Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
Dos años antes de que Lorca estrenara Bodas de sangre, una mujer ya había narrado aquella historia inspirada en el crimen de Níjar. Era Carmen de Burgos con Puñal de claveles, de 1931. Cada cual eligió su estilo y su desenlace, pero la materia prima era la misma. Hubo otra diferencia: cómo les trató la posteridad. El poeta granadino quedó inscrito en el canon. A ella le esperó el ostracismo.
David Serrano (Madrid, 50 años) no guarda rencor. Y explica muy bien qué pasó con su carrera cinematográfica, cómo pudo ser que un chaval de menos de 30 años escribiera dos taquillazos como El otro lado de la cama (2002) y Los dos lados de la cama (2005) y, entre medias, dirigiera y escribiera otra película que arrasó en las salas, Días de fútbol (2003); cómo el niño bonito del cine español acabó encontrando su senda profesional en el teatro, bien como director de obras potentes como Las amistades peligrosas, Los asquerosos, La venus de las pieles, El hombre almohada, Un tranvía llamado deseo o Pantaleón y las Visitadoras, bien como rey del musical con Billy Elliot, Grease, Matilda, Hoy no me puedo levantar, The Book of Mormon o Wicked. Y cómo, en giro curioso, estrena ahora la versión fílmica de Lapönia, espectáculo de teatro adaptado a la pantalla por Cristina Clemente y Marc Angelet (coescritores de la obra). Es decir, un encargo, que Serrano aceptó “con placer”.
Genio es una palabra demasiado manoseada. Se aplica sin venir a cuento a quienes no lo merecen. Pero en el caso de Manuel Chaves Nogales, sin embargo, se escatima. Si por tal entendemos al creador que inicia una senda por la que otros transitan, el escritor sevillano lo fue. Lo demostró al inventar el nuevo periodismo tres décadas antes de que se configurara este término en Estados Unidos para autores como Truman Capote o Tom Wolfe. Es curioso que la palabra sangre apareciera en dos de los títulos que identifican esa corriente: A sangre fría, en el caso del norteamericano, y A sangre y fuego, el conjunto de relatos con que el español, en plena Guerra Civil, marcó los pasos mediante los cuales aplicó radicalmente y con gran impacto al periodismo técnicas narrativas propias de la novela.
Dentro del año televisivo, abril es uno de los meses fuertes. Al cambio de trimestre se suma el hecho de que el 31 de mayo termina el periodo de elegibilidad para los premios Emmy. Las series que aspiren a algún galardón tienen que completar su emisión antes de esa fecha. Por eso, muchas plataformas y cadenas apuran el plazo, con el fin de que sus propuestas lleguen más frescas en la memoria de los votantes. Si se emiten semanalmente, deben comenzar en abril. Este mes vuelve Euphoria, que ya tiene nueve premios Emmy en su haber. Bronca, que en 2023 recibió ocho estatuillas, estrena segunda temporada. Llega, además, Margo tiene problemas de dinero, que aspira a colarse en las categorías de comedia. Y también Hacks con su última temporada.























España pondrá fin en junio a la vía que desde 2018 ha permitido a decenas de miles de venezolanos regularizar su situación casi automáticamente. El Gobierno dejará de conceder de forma sistemática permisos de residencia por razones humanitarias a este colectivo, cerrando así uno de los mecanismos más singulares —y menos discutidos— del asilo español. Tras años de debate interno sobre qué hacer con los venezolanos, que han llegado a copar el sistema, el Ejecutivo ha optado por devolverlos al canal ordinario que debe seguir cualquier inmigrante. La decisión se ha cristalizado en plena tramitación de la regulación extraordinaria de inmigrantes que está preparando el Gobierno tras un acuerdo alcanzado con Podemos, por la cual podrán acogerse a ella quienes acrediten estar en España antes del 31 de diciembre de 2025, carecer de antecedentes penales relevantes y haber permanecido en el país al menos cinco meses en el momento de la solicitud.
Si quedaba alguna duda entre la relación del nivel económico de un país y el grado de tristeza y depresión que domina en buena parte de sus producciones televisivas, la serie noruega Harry Hole la aclara y ratifica definitivamente.

En el Norte Global la caza dejó hace tiempo de ser una actividad de subsistencia para convertirse en una práctica de ocio, pero esa transformación no ha sido así en todo el mundo. En amplias zonas del planeta, la caza sigue siendo una actividad vinculada a la supervivencia. Particularmente en África Central conviven la caza deportiva de alto coste en reservas privadas con prácticas ilegales vinculadas al comercio de especies, y con otras formas tradicionales de caza que garantizan el consumo de carne en enormes extensiones donde la ganadería no existe, no es económicamente viable o no es suficiente para abastecer a las poblaciones.


Es imposible calcular cuántas películas o novelas existen sobre casas encantadas. El concepto sigue dando de sí: es tan simple, tan maleable y tan rico que el público, probablemente, no se cansará nunca. En Danza Macabra, el clásico ensayo de Stephen King sobre el miedo, narra una anécdota estupenda sobre cuando fue a ver Terror en Amityville (1979), uno de los ejemplos más famosos y taquilleros del género: mucha gente gritaba en el cine ante la visión de aquella casa que espantaba a una familia porque se oían voces, los cristales se rompían y un líquido viscoso surgía de los grifos y las paredes, pero una mujer detrás de él gemía de forma más pausada, íntima y trágica y en un momento dado susurró: “Imagínate las facturas”.



Nunca olvidaré mi primer ataque de ansiedad en un avión. Llegué corriendo al aeropuerto, a punto de perder el vuelo. Logré embarcar y, aún agitada, me senté. Después del despegue, miré por la ventanilla y una sensación de pánico me invadió: mi corazón se aceleró, me faltaba el aire, temblaba y sentí que estaba perdiendo el control. Sabía que era una crisis de ansiedad. Intenté distraerme con el celular, caminé por el pasillo…, la angustia seguía ahí. Con el paso de los minutos cedió, pero dejó sembrada la duda de si iba a regresar. Como periodista de viajes, vuelo dos o tres veces al mes, y pensé: si desarrollo miedo a subirme a un avión, sería como un panadero que le teme a su propio horno.