacia afuera, descubre algo nuevo, supera al autor. La inteligencia artificial puede ser más brillante, más rápida, estar mejor informada que nosotros, pero no es una inteligencia: es un lenguaje de predicciones. No hay manera de que dé un salto hacia afuera”. Y concluyó: “Dicho de otro modo: tiene todas las posibilidades para producir mala literatura”.
Madrid ha decidido cambiar sus planes urbanísticos. Nuevo objetivo: multiplicar la construcción de vivienda para 2027. ¿Pero cómo hacerlo sin contar con mucho más espacio? Fácil, responden desde el Consistorio: hacia arriba. Frente a este giro, como un recordatorio de cuál ha sido el plan durante las últimas décadas, se alza al norte de Madrid el barrio de Valdebebas. Conocido por el gran público por albergar la ciudad deportiva del Real Madrid desde comienzos de los 2000, fue levantado precisamente hace dos décadas, en plena resaca de la burbuja inmobiliaria, para crecer en horizontal con edificios blancos de altura media, amplias avenidas con zonas verdes y parques infantiles, y un parque forestal de casi 500 hectáreas que actúa como pulmón urbano. Allí viven ya más de 30.000 vecinos en un desarrollo pensado para alcanzar unos 40.000, con 14.000 viviendas repartidas en más de diez millones de metros cuadrados.


Una notícia entorn de la llengua crida de seguida l’atenció, tant pel seu contingut en si com per la personalitat a qui està enllaçada: la presidenta de l’Institut d’Estudis Catalans, Maria Teresa Cabré, ha fet saber que traslladarà a la Secció Filològica de l’entitat la proposta d’estudiar una denominació comuna per a la llengua, vistes les trifulgues endèmiques al voltant dels termes català i valencià i la temptació que tenen alguns, aprofitant aquesta designació plural, de convertir-les en llengües distintes. Només cal recordar que hi va haver una llumenera judicial que, prenent tots dos Estatuts d’autonomia de Catalunya i del País Valencià, els quals designen la llengua de maneres diferents, va sentenciar que les respectives Generalitats s’havien de comunicar entre si en castellà, no pas en català o valencià, “incluso aunque se admitiera sin matices que científicamente son lo mismo valenciano y catalán y no lenguas similares”. N’hi ha per alçar-se i aplaudir.
El president Salvador Illa reivindicó este jueves durante la Diada de Sant Jordi las políticas de su Ejecutivo en fomento del uso del catalán en un momento de recesión del idioma, como establecen todas las encuestas. El socialista siempre reivindica que ningún otro Gobierno catalán ha hecho tanto como el suyo en defensa de la lengua y en su discurso institucional citó las 50.000 nuevas plazas que el Govern ha creado para que las personas migrantes que accederán a la regularización puedan aprender las nociones básicas del catalán de forma voluntaria y obtener un certificado. La oposición discrepó y acusa al Govern de descuidar el idioma.
La decisión de la Denominación de Origen Guijuelo de inscribir una nueva figura de calidad entre sus productos ha reabierto la guerra entre los productores por acreditar la pureza racial o el verdadero jamón de bellota. Guijuelo promueve la Indicación Geográfica Protegida (IGP) Embutidos Guijuelo, una nueva categoría que incluiría al lomo, el lomito, el chorizo y el salchichón. Las otras tres Denominaciones de Origen (DOP) del jamón en España, las andaluzas de Jabugo y Los Pedroches, además de Dehesa de Extremadura, han puesto el grito en el cielo ante una medida que consideran que rompe las reglas del juego del sector. Estiman que no incluye la información exigida por la legislación española en materia de etiquetado, y que puede tener un coste elevado en forma de pérdida de consumidores.
Ángeles González-Sinde, que mamó las películas desde niña, hija de productor, guionista y director relevante del cine español de la Transición (José María González-Sinde, artífice junto a José Luis Garci de Asignatura pendiente, Las verdes praderas y Solos en la madrugada, y al mando de Viva la clase media, todas estupendas), se labró un prestigio como escritora para la gran pantalla a finales de los años noventa gracias, sobre todo, al libreto de la magnífica La buena estrella, de Ricardo Franco. Películas como Segunda piel, Lágrimas negras, Las razones de mis amigos y La puta y la ballena, además de su debut tras la cámara, la estimable La suerte dormida (con la que ganó el Goya a la mejor dirección novel), compartían el hecho de ser un cine adulto para adultos interesados en esos problemas sociales y emocionales tan arraigados en el interior del ser humano que podían destrozar vidas. Historias de aparente gente normal que no lo era tanto.
Dirección: Ángeles González-Sinde.
Intérpretes: Adriana Ozores, Darío Grandinetti, Christina Rosenvinge.
Género: drama. España, 2026.
Duración: 107 minutos.
Estreno: 24 de abril.
Las casas tienen memoria y tras sus muros, tabiques y paredes, en los pomos de las puertas, perviven las huellas y heridas de nuestro pasado. Es imposible contar la extraordinaria película alemana El sonido de la caída. Y no existe mayor cumplido: las palabras no sirven para atraparla. El segundo largometraje de Mascha Schilinski habla de niñas, muerte y memoria; de los fantasmas de una casa de campo llena de recovecos, hecha para perderse en el tiempo, el de cuatro generaciones de mujeres que han vivido a lo largo del siglo XX entre esas paredes.
Dirección: Mascha Schilinski.
Intérpretes: Hanna Heckt, Lena Urzendowsky, Laeni Geiseler, Susanne Wuest, Lea Drinda, Luise Heyer.
Género: drama. Alemania, 2025.
Duración: 149 minutos.
Estreno: 24 de abril.
En una secuencia de Zona 3, nueva película del director francés Cédric Jimenez, especialista en cine de acción, policiaco, político e histórico, desde el III Reich hasta el terrorismo islamista, ahora instalado en la ciencia ficción del inminente futuro, una policía detiene a un sospechoso tras una persecución y, ante las reticencias del presunto delincuente a dar una información, conecta con la central a través de sus auriculares de alta tecnología y dice: “¿Me pasan con la Comisión Penitenciaria de la Zona 1? Solicito un juicio inmediato por vídeo. Es para un encarcelamiento rápido”. En la realidad de la película, esos juicios aún no existen, es solo un farol. Pero el sospechoso se lo cree y claudica ante la amenaza. También el espectador del hoy, que sabe que cualquier gobernante fomentará esa posibilidad más pronto que tarde y que, gracias a la inteligencia artificial, ello será posible ciscándose en cualquier garantía judicial.
Dirección: Cédric Jimenez.
Intérpretes: Gilles Lellouche, Adèle Exarchopoulos, Romain Duris, Louis Garrel.
Género: ciencia ficción. Francia, 2025.
Duración: 100 minutos.
Estreno: 24 de abril.