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Hay momentos en que se tiene la tentación de desaparecer. Ir poco a poco yéndose, sin dejar mucho rastro, como si se pudieran descender unas escaleras y se llegara cada vez más abajo y fuera posible fundirse en la hierba del campo o en la tierra del jardín. Cada vez ser menos, más transparente, con poco peso ya en el mundo, como si fuera una maniobra de distracción para regresar más adelante, quizá, con nuevos bríos o con esperanza. Pero la sensación que manda es la de derrota, algo salió mal, algo se torció, toca la retirada, pero una retirada silenciosa, realmente no quedan fuerzas, cuanto me rodea se ha vuelto extraño y ya decir cualquier cosa es como tirar unas palabras sobre una mesa en la que los demás las ven con una distancia escéptica, como calderilla que ya nada aporta. Incluso alguien, en esas circunstancias, podría levantar la cabeza, estirar un brazo y señalar la puerta de salida. Se acabó.
“Ayer salí de una guardia tremendamente complicada en la UCI neonatal en la que trabajo”, cuenta Artur, un neonatólogo que lleva siete años trabajando en la sanidad pública. “Con dos prematuros extremos de 500-600 gramos a los que costó más de 10 horas estabilizar, a las 14 horas de trabajo yo estaba realmente agotado. Me pasé las tres últimas horas de la guardia pensando en la necesidad de que alguien con mejor capacidad mental llegase ya para cogerme el relevo y poder estabilizarlos”.
A la lingüista Emily M. Bender (Washington, 52 años) y la ingeniera, matemática y socióloga Alex Hanna (California del Sur, 40 años) les une un sentimiento mutuo: su “deseo de desinflar el bombo que se le está dando a la inteligencia artificial (IA)”. Así lo declaran en las primeras páginas de La estafa de la IA, que Paidós publica en España esta semana. El libro surgió como una respuesta a la continua exaltación de las capacidades y virtudes de la IA, a la que las autoras prefieren llamar “máquinas generadoras de contenidos sintéticos”.
Un nuevo estudio de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), que verá la luz en el número de marzo de la revista Biological Conservation, revela un declive drástico de las dos especies de galápagos autóctonos del Parque Nacional de Doñana. Tres décadas de seguimiento muestran que la sobreexplotación del acuífero y la degradación de las lagunas han reducido entre un 57% y un 74% sus poblaciones, en lo que los científicos consideran un “riesgo real de extinción local” si no se toman medidas urgentes.
Italia ha asestado un golpe importante al tráfico de residuos ilegales, sobre todo de desechos textiles. En el marco de la operación internacional JCO Demeter XI, impulsada por la Organización Mundial de Aduanas (OMA), se interceptaron un total de 1.176 toneladas de residuos textiles en 25 países, de las cuales más de 900 toneladas correspondieron a Italia. En el país transalpino, la Guardia de Finanza incautó principalmente tejidos que se intentaban exportar de forma fraudulenta como ropa de segunda mano hacia Asia y África. De las 1.030 toneladas interceptadas en Italia, aproximadamente 905 toneladas eran desechos textiles clasificados falsamente como ropa usada.
La muerte el pasado sábado de Quentin Deranque, un nacionalista de 23 años, tras ser agredido por activistas de extrema izquierda, ha puesto bajo escrutinio a La Francia Insumisa (LFI), el partido liderado por Jean-Luc Mélenchon, y también al movimiento Jeune Garde (Joven Guardia), vinculado a la formación política y al que pertenecían algunos de los detenidos.
Miles de obras de arte fueron separadas de sus dueños durante la Guerra Civil y la dictadura. Con el paso del tiempo, y del régimen, jamás regresaron. Acabaron en ministerios, museos, domicilios privados, universidades o a saber dónde. Se les perdió la pista, junto con la esperanza de recuperarlas. Hasta que la Ley de Memoria Democrática, en octubre de 2022, prometió llevarlas de vuelta a casa. Para eso, amplió la condición de víctima del franquismo a quienes “padecieron la represión económica con incautaciones y pérdida total o parcial de bienes […]”; reconoció “el derecho al resarcimiento”; garantizó que el Estado “promoverá las iniciativas necesarias para la investigación de las incautaciones”, incluidos una auditoría y un inventario; y se comprometió a implementar “las posibles vías de reconocimiento a los afectados”. El texto fijaba, como límite, un año. El Gobierno tenía prisa por entregar al fin respuestas, justicia y, con suerte, obras. Sin embargo, el plazo venció en octubre de 2023. Ha dado tiempo incluso a llegar al año en que se cumplen 90 del estallido de la guerra. Las víctimas, mientras, siguen esperando.

En 2019, un fuerte temporal marítimo desenterró un pecio del siglo IV d. C. a solo 65 metros de distancia de la playa de Ses Fontanelles (Mallorca). Así, a dos metros de profundidad, se hicieron visibles los restos de una embarcación de 12 metros de eslora y cinco de manga que transportaba en dos niveles 320 ánforas perfectamente conservadas. Seis años han tardado los arqueólogos en descubrir quiénes fletaron aquel barco que naufragó próximo a la costa balear, qué productos transportaba, de dónde partió y hasta cuánta gente participó en el etiquetado de los envases. El estudio Epigrafía anfórica del pecio tardorromano de Ses Fontanelles (Mallorca) califica el hallazgo de “extraordinario, pues nunca hasta ahora se había encontrado un pecio con el material in situ en un estado óptimo de conservación que ofreciera la posibilidad de estudiar el cargamento anfórico engranando múltiples piezas, que normalmente nos llegan fragmentadas y dispersas en los yacimientos subacuáticos”.



El cine brasileño disfrutó en los años sesenta de esa cosita tan vistosa pero también efímera llamada moda. Y recuerdo haberme sentido impresionado (todavía era sensible a las críticas de cine y al nacimiento continuo de cinematografías exóticas que iban a revolucionarlo todo) por Dios y el diablo en la tierra del sol. Por si acaso, no he vuelto a verla, admitiendo su exotismo y su militancia. También recuerdo haberme aburrido notablemente con otras. Y después, en los años setenta, ese país sufrió una dictadura, tan asquerosa y salvaje como todas ellas, y consecuentemente también prohibió el cine que intentara hablar del estado de las cosas. Pero no pudieron anular la maravillosa música que se creaba en ese país. Ahí estarán para siempre las canciones de Caetano Veloso, Vinicius de Moraes, Chico Buarque, Antônio Carlos Jobim.
Dirección: Kleber Mendonça Filho.
Intérpretes: Wagner Moura, Tánia Maria, Hermila Guedes Kaiony Venâncio, Udo Kier.
Género: drama. Brasil, 2025.
Duración: 161 minutos.
Estreno: 20 de febrero.
El fantasma de mi mujer, la nueva película de María Ripoll, es una comedia loca de enredos de cama e infidelidades que parte de buenas ideas pero no logra ir más allá de sus intenciones. Sin un colchón perfecto, propio de las grandes películas de este género, es difícil soportar el peso que implica la comedia disparatada. El reto es dar con el tono, ese intangible capaz de provocar carcajadas con la mezcla de gags excesivos y chistes rijosos.
Dirección: María Ripoll.
Intérpretes: Javier Rey, Loreto Mauleón, María Hervás, Macarena Gómez, Marcos Cáceres.
Género: comedia. España, 2026.
Duración: 95 minutos.
Estreno: 20 de febrero.