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“Entonces, ¿por dónde íbamos?”, dijo la estrella televisiva italiana Enzo Tortora cuando regresó de forma puntual a las pantallas en 1987, tras haber cumplido varios años de condena por un delito que no había cometido. Un trasunto de la frase atribuida a fray Luis de León, víctima de la Inquisición española, y a Miguel de Unamuno, exiliado durante la dictadura de Primo de Rivera, definió el calvario y la personalidad de un hombre que protagoniza Portobello, la miniserie de Marco Bellocchio que acaba de estrenar HBO Max.
Saher, palestino, sabe que cada vez que un grupo de judíos israelíes religiosos quiere visitar la Tumba de Yosef en su ciudad, Nablus, él va a pasar unas cuatro horas en la calle con su esposa y sus hijos, haga el tiempo que haga. Una entidad privada y un consejo de colonos organizan las excursiones en autobús, fuertemente protegidas por el ejército israelí y que suelen acabar en disturbios (a veces con víctimas mortales) con los jóvenes de la zona. Como el derecho de los fieles a rezar en la Tumba de Yosef (sobre la que no existe consenso arqueológico y que veneran varias religiones) importa mucho más que el de Saher a tener una vida normal, “entre 20 y 30 soldados” se plantan cada vez en su casa sin avisar, y los echan.
La menor polarización y desafección política, y el rechazo al nacionalismo español y al neofranquismo son las claves que hacen de Euskadi una excepción en el creciente arraigo de la extrema derecha en España, según coinciden en señalar los expertos consultados. Los datos son elocuentes. Mientras Vox obtuvo un 12,4% de los votos en las elecciones generales de 2023, en Euskadi ese porcentaje bajaba al 2,9% y en las autonómicas quedaba en apenas el 2% con un 74,4% de los ciudadanos vascos que asegura que no les votará nunca. Lo señalan los profesores de la Universidad de Deusto Sonia Alonso y Matthias Scantamburlo en el libro La democracia en Euskadi (Editorial Dykinson), de próxima publicación.
M. A., directivo egipcio de 40 años, ya camina libre después de que la Audiencia Nacional haya decidido rechazar su extradición a Arabia Saudí. A. era contable del Grupo Saudí Bin Laden, una multinacional de la construcción y la gestión de activos que fundó, en 1931, el padre de Osama Bin Laden, cerebro de los atentados del 11-S en Estados Unidos. Las autoridades de Riad le acusan de haber colaborado en una operación fraudulenta que hizo perder al grupo, que cuenta con más de 100.000 empleados, el equivalente a unos 68 millones de euros. Pero la documentación remitida a España sobre el caso es muy deficiente y por esa razón el tribunal ha frustrado la entrega.
Hace 20 años, en enero de 2005, decidí empezar a medir mi felicidad con el objetivo de analizar qué cosas me hacen más feliz y tratar de repetirlas. Cada noche, desde que tengo 18 años, apunto en un bloc de notas un número en una escala del 0 al 10 que representa cómo me he sentido ese día; 0 representa el peor día posible, 10 el mejor y 5 un día normal. Hoy tengo 39 años, y sigo haciéndolo. Junto a esa cifra, escribo también un diario en el que anoto qué he hecho, con quién he estado o qué he sentido, para poder saber qué se repite los días en que estoy bien y qué afecta más a mis días malos. Hace un tiempo, en un artículo en este periódico, publiqué algunos de los hallazgos de este proyecto. Pero en aquel artículo dejé fuera uno de los hallazgos más importantes sobre la felicidad, que en los tiempos que corren ha acabado tomando una relevancia que no esperaba.
Con una gala capitaneada por la bailaora local Manuela Carpio, comenzó el pasado viernes la XXX edición del Festival de Jerez, un evento dedicado al baile flamenco y a la danza clásica española, que se extenderá hasta el 7 de marzo con más de 40 representaciones. En el arranque del evento, destacan los espectáculos de dos formaciones, privadas ambas —el Nuevo Ballet Español (NBE) y Estévez/Paños y Compañía—, con obras en las que el baile y las coreografías grupales son protagonistas como vehículos expresivos de las historias que las inspiran, algo que no es nuevo desde el nacimiento de la danza-teatro flamenca, pero cuyo ejercicio es siempre admirable.
Según la celebrada frase del novelista L. P. Hartley, “el pasado es un país extranjero, allí hacen las cosas de una forma diferente”. Lo he recordado mientras devoraba un libro voluminoso, El cante después del cante (La Droguería Music), de Chemi López. Lleva el subtítulo La era acústica 1878-1926 y es un estudio pormenorizado de las grabaciones de flamenco; funciona igualmente como fascinante panorámica del despegue de la industria discográfica española. Conviene matizar lo de “discográfica”: todo comenzó con los cilindros del inventor Thomas Alva Edison, luego superado por las placas (con una o dos caras grabadas) de Emile Berliner.
Los tiempos —ya lejanos— del documental egotista me pillaron en la carrera. Gustaban mucho y ganaban muchos premios aquellos productos de Michael Moore en los que no importaba el tema a tratar, el protagonista era Michael Moore. Salió en 2004 el documental Super Size Me, donde el difunto Morgan Spurlock hacía el experimento de hacer tres comidas al día en el McDonald’s durante 30 días para demostrar que la comida rápida engorda. Por increíble que pueda parecer, un documental con semejante tesis ganó premios importantes y fue nominado a otros tantos, por no mencionar las ganancias de una película que había costado 65.000 dólares.
Hoy toca hablar de uno de esos juegos pequeños que no pueden más que alegrar al espíritu que se topa con ellos. Se trata de Cairn, un videojuego de escalada desarrollado por el estudio francés The Game Bakers que hace realidad el sueño que Kojima tenía en el primer Death Stranding de hacer de construir un juego en torno a la mecánica del movimiento: si en el del japonés era caminar cargando paquetes, en Cairn se trata de escalar una montaña inmensa (el monte Kami) con cuidado y muy poquito a poco.

En octubre de 2023, Ana Morales (Madrid, 43 años) publicó en Vogue una historia en primera persona que se titulaba “Llevo tres años vistiendo (casi) igual y así se ha aligerado mi carga mental”. En el reportaje, la directora de belleza de la edición española de la conocida revista femenina contaba y analizaba con la ayuda de varios psicólogos cómo su decisión de simplificar su forma de vestir le había reportado mucho bienestar. Morales afirmaba que, con la simple decisión de llenar su armario de vestidos negros y básicos a juego, había conseguido reducir su ansiedad y la sensación de cansancio. La pieza fue muy leída en internet y muy comentada en redes. También fue la génesis de Estado civil: cansada (Roca), una guía práctica para luchar contra el agotamiento. “El libro surgió en un momento en el que yo estaba muy agotada. Quería indagar en el cansancio femenino, en los motivos que hay detrás y en los posibles remedios”, explica la periodista.

