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Repiquetea la copa de cristal con sus uñas largas de guitarrista. A Yerai Cortés (Alicante, 30 años) le encanta la decoración del Botín, nos dicen al llegar. Tras ver los cochinillos y probar el jamón, propone quedarse a comer en el restaurante más antiguo de Madrid. No podrá. Una avalancha de turistas invade el local y antes de que adviertan la presencia de un real flamenco star salimos pitando a una terraza donde sirven nachos con queso naranja fosforito. Nada más reanudar la entrevista un músico itinerante se arranca con un tema de Los Panchos. “Solo falta que nos cague una paloma y acabemos todos abrazados”, bromea el músico. “Al menos hay sol”.
Todo empezó a orillas del Canal de la Mancha. John Gillard se recuerda con apenas 11 años recorriendo el sendero que se alejaba del mar y conducía, entre una marea de camisetas, bufandas y banderas azules y blancas, al sobrio y vetusto Goldstone Ground, en el corazón de la villa de Hove. En ese estadio centenario, destruido en 1997 y hoy sustituido por un centro comercial, disputaba sus partidos el Brighton & Hove Albion, las míticas gaviotas, orgullo de Sussex, el equipo de Gary Stevens y Gordon Smith.
Bogotá es un caos. Un caos delicioso y apasionante, pero caos, al fin y al cabo. Para empezar, hablamos de 1.776 kilómetros cuadrados de megalópolis (Madrid tiene 604 y Barcelona, 102), parcelada en 20 localidades (una especie de distritos), que se subdividen en 1.922 barrios. Tantos que ni siquiera los taxistas más avezados han oído hablar de algunos. En cuanto a población, las cifras oficiales suman casi ocho millones de habitantes. Las extraoficiales hablan de más de 12 millones.
A Silvia Abascal (Madrid, 47 años) la conocimos siendo casi una niña en la televisión de los noventa, cuando el país entero miraba los mismos canales y los rostros se volvían familiares al instante. Tres décadas después, su presencia evoca la constancia, el rigor y, como ella misma asegura, “el pico y la pala” de las mejores intérpretes. Se ha incorporado ahora a la nueva temporada de Entre tierras (Atresplayer), una de las series más vistas de los últimos años, con un personaje clave del que no quiere adelantar ningún detalle. Una discreción coherente con su forma de entender la profesión: “Cuanto más tiempo pasa, mayor es mi respeto por este oficio”.

Hay lugares de Ucrania a los que probablemente no podré regresar. Lugares que la guerra arrasó o que quedaron bajo ocupación rusa. Uno de esos lugares es la granja de Oleksander.



A tres días de que se cumpla un año del apagón que dejó sin suministro eléctrico a la península Ibérica, el próximo día 28, y para evitar la prescripción del plazo de un año para presentar cualquier reclamación económica por el incidente, muchas de las grandes compañías afectadas ya han tomado la primera medida. Concretamente, han enviado o estarían ultimando una carta formal (burofax) a todas o a algunas de las compañías a las que la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) abrió una veintena de expedientes sancionadores la semana pasada por supuestos incumplimientos de la Ley del Sector Eléctrico (LSE), algunos de los cuales, podrían derivar en una sanción ligada al suceso.
“Los audios han tenido un impacto demoledor. No podía no hacer lo que ha hecho”, asegura un ejecutivo del sector eléctrico a la vista de los expedientes incoados por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) sobre el apagón acaecido en España el pasado 28 de abril. Aunque en apariencia los 20 casos abiertos inicialmente -19 a instalaciones de las empresas y uno a Red Eléctrica (REE)- reparten las culpas, hay un señalamiento al operador de red, en tanto se le imputa una presunta infracción “muy grave”, mientras que el resto de actores tendrán que responder por actuaciones solo “graves”. La cuestión no es baladí. El primer escenario implica, según reza la ley del sector eléctrico, un incumplimiento de funciones que derivaron “en perjuicios al suministro”. El segundo incluye presuntas infracciones en las que “no concurren las circunstancias de riesgo de garantía del suministro o peligro o daño grave para las personas, bienes o medio ambiente”. Sin prejuzgar el desarrollo de los expedientes y su conclusión, la CNMC hace de origen una calificación preliminar que deja mejor parados a unos que a otros.

Hay libros que enseñan a preparar platos y otros que te acompañan en la vida. El gran libro de Angelita Alfaro (Libros Cúpula, 2026) pertenece a la segunda categoría: además de un recetario, es una forma de entender la cocina como un acto cotidiano cargado de memoria, amor y una cierta resistencia al paso del tiempo. Un archivo doméstico de sabores reconocibles como resultado de toda una vida dedicada a transmitir un conocimiento que aspira a ser tan útil como emocional. “La responsable de esto fue mi tía Virginia, que en paz descanse”, cuenta Angelita Alfaro (Cervera del Río Alhama, 1941). “Me dijo que con lo que yo sabía, por qué no hacía un libro… mi madre dijo ‘no, calla, calla’, pero yo le hice caso y mira, ¡ya llevo 26!”, ríe desde el otro lado del teléfono.


